Los Magos: la nueva promesa de ‘El Estrellero’

Ph: Luciana Demichelis
Ph: Luciana Demichelis

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

Podrán hablar de magia o destino. Lo cierto es que Juan Irio (bajo, voz y coros), Lautaro Barceló (guitarra y voz), Gregorio Jáuregui (batería), Alejo Klimavicius (guitarra y voz) y Juan ‘Baro’ Latrubesse (teclados) hacen lo suyo para alimentar ese porvenir. Ellos conforman El Estrellero, una banda surgida del seno de las diagonales platenses que se abrió camino en distintos rincones del país, luego de haber sido convocada en el Festival BUE.

Tras un vertiginoso debut y el boom de Drama (2016), su primer álbum, se preparan para presentar en sociedad su segundo trabajo, Los Magos, de la mano del sello Pontaco. Allí, un cúmulo de 11 canciones conversan desde una fuerte apuesta estética, metafórica y política, a través de una encantadora fusión de rock, pop, psicodelia y baile, sin perder de vista el culto a la canción.

Desde Agendarte, hablamos con cuatro de los integrantes de esta banda referente en la ciudad que sigue alzándose al compás de grandes elogios.

¿Cómo surge la banda?

Juan: Yo quería grabar un disco solista y necesitaba un guitarrista. Era amigo de Lautaro y me gustaba lo que hacía, así que lo llamé. Grabamos y surgió la idea de hacer una banda entre los dos, y ahí fui cuando lo llamamos a Goyo. Él llamó a Alejo y después se incorporó Baro. Fue llamado tras llamado. Y eso es lo que dio origen: gente que quería juntarse a hacer música.

Gregorio: Claro, nos conocíamos y teníamos la necesidad de juntarnos a tocar.

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Ph: Manuel Cascallar

¿Por qué ‘El Estrellero’?

Lautaro: Escuché el nombre en una reunión familiar, cuando estaban hablando del personaje El Estrellero de Florentino Ameghino, aparentemente, emparentado con los chicos de Cabeza Flotante. Y me acuerdo que, cuando escuché ‘El Estrellero’, era una época en la que estábamos buscando nombre y tuve ese impulso de avisar.

Varios de los que estaban ahí me miraron y Mister, cantante de ‘Las Armas’ me dijo: “ahí tenés, el nombre de tu banda. Ese es el que estaban buscando”.

Hasta ese momento, no había habido ningún nombre que nos cerrara y habíamos tirado miles. Pero cuando llegó ‘El Estrellero’ fue un sí unánime.

En una nota de la revista Rolling Stone, Juan dijo que “debutar exorciza frustraciones pasadas”, ¿fue así?

J: A los que hacemos música y tocamos en bandas, lo que más nos gusta es salir a tocar en vivo, el contacto con la gente, poder mostrar las canciones. El día del ensayo nos despertamos contentos. El día de una fecha lo vivimos intensamente.

Pero cuando vos no tenés banda, te acabás de separar o no estás bien con lo que estás haciendo, está todo más oscuro, no estás con la energía puesta ahí.

Tocar con una banda nueva y ver que las cosas empiezan a ir bien, exorciza ese tipo de frustraciones. Viene por ahí la idea, de cómo sacás de adentro ese demonio que tiene el músico cuando no le están saliendo las cosas bien. Y no hablo de que te vaya a ver mucha gente, sino simplemente de disfrutar de poder tocar.

Ensayaron cinco meses y salieron a tocar a Pura Vida, ¿cómo fue eso?

G: En realidad, al principio éramos un trío nada más. Alejo se sumó un mes antes de la primera fecha. Fue todavía más extremo.

Alejo: Yo cuando entré sabía que tenía un mes para aprenderme las cosas y tocar.

J: Fue muy rápido.

L: Y encima ese show está grabado.

J: Sí, que durante un buen tiempo fue lo único que había de la banda. Al principio no tocábamos tanto. Sin embargo, la banda ya generaba un ‘runrun’ porque nos conocían a todos de otros grupos.

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Ph: Luciana Demichelis

¿Y qué les pasa cuando ven ese show de nuevo?

G: A mí me encanta, me agarra nostalgia.

J: Sí, hay temas inéditos… Ventanas, por ejemplo, o Casa Grande, que lo tocamos ese día y nunca más.

¿Cómo fue esa experiencia en el Festival BUE?

J: El disco llegó a la gente de la producción del festival y nos llamaron para tocar. Estuvo bueno, fue sorpresivo y al mismo tiempo fue raro, porque el disco recién había salido, la banda tenía dos o tres shows, todos en lugares muy chicos y para poca gente.

A partir de ahí la repercusión fue mucho mayor: notas en los diarios, más gente en los shows… De todas maneras, para nosotros, no deja de ser un hecho más en la historia de la banda. Pero para la gente que nos conoció ahí, marcó un antes y un después.

L: Nos cambió bastante la agenda. Teníamos pensado sacar un EP el año pasado y grabar otro disco este año. Y de repente empezaron a salir fechas, posibilidades de viajar, giras.Nosotros no terminamos de presentar un disco y ya sacamos otro. Por ejemplo: a Córdoba fuimos hace dos semanas a tocar por primera vez Drama… Entonces, quedaron un montón de cosas pendientes, pero tocaren ese festival sirvió para que hacer pie en ciudades y pueblos, más allá de lo que es La Plata y Buenos Aires.

Si tuviesen que encasillarse en un género, ¿cuál sería?

L: Música popular. Mezcla de rock, pop, bastante psicodelia también, canción y baile.

J: Algunos lo han definido como un viaje experimental a las profundidades de la canción. Y sí, nunca se abandona la canción. No somos una banda experimental.

L: Las canciones las hacemos circular por distintos lenguajes. Entonces, algunas las podés escuchar en un boliche y otras son de otro plano. Manejamos un espectro muy grande y apostamos a hacer canciones lindas, que nos gusten y eso hace que usemos diferentes y diversos lenguajes.

J: Sería como música popular, explosiva y fascinante (risas).

¿De qué va el disco nuevo y qué lo diferencia de Drama?

G: En cuestión sonora, este disco lo logramos mucho más. Tuvimos más tiempo para laburarlo y ya teníamos un recorrido conociéndonos como banda. Aumentamos la profesionalidad porque queríamos que sonara mejor.

L: La participación de todos fue más abundante y dimos más de sí. Sin embargo, para mí dialoga con el primero.

J: Hay un cambio también en la instrumentación. Cuando uno se junta a tocar por primera vez con alguien, arrastra un estilo de años atrás y se empieza a chocar. En el segundo disco, esos huecos están mejor trabajados, porque ya sabemos a dónde va cada uno. En Drama era jugar un poco con lo que el otro le daba y no había mucho tiempo, fue todo más espontáneo. Y Los Magos es un disco de trabajo en equipo full time.

A: Pero que no pierde la frescura.

 

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Sin embargo, en una nota calificaron Los Magos como un disco más oscuro…

A: Sí, lo dije yo (risas). Creo que todo depende el contexto, las relaciones, en cómo piensa uno, en las canciones que hace. Todo tiene que ver con cómo se siente uno. Yo creo que este no es un disco del Renacimiento, donde todo era luminoso, las mentes conectaban todas con todas y había un aire fresco, nuevo. No digo que el aire no esté, sino que la época no conlleva a que se pueda hacer algo así. A la vez, se busca salir de ese lugar con canciones más bailables y motivadoras, porque también es necesario.

J: Hay un par de referencias a reyes, a líderes; y eso siempre es un poco oscuro. Es un disco que habla mucho de la relación con el poder.

La tapa tiene una connotación fuerte, ¿qué quisieron mostrar?

J: Tiene que ver con la canción Corea Del Norte, que está hace un tiempo en la banda. La hizo Lauti hace referencia al líder.

L: Pero lo hace desde un lugar súper metafórico. No trata de ser una canción política, si bien el disco también tiene un lenguaje político. Justamente esa noción y ciertos símbolos nacieron desde la inocencia, a la hora de encontrarse con las canciones iniciales con las que construimos Los Magos. Nos dimos cuenta que estábamos manejando un lenguaje simbólico, hermético, con relación a mitos, a otras épocas, a oscurantismos. Entonces se empezó a armar un relato que después fue determinando la estética del disco. Y a la vez, dejamos un poco abierto a que cada uno saque sus propias conclusiones, porque no estamos plantando bandera ni tomando posición política, por más que la tengamos.

J: Sí, eso es fundamental. La tapa la hice yo. Y surgió el juego con ese país, empezamos a usar su estética en algunos flyers y decidimos ir por ese lado. Inicialmente, al líder le habíamos cambiado la cara. Era él, pero a la vez no. Cuando decidimos vendarle los ojos, el mensaje fue mucho más fuerte porque hay quienes lo interpretan como que está por ser ejecutado, o que es un líder ciego liderando a las masas.

Después se nos complicó para subirlo a algunas plataformas de streaming como Spotify, por tratarse de la imagen de una celebridad. Hicimos una tapa alternativa que está en Youtube, en la que el líder se reemplazó por un espejo y ahí el concepto es mucho más fuerte, porque uno no ve al líder sino que se ve a uno mismo.

También en el corte del disco aparece una mujer con los ojos vendados…

J: Sí, pero no causó ningún revuelo. El concepto también es fuerte, en tiempos donde si discute tanto el alcance del poder, la dominación de las masas, los medios de comunicación, el Ni Una Menos… las dos tapas son fuertes.

¿Por qué Los Magos?

J: Porque todo el disco habla de encantamiento, de fascinar y seguir a un líder. Cuando seguís a un líder, confiás en él así te esté llevando a su propio territorio. El mago es un poco eso, te vende un truco como real. Por eso dice: “caído en el charco de la magia”. Porque la magia es buenísima, pero no deja de ser un charco, un pantano donde vos crees estar en un lugar dorado, y sin embargo a veces no es tan así.

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Ph: Luciana Demichelis

¿Cuándo sale el disco a la venta y cuándo lo presentan en sociedad?

J: Sale en octubre, y el 27 de ese mes lo presentamos en Guajira.

¿Cómo piensan cerrar el año?

J: Vamos a tocar a fin de año en un festival en Mar del Plata, y planeamos un par de viajes a Capital, Juárez, Concordia y Corrientes. La idea es empezar el 2018 con todo.

Como parte de la escena local, ¿ustedes creen que existe un sonido platense?

A: Creo que puede haber una forma de pensar que venga a partir de la ciudad y toda la gente que está en ella.

G: No tiene sentido hablar de un sonido platense, porque muchas de las bandas están formadas por gente que nos es de acá. Incluso sería hasta denigrarlas, porque significaría que todas sonamos igual. En todo caso, diría que la ciudad tiene la habilidad de reunir gente de todos lados, por la Universidad, entonces sucede que hay muchas más bandas que en otros lados. Y todas son diferentes y buenas en su lugar.

L: Sí, es un concepto muy difícil de meterle contenido. Lo que sí me parece, es que todos nos incluimos a todos.

J: La Plata marca el rumbo del rock nacional por encima de un montón de otros lugares en Argentina, por la calidad de las bandas, el vuelo alto que tienen algunas letras y sus integrantes. Eso hace que se destaque por sobre otras localidades donde no es tan efervescente la movida.

Redes:

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El Estrellero- Facebook

El Estrellero – El Deseo De Fascinar- Single adelanto del disco

El Estrellero- Los Magos (Full Album)

 

“Es en los espacios culturales alternativos donde se mueve el mundillo”

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Juan Pablo Martin

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

Juan Pablo Martin es docente universitario y Licenciado en Artes Plásticas con orientación en grabado y arte impreso.

Su conexión y gusto por el arte data de su niñez. Incluso antes de adentrarse en el mundo académico, organizaba muestras propias.

Finalmente, eligió formarse y su experiencia y carácter inquieto lo llevaron a toparse con una importante falencia en el campo: la poca comunicación y relación entre los artistas. Así, asumió el compromiso de ocuparse y comenzó a trabajar desde distintos lugares en pos de brindarle un espacio a colegas y amigos para exponer sus producciones y también, para estrechar los vínculos. Ese proyecto se concretó de la mano de Ignacio Pastrana, dueño del restaurant platense Rimbaud. Juntos crearon Vernissage, un ciclo que un miércoles de cada mes nos invita a romper con la rutina de la semana, a tomar algo, a distendernos y a adentrarnos en un espacio 100% artístico.

¿Cómo nace la idea de hacer este ciclo en Rimbaud?

Siempre tuve una inquietud personal, más allá de la obra que hacía y movía. Estoy acostumbrado a moverme solo y entré a trabajar en la Secretaría de Cultura. Lo que siempre noté es que los artistas laburan y les cuesta relacionarse.

En mi caso, de chico, antes de empezar a estudiar ya pintaba y hacía y organizaba mis propias muestras. Cuando entré a la Facultad empecé a conocer a compañeras y compañeros y a armar grupos, entre ellos, Juan Topo Combi de Arte.

Lo de Rimbaud se dio porque soy muy amigo de uno de sus dueños, Ignacio Pastrana, y él me venía insistiendo en organizar algo para que el bar estuviera ocupado con arte, básicamente. Entonces, llegamos a un acuerdo: hacer una muestra por mes con dos artistas que generalmente no se conocen, como para generar otro vínculo más entre ellos y también entre el público.

¿Cómo es manejar un evento de estas características?

Desde el lugar, se encargan del mantenimiento, de la iluminación, de que todo esté apto para que el artista solamente venga a montar su obra. Y en lo que respecta a la difusión y la gráfica, nos encargamos nosotros. El día de la inauguración tenemos dos horas de tragos y de tapas que pone el lugar. Por mi parte, además de gestionar toda la movida de los artistas, conseguí varios sponsors amigos que colaboran. La idea es que el artista se pueda llevar algo, aunque sea simbólico. Así que tienen como si fuese un “caché” para ellos cada vez que exponen.

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¿Cómo decidiste comprometerte desde tu lugar como artista?

Yo quería brindar al artista esas cosas mínimas que uno quiere tener cuando expone. Entonces la idea era que, entre todos, podamos colaborar y que el artista se sienta cómodo, el público también, los sponsors; que todos se lleven algo.

¿Y cómo organizan la convocatoria a artistas?

Lo organizo yo a través de Facebook. Lanzo una convocatoria en febrero y el material se envía a la casilla de correo de la galería.

Me encargo de hacer la curaduría de lo que veo que puede llegar a estar, teniendo en cuenta el espacio, el lugar; y después voy llamando a los participantes.

Trabajo de esto hace años y estoy metido en el ambiente, y como conozco bastante gente voy viendo quién puede ir con quien.

¿Y qué criterio tomás para juntarlos y convocarlos?

Trato de que no influya el gusto personal (risas).

Claro, vas por la objetividad…

Exacto. Igual tengo un gusto bastante amplio y comprensivo. Si bien me encanta tener artistas favoritos, también reconozco la obra de un montón de otros y me gusta que así sea.

Primero, es importante que no se conozcan, por el hecho de abrir un poco la jugada. Después, evalúo si son dibujos, pinturas, si entre ellos pueden relacionarse con la temática, con la estética, con los colores o con el dibujo. Voy uniéndolos un poco, de esa manera.

¿Con cuánto tiempo de anticipación trabajás?

En marzo ya tenía todo el año cubierto con 20 artistas. Entonces les voy avisando con tiempo, para ver si quieren laburar juntos.

Este ciclo se llama Vernissage, ¿por qué ese nombre? ¿Qué significa?

Vernissage es una palabra francesa que se usa históricamente para referirse a las inauguraciones. Un vernissage quería decir eso: que había algo para picar, algo para tomar.

Yo no lo pensaba, pero cuando le pedí al Nacho que tenía que haber un vernissage el día de la inauguración, se lo exigí (risas). A él le gustó la palabra, a mí también y bueno… quedó. Y eso va acompañado por un número. Por ejemplo, el que pasó hace una semana fue el Vernissage número 13.

 

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¿Cuándo es la cita?

 Generalmente, los segundos miércoles de cada mes. De 18.30 a 20.30 y después se sigue. Está pensado como un día bisagra a mitad de semana, donde podés tomarte un trago o quedarte a comer. Sólo frenamos en vacaciones de verano.

¿Tienen pensado implementar alguna novedad para las próximas ediciones?

Para el número 10 convocamos a un grupo de fotógrafos estenopeicos, que utilizan la téncina arcaica de la caja y el papel que se revela. Organizamos las dos paredes para todo ese grupo. Lo hicimos un sábado, a partir de las 00.30 y se hizo fiesta: dj, movida. Estuvo bueno.

Como un festejo por los diez meses…

Claro. Y también sirvió a modo de búsqueda para ver qué otra cosa podíamos hacer u ofrecer. Tenemos ganas de repetirlo, pero todavía no sabemos.

20429899_1255889097873159_1194707920965529175_n¿Qué se viene para el próximo Vernisage?

Vienen dos colegas: Valentina Lublin y Valentino Tetamantti. Son profesores y artistas. Me habían pedido para exponer, porque son amigos, así que el criterio ahí es que trabajen un poco juntos. Eso va a ser el miércoles 20 de septiembre.

Si alguien quiere sumarse a formar parte del evento, ¿cómo puede contactarse con ustedes?

Tiene que mandar un  mail a galeriarimbaud@gmail.com. Siempre lanzamos la convocatoria a principio de año y se cierra. Pero si me mandan, yo los voy agendando.

¿Cómo ves la actividad artística en La Plata hoy?

Para mí, lugares para exponer no faltan, pero sí políticas culturales.  Y ahora mucho más que antes, cuando había gente que movía mucho más la rama. Entonces, se puede exponer pero también se clausuran lugares. Estamos en una nebulosa entre que se pueda o no hacer una cosa. Y pasa en los espacios que son alternativos, que están bárbaros y que es donde se mueve el mundillo en serio.

En cuanto a difusión, yo lo veo complejo. No porque no haya, sino porque hay mucha y te satura. Me llegan miles de eventos por semana y ni siquiera los miro ya. Entonces te terminás perdiendo cosas. Y, en cuanto a difusión que hacen ustedes, me parece que está bueno que suceda. No tengo muchas cosas vistas que se encarguen de hacerlo.

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Facebook Rimbaud

 

“Es un momento bisagra del cine. No sabemos para dónde está disparando”

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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José Ordoqui, Bianca Laurella y Magalí Iparraguirre

Son jóvenes y podría decirse que, en su mayoría, pertenecen o limitan con la “generación Z”. Pero a pesar de haber nacido en el auge del mundo digital, se asombran con las múltiples posibilidades que brindan las nuevas tecnologías para dedicarse a lo que más aman: el cine.

Estudiantes de la Facultad de Bellas Artes, saben lo que es no poseer todas las herramientas y elementos necesarios y, lejos significarse un obstáculo, lo vivencian como un desafío en la tarea de contar lo que se quiere con lo que se tiene a disposición.

Desde esta lógica, y en el marco de la asignatura Realización III, produjeron y filmaron ‘El Cuarto’, un corto de ficción que concursó en el Festival REC y que, tras ser seleccionado, será proyectado el viernes 25 a las 18.30 hs en el Colegio de Arquitectos emplazado en 10 entre 45 y 46. Como si esto fuera poco, el mes próximo será transmitido en TVU, el canal de la Universidad.

Desde Agendarte, tuvimos el gusto de conversar con tres de los integrantes de este gran equipo: Magalí Iparraguirre, Bianca Laurella y José Ordoqui. En esta nota, el detrás de escena.

¿Qué es ‘El cuarto’?

Bianca: Es un corto que realizamos para la materia de Realización III. Fue un proyecto que llevó varias etapas hasta que llegamos a ‘El Cuarto’. Tuvo otro nombre que hacía más alusión a lo que pasaba con las chicas y no a la habitación, que era lo que queríamos lograr: que la habitación estuviera como centro, ya que todo el corto transcurre ahí, a excepción del único exterior que hay; y porque los personajes se van transformando en base a eso.

Surge en el marco de una materia, ¿cómo fue?

Magalí: Sí. Fue el año pasado, para el trabajo final de Realización III. Trabajamos durante todo el año y fueron muchas etapas.

José: La mayoría de los trabajos de esa materia son trabajos más chicos, de prueba. Después está el trabajo central donde ponés todo el esfuerzo, porque justamente la idea de la materia es integrar todas las demás: sonido, iluminación, cámara. Todo lo que va alrededor de eso, lo aplicamos en el trabajo final: el corto.

B: También hay etapas de prueba de luces, de sonido, de planos, de montaje, de actrices.

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¿Hicieron un casting?

J: Sí. Era una de las consignas de la cátedra y nosotros nos lo tomamos muy en serio. Probamos con muchas parejas de protagonistas y nos esmeramos mucho en conseguir una que funcione. Eso nos re sirvió para darle importancia a cuestiones como la disponibilidad del actor y la actriz y acomodarse a eso, porque a veces te corre el tiempo, o la voluntad o el presupuesto.

B: Además, nosotros teníamos un guión pero no habíamos definido bien las características de los personajes. Por lo que, el día del casting nos dimos bastante libertad de poder caracterizar a los dos personajes, incluso los actores nos brindaron un montón de cosas de las que nos pudimos apropiar para hacerlo.

¿Y por qué ‘El Cuarto’? ¿Cómo se les ocurrió?

M: Salieron varias cosas para otra materia y terminamos eligiendo esa, que fue idea de Bianca Laurella, la directora. Nos re interesó y la empezamos a laburar.

J: Sí, y también partía un poco de la consigna autoimpuesta de complicarnos la vida (risas). Era un género que no habíamos hecho nunca y nos resultó complejo por muchas cosas. Además, la condición era que la mayoría del corto se desarrollara en una sola locación, entonces había que pensar cómo hacer para que tenga matices y no se caiga.

M: Es complicado que esté la atención todo el tiempo y creo que eso lo logramos bastante bien.

J: Fue un desafío entre el género y esa condición del espacio…

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¿Se encontraron con algún otro desafío?

B: Sí, el tema de las escenas de más acción, es decir, los golpes y ver cómo hacer que parezcan reales, pero que los actores no se lastimen, sumado a los movimientos de cámara…

J: Claro, hubo un entrenamiento también desde ese lado, para nosotros y para las actrices.

Ya tienen otros cortos hechos, pero decidieron presentar este, ¿por qué?

B: Creemos que es uno de los mejores que hemos hecho y nos gustaría que la gente lo reconozca.

M: Además, durante todo el proceso aprendimos un montón de cosas y creo que se ve.

J: Y porque cuando empezamos a pensar el proyecto, creíamos que íbamos a llegar a un lugar y después, en el camino y sumado a los desafíos con que nos fuimos enfrentando, eso se fue transformando.

¿Y qué sintieron, entre eso que para ustedes era ideal y el lugar al que llegaron?

J: Yo creo que arrimamos (risas). Y es genial ver al final ese proceso.

M: Después de verlo tantas veces, le empezás a encontrar cositas… Pero a pesar de eso, nos sigue gustando.

Y los mayores desafíos en el corto El Cuarto, además, del tema del género que no manejaban tanto, ¿qué encontraron?

M: Para mí es el trabajo con las actrices, más que nada las peleas, el tema del manejo de la cámara para filmar esas escenas, y el manejo de la luz en un espacio tan reducido…

¿Cuánto tiempo les llevó hacerlo?

B: El rodaje en sí fue un día y medio más o menos.

J: El tema es que hubo mucha jornada de casting… De previa y armado.

Entraron en el REC, ¿de qué va el festival y cómo fue?

B: El REC es un festival de universidades públicas que organiza la Facultad de Bellas Artes, del 22 al 26 de agosto. Se puede presentar cualquier corto y hay distintas categorías: ficción, documental, experimental, largometrajes. Hay una zona no competitiva que es de videoclips.

Nosotros nos inscribimos y hace unos días nos llegó el mail de que habíamos quedado.

M: Previamente, la llamaron a Bianca para hacerle una entrevista, porque lo van a pasar en TV Universidad, en un programa que se llama REC-Mirá Los Cortos que depende del mismo festival. Así que estamos ahí a la expectativa.

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¿Cómo viven el momento previo a la reproducción de su material en el festival y en el canal de la Universidad?

B: Con muchas expectativas. Calculo que los que ya vieron el corto son amigos y familiares, o algunos compañeros de la Facultad. Pero ahora vamos a tener la posibilidad de llegar a otras personas.

M: Y es ir más allá del ámbito universitario. Al menos en mi caso, es el primer corto que entra al REC o tiene esta “salida”.

J: Está bueno que haya espacios así. Uno pone esfuerzo, tiempo, plata. Después te queda el link en Youtube y lo subís a tu Facebook y ahí queda… Pero que haya una plataforma a donde podamos mandar material a distintos festivales, da como cierta visibilidad. Y no solo tiene que ver con el trabajo de uno y el “ego” de decir ‘quiero que todo el mundo vea mi corto y opine’, sino también de visibilizar el trabajo de compañeros, de conocerte con alguien que está en la misma, que labura en esto y con quien podés llegar a trabajar el día de mañana… Es decir, la interacción también es lo rico de sacar el corto. Más que de lo propio, también lo colectivo está bueno.

Y además, una cosa es que lo mire la familia, los amigos; y otra es la perspectiva que puede llegar a tener un colega.

M: Y… la crítica ayuda mucho. Es Interesante.

J: Hubo un corto que hicimos con un grupo de segundo año, que entró al REC y recuerdo haber ido a verlo y sentir esta sensación de ‘Ay, no es mi familia la que está mirando’ y ‘Esto no me lo están perdonando seguro, este sonido mal tampoco…’ (risas).

A partir de sus experiencias, ¿cómo ven la producción audiovisual platense?

B: Bastante buena. Yo he ido a ver Belisario, por ejemplo, que está en el planetario y me parece que siendo una producción platense, es excelente.

M: Dato de color: la voz la hace el señor Ordoqui. (risas)

J: Siempre hay una ebullición de cultura en La Plata. En el Cine Select también se están abriendo un montón de lugares que están geniales.

B: Igual que los chicos de Tangram que también hacen cosas que están “sarpadas”.

J: Sí, ellos entendieron muy bien la onda del internet como plataforma para difundir las cosas y lo manejan muy bien.

¿Qué herramientas sienten que les dio la Facultad? 

M: Creo que los desafíos son constantes, principalmente en lo que respecta al dinero.

B: No tenemos todas las herramientas (sonido, luces, etc.). Normalmente terminamos alquilando porque en la Facultad no hay la suficiente cantidad de equipos para toda la gente que estudia o, el día que los querés usar, está alquilado o no está en buen estado.

J: Hay todo un tema con la inversión. También hay una generación que ve y consume mucho, pero también hay como una democratización de los medios.

Si bien el laburo requiere una inversión de dinero considerable, creo que hoy en día la diferencia entre calidades y posibilidades en un equipo está más accesible para todos. De hecho, hay películas grandes que tienen mucho recorrido por festivales y las han filmado con celulares, por ejemplo. Y eso es algo que tenés en el bolsillo. Entonces también surgen desafíos a partir de la misma limitación que podemos tener desde lo técnico dentro de la Facultad. Va más allá de que los equipos no sean los mejores o echarle la culpa a la Facultad. Es también parte de un desafío de ‘qué podemos contar con las herramientas que tenemos’.

B: Claro. Conocemos las limitaciones y a partir de eso vemos cómo podemos arreglarnos.

J: Eso te entrena también para lo que debe ser el mundo laboral, para saber adaptarse rápido a las circunstancias.

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¿Qué es el cine para ustedes?

J: Para mí condensa un montón de artes en lo visual y en lo dramatúrgico, porque contamos historias. Es la relación entre esos ingredientes: el lenguaje visual, lo sonoro, lo dramatúrgico. Eso, para contar una historia, es genial.

Nosotros nos criamos con muchas pantallas y con Internet. Somos como espectadores más vivos. Ahora es un momento bisagra del cine y no sabemos para dónde está disparando, porque hay muchos medios, videos. Y siento que lo audiovisual, el cine, la televisión, los nuevos medios; son algo muy representativo de esta época.

El Cuarto

“La gran tarea del director es llevar al coreuta a su máximo nivel”

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

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Emiliano Linares

De pequeño, Emiliano Linares demostró llevar una condición innata entre manos. Atenta a eso, su madre lo inscribió en Niños Cantores de Córdoba, un colegio de doble escolaridad que promovía una educación orientada a la música, de Córdoba Capital.

Más tarde, el consejo de uno de sus directores de coro definiría la continuación de su destino. Fue por ese camino, donde Emiliano entendió que la música era el mundo en el que quería permanecer toda su vida.

Desde ese momento, su familia nunca dejó de alentarlo y acompañarlo. Y sin más, luego de terminar el secundario, el joven decidió viajar a La Plata para estudiar en la Facultad de Bellas Artes. Años más tarde, se graduó como Profesor Superior en Dirección Coral y Licenciado en Dirección Coral.

Así, Emiliano alcanzó un crecimiento tanto a nivel personal como profesional, y comenzó a dirigir varios coros. Más tarde, viajó a Francia para seguir formándose. Cautivado por la experiencia y cargado de nuevas ideas, regresó a la ciudad y fundó Tous Ensemble, un grupo vocal de cámara distinguido en la ciudad de La Plata y reconocido a nivel mundial, que ha sido galardonado en diversos certámenes a lo largo de su historia.

Desde Agendarte conversamos con el maestro Emiliano Linares, un hombre que lleva la música dentro de sí y que no podría concebirse de otra manera.

¿Cuándo empezaste a tomar contacto con el mundo de la música?

 Yo vengo de un colegio que se llama Niños Cantores de Córdoba, es una escuela de doble escolaridad, donde solo podés ingresar en jardín o en primer grado. Toda la educación ahí, tanto la inicial como la media, está orientada a música. Mi mamá veía que yo tenía condiciones para el canto, entonces me empezó a llevar ahí.

De hecho, podría contar innumerables anécdotas porque desde muy chiquito cantaba, me llevaban a recitales y a conciertos. Y mis hermanas, que también hacían un poco de madres, me acompañaban, me guiaban y orientaban para eso.

Además, he cantado en los Festivales de Folklore en La Cumbre, en Cosquín y en Jesús María. Y también me mandaban a una academia de barrio a aprender guitarra.

Tengo mucha influencia familiar y un acercamiento grande al folklore.

¿Dentro de tu familia hay músicos?

Claro, mis papás no son músicos de profesión, pero siempre les gustó mucho y han cantado en coros.

Mi abuela materna cantó en coros toda su vida en la ciudad de San Juan. Así que desde ahí que viene toda la influencia. Recibí un fuerte apoyo desde la familia, y yo continué para hacer la carrera como profesión.

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Emiliano Linares. Ph: Mainoldi Gonzalo

¿Cómo decidís venir a estudiar a La Plata?

Me decido a venir a estudiar a La Plata por mi director del coro juvenil, Hugo César De La Vega. Él es muy reconocido en el ambiente coral en Argentina y, sobretodo, por la música popular. Es un gran arreglador y fue el fundador del Grupo Azul.

A mí me interesaba ser director de orquesta o de coros, entonces le consulté a él y me dijo: ‘Para eso tenés que irte a La Plata’. Y era cierto, porque después de 20 años que me vine a vivir a La Plata puedo decirte que en ese entonces, el único lugar de privilegio y renombre a nivel institución y formación académica, era la Universidad Nacional de La Plata. Salvo que tuvieses la posibilidad de viajar al exterior.

Y estudiaste el profesorado y la Licenciatura en Dirección Coral, pero también hiciste algo de Dirección Orquestal.

Sí, cursé, terminé todas las materias de Dirección Orquestal. Me quedan cuatro materias nada más. Tengo las troncales hechas.

¿Hiciste cursos por fuera de la Facultad de Bellas Artes?

Sí, he tenido la suerte de viajar y estudiar en Francia, por ejemplo, en Metz, en el año 2007. Es una ciudad muy linda y ahí estudié, hice clases de Dirección Coral con un maestro que se llamaba Florent Stroesser. Y ya después, sin haberme recibido, rendí un concurso para integrar el Coro Nacional de Jóvenes dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación. Ahí quedé y actualmente continúo.

Gracias a ese trabajo, he tenido la posibilidad de ver muchísimos maestros que venían de Europa y de Norteamérica y todos los grandes que tenemos en Argentina. Entonces era una constante motivación para seguir aprendiendo.

¿Cómo nace Tous Ensemble?

Es el último de los coros que creé. Actualmente, también dirijo el Coro Fénix del Hospital de Niños Sor María Ludovica, que lo fundé en 2002; y el Coro de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, con el que empecé al año siguiente. También dirijo el coro Musiké, que lo heredé del maestro Andrés Bugalloen el año 2013.

En el año 2007, luego de este primer viaje que hice a Europa, vine con ganas de crear un coro que me exigiera más análisis, investigación y en donde poder hacer más hincapié en lo estudiado en la Facultad. Además, también poder recopilar un repertorio diferente del que utilizan muchas otras formaciones. Así, en marzo de 2008, cree Tous Ensemble.

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Tous Esemble. Ph: Mainoldi Gonzalo

¿Por qué Tous Ensemble?

 Tous Ensemble, en francés significa ‘Todos Juntos’. Yo era alumno de la Alianza Francesa, estudiaba el idioma ahí; y se me ocurrió pedir el espacio físico del Salón Auditorio. Me lo prestaron, pero a cambio, me pidieron auspiciar los programas del concierto o que cada tanto se cantase un repertorio en ese idioma.

Al poco tiempo, no pudimos ensayar más ahí y cambiamos de lugar, pero el coro siempre conservó ese nombre.

¿Qué repertorio hacen?

En su mayoría, hacemos música académica, no solamente ligada a lo religioso y litúrgico, sino también, obras de repertorio universal consideradas como músicas más eruditas. Y nuestra particularidad es que no hacemos arreglos corales, sino obras que ya fueron pensadas para que las interprete un coro.

¿Cuántas voces integran Tous Ensemble?

Generalmente, siempre hemos conservado un número de entre 30 y 35 personas aproximadamente. Y hacemos obras a ocho, diez, doce voces.

 

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¿Qué fechas se vienen?

El 16 de septiembre nos presentamos acá en la ciudad.

El 27 de octubre, vamos a cantar en una celebración de los 20 años del coro Vox Populi. El 29 de octubre, vamos a estar en la sala de la Usina del Arte, en La Boca; y luego, ya nos estarían quedando dos conciertos para diciembre, junto a la orquesta sinfónica de Berisso. Uno va a ser en esa localidad y otro, en el Sagrado Corazón de La Plata.

¿Cómo fue la experiencia de ir al Colón?

 Inolvidable. Es el sueño de cualquier músico o director de la gama de coro con formación en algo más académico. Es como el lugar máximo.

También viajaron…

 Sí, hicimos dos giras europeas: una en el año 2012, por España y Francia; y en el 2015 por Italia y España. Tenemos editados dos cd´s de música académica, que incluyen diversos autores desde el renacimiento hasta nuestros días, y otro que es de música popular argentina, con arreglos de varios compositores.

El año que viene se cumplen 10 años de vida de Tous Ensemble, ¿tenés pensada alguna celebración?

Por lo pronto, hacer un gran festejo e invitar a todos los que formaron parte del grupo en alguno de estos 10 años, que serían 80 integrantes aproximadamente. Es un coro que no tiene recambio en el año en curso. Para poder completar la programación, yo les pido y exijo que participen de marzo a diciembre, por lo menos. Si quiere estar más, mejor aún para que se vean los logros. El coro nos tiene que servir a todos: a mí para seguir formándome, y sobre todo a ellos para seguir formándose.

¿Cómo es tu rol como Director?

Difícil. Siempre hay una discusión, en el buen sentido de la palabra, porque mucha gente busca en los coros un espacio para pertenecer a un grupo; que podría ser un grupo deportivo o lo que fuere. Entonces se genera una contraposición entre los coreutas que lo toman como un hobby, y el director que va a hacer su trabajo. Después hay muchos que van porque realmente les encanta y les interesa el canto grupal y coral.

La gran tarea del director es tratar de llevar al coreuta a su máximo nivel. Yo trabajo a cada uno de los coros como si fuese el más profesional. Y quizás, ese coreuta no se da cuenta cuánto avanza, pero uno que recuerda desde el inicio, sí lo ve.

¿Con qué requisitos debe cumplir quien quiera ingresar?

 En otro momento de mi vida, eran otros los requisitos que pedía: gente musical, que cante bien. Hoy en día pienso todo al revés. Busco que tengan mucho compromiso con la actividad, con el grupo, que sus aportes sean positivos.

Y si es músico, mejor, bienvenido, porque les servirá también.

¿Cómo ves hoy la actividad coral en La Plata?

Veo que se ha acrecentado muchísimo. Puedo hablar por mis propias experiencias: hace 20 años que llegué a la ciudad y he crecido mucho como persona, como músico. Veo que ha habido un crecimiento en general, pero más en cantidad, que en calidad de coros. Siempre hay coros que marcan una cierta diferencia y después hay una brecha para los que siguen.

Yo soy de la época de la dictadura militar, de sus últimos años, y he tenido charlas con otros directores. En ese momento casi se les interrumpió de pronto su profesión porque justamente se buscaba disolver los grupos. Entonces, en esa época desaparecieron muchísimos coros. Con la vuelta a la democracia, se empezaron a autoconvocar nuevamente. Y hablando del año `98 al 2018 que está por llegar, creo que hay muchísimos coros en la ciudad de La Plata.

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Emiliano Linares. Ph: Mainoldi Gonzalo

¿Qué soñás a futuro?

Creo que todos los sueños que me he ido proponiendo, se fueron cumpliendo. Y hablo más allá de lo musical, sino en lo actitudinal, en mi persona. Siempre trato de ir logrando objetivos y cometidos.

Lo que me sucede en los grupos que dirijo es que, los coreutas en general, tienen como objetivo hacer un viaje. Para mí, la felicidad está en tener al coro reunido en cada ensayo, para poder seguir avanzando, trabajando, puliendo. En base a ese objetivo van llegando los otros: grabar un cd, salir de gira, hacer un viaje. Por supuesto que todo eso va haciendo un crecimiento amplio, pero yo soy como un obsesivo del trabajo y la gente lo sabe.

Hoy proyecto seguir con la misma línea de trabajo que vengo haciendo. Cantar en el Teatro Argentino sería una linda oportunidad para repetir el concierto que hicimos en el Teatro Colón.

¿Qué es la música para vos hoy y qué representa?

Para mí hoy, antes y siempre, me parece que es una de las prioridades en mi vida. Es todo. Muchas veces me puse a fantasear con qué otra carrera estudiaría… y creo que es una de las únicas cosas que siento que no me sale, decir qué otra cosa hubiese sido, o hubiese querido ser. Naturalmente soy esto.

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“Formamos parte de una ola de movimiento dentro del rock platense”

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro  

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Nicolás Zuccarelli (representante); Pablo Martin (teclados y coros)

Si hay algo que define musicalmente a la ciudad de La Plata, es la Facultad de Bellas Artes. Ícono de nuestra actividad cultural y núcleo de congruencia entre artistas de distintas partes del país, esta institución dio vida a numerosos proyectos.

De esa simbiosis nace Parra Ultravioleta, una banda platense integrada por Mauro Bermeo (voz y guitarras), Pablo Martin (teclados y coros), Emmanuel Grisenti (bajo), Matías Tártaro (batería y percusión) y Facundo Gómez Saibene (guitarra y coros).

Con dos discos en su haber, Laberinto (2014) y Ultramar (2016), han demostrado una gran versatilidad musical haciendo confluir géneros como rock, pop, folklore y jazz. Con el afán de innovar y mostrarse de lo que son capaces, el grupo ya está trabajando el material de su próximo disco y nos adelantan algunos detalles en esta entrevista.

Desde Agendarte, hablamos con el músico Pablo Martín y con Nicolás Zuccarelli, representante de la banda, que nos contaron acerca de su pasado y sus proyectos, pero también de su presente, con una invitación a la 2da Edición del Ciclo Ultravioleta, que tendrá lugar el próximo viernes 18 de agosto en el establecimiento que los reunió y los vio nacer.

¿Cómo nace Parra Ultravioleta?

Pablo: Hace unos años, Mauro Bermeo, cantante y compositor de la banda, tenía un trío con el baterista. Después me incorporé yo. Nos fuimos conociendo y se fue generando una conexión, una confianza. El proyecto fue creciendo y sentimos la necesidad de incorporar más músicos y de ampliarnos.

Hubo bastantes cambios y formaciones provisorias. Y la realidad es que al principio, esta banda era una de las tantas formaciones posibles de la actividad musical de cada uno. Progresivamente, lo fuimos tomando más como un proyecto principal, por el hecho de que se mantenía e iba avanzando.

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¿Cómo se definen?

P: Probablemente es la pregunta más difícil. Nos parece que la esencia de la banda siempre es la canción, que siempre parte de la letra y de un mensaje poético. Pero cuando escuchás la banda hay un gran contrapunto, entre eso y la música más abstracta. Es decir, la elaboración propia de la música sin tener una conexión necesaria con el texto. Entonces está la canción, pero bastante condimentada por toda esta otra parte.

¿Cuáles son sus influencias?

P: La mayoría de la gente tiende a asociarnos inmediatamente con el Flaco Spinetta. Nosotros creemos que esa es una influencia que está en la superficie, porque en realidad son muchas otras cosas. Nosotros venimos de formaciones muy distintas. Yo toqué un montón de tiempo tango. Nuestro paso por la Facultad también nos da una formación que tiene que ver con música académica, con el manejo de distintos recursos.

Los Beatles, rock nacional, jazz, folklore… Es una gran combinación y, si bien algunas no se ven tanto, de alguna manera están y son parte del sabor particular que tiene la banda.

¿Se viene el tercer disco?

P: Sí. Todavía no sabemos en qué formato, ni de qué modo lo vamos a editar: si va a ser un video, por ejemplo. Lo estamos produciendo artística y musicalmente. Nos gusta ser ambiciosos en la propuesta.

Se trata de la reedición de un trabajo que hizo Mauro “el negro” Bermeo hace muchos años, musicalizando poemas de Daniel Favero, un poeta desaparecido que es su primo. Son unas canciones increíbles, por la carga poética y porque “el negro” tuvo una gran conexión en ese trabajo. Entonces esas canciones son como unas joyitas que están medio perdidas, que en su momento se grabaron de manera precaria, pero que son geniales. Por eso, después de Ultramar, que fue el último disco que editamos, decidimos abocarnos a aggiornar esa música, y a ponerle toda la carga extra y experiencia que tenemos como banda para generar un producto de alta calidad.

¿Para cuándo esperan lanzarlo?

P: Supongo que el año que viene. Pospusimos un poco su edición para poder estar conformes y dividir un poco el trabajo. Eso es algo que vamos aprendiendo.

El primer disco que hicimos, lo grabamos en un estudio en vivo, desde el minuto siguiente al que estuvimos más o menos conformes con las canciones. Y lo que salió está buenísimo, tiene energía, pero ahora estamos más adultos y sabemos pausar y esperar el momento.

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PH: Leo Vaca

¿Cómo es trabajar de manera independiente en La Plata?

Nicolás: Creo que siempre primó un ambiente de amistad y compañerismo sobre el equipo, que fue la base. También buena voluntad de parte de los que estábamos alrededor y aportamos desde donde podemos para dar una mejor terminación. Por eso no vimos la necesidad de casarnos con nadie.

¿Y eso fue una elección o se fue dando?

P: La búsqueda siempre fue artística, siempre parte desde la introspección, de componer una canción. La pretensión de formar parte de algún otro ámbito nunca estuvo desde el principio. La banda es como una especie de gueto en el cual somos todos muy amigos y trabajamos sacrificadamente. Desde nuestra naturaleza misma, no tendemos a buscar nada por fuera. Somos independientes por defecto, en algún punto.

Para estas últimas fechas, estamos trabajando con un equipo de gente. Ya no somos nosotros cinco que tenemos que ocuparnos de todo. Y ese núcleo se va ampliando de manera independiente y progresivamente. De a poquito va creciendo, pero seguimos siendo nosotros.

¿Y cómo nace el Ciclo Ultravioleta?

P: Nosotros cada vez queremos componer algo un poquito más grande. Entonces, de la misma manera en que en un principio íbamos al estudio a grabar inmediatamente, también hemos tocado un montón de veces espontáneamente. Y de golpe, el sonido no es el que la banda merecía, o la gente estaba hablando y no le interesaba escucharnos… Entonces nos dimos cuenta de que estábamos trabajando un montón de tiempo, componiendo, arreglando, estudiando cada uno como instrumentista para que después eso no se apreciara del todo.

Fue así como, este año, decidimos que queremos controlar cada variable del espectáculo: queremos que esté el mejor sonido, la mejor iluminación, que se aprecie lo que tocamos en todo el auditorio. Entonces, nace esta idea de tener un ciclo en el que siempre tocamos nosotros con distintos invitados.

N: Sí, es un sello de garantía el ciclo, o sea, al manejarlo nosotros damos por hecho de que va a sonar y va a tener todo lo que estamos planeando. No vamos a depender de alguien que maneje la situación.

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PH: Leo Vaca

¿Es un ciclo gratuito? ¿Por qué decidieron hacerlo de esa manera?

P: Que sea gratuito tiene que ver con una cuestión de contexto: a la gente se le hace cada vez más difícil pagar una entrada, pero nosotros queremos mantener la cultura viva y sabemos que La Plata es un lugar donde el rock es muy importante. Queremos que la gente disfrute show y que el lugar explote.

Tienen el apoyo igual de la Facultad de Bellas Artes, ¿no? Como lo hacen ahí…

P: Claro, en realidad es un poco tramposo en este caso porque es un ciclo dentro de un ciclo. O sea, la Facultad hace un ciclo que se llama ‘Uno por mes’, en el que brinda el auditorio para que cada banda haga lo que quiere.

Y nosotros aprovechamos ese lugar, del cual formamos parte porque somos profesores, y por eso elegimos la Facultad como uno de los lugares.

¿Qué se va a encontrar la gente en este ciclo? Una invitación

N: El ciclo va a ser el viernes 18 a las 20. Y hay que ser puntuales porque a las 20 comienza a sonar, ya que a determinada hora la Facultad cierra.

P: Además, un poco la definición es que es un espectáculo integral en el cual todo está muy cuidado, entonces desde el momento que lleguen va a haber música. Va a haber una persona que musicaliza, DJ J, y va a tocar Leticia Carelli.

Es decir, va a ser un show medio íntimo, y hay un concepto artístico que engloba todas las partes de espectáculo. Por supuesto, el plato fuerte somos nosotros que vamos a hacer un recorrido por los distintos discos: vamos a tocar temas del primero, del segundo y del futuro disco, entonces tendrá sus partes y tendrá dinámica el espectáculo.

En la primera edición hubo otros invitados, ¿siempre los seleccionan ustedes?

P: Sí, siempre. Buscamos ofrecerle a la gente alguna especie de novedad, entonces invitamos a un artista local, pero lo mostramos en una faceta en la cual no se presenta habitualmente.

Por ejemplo, Leti siempre toca con su banda, pero ahora va a ir solamente acompañada con un instrumentistas, pero más íntimo. La idea es que la gente vaya a ver a alguien que ya conoce, que conoce su música, pero que lo vea desnaturalizado, en otra situación.

¿Cómo ven la producción musical platense?

P: De música existen muchísimas cosas y muy buenas. Hay un montón de producción buena; y no solamente en ese género, en muchos otros también.

El movimiento artístico que hay en La Plata es enorme y lo que pasa muchas veces es una situación como de contagio. Nosotros en realidad somos una banda de bandas. Tenemos mucho contacto con los chicos de UMBRA. El año pasado hicimos una fecha importantes y arriesgada con Lucas Vanza, en la cual hicimos temas de otras bandas y uno todos juntos. Entonces eso genera como una especie movimiento artístico mayor. Nosotros formamos parte de una especie de ola, de ciclo, de movimiento dentro del rock platense, que no solo tiene que ver con el rock, sino con otros estilos de música.

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PH: Leo Vaca

¿Y respecto a los espacios?

P: Eso es un poco más complicado, se ha recrudecido la situación. Los lugares ponen más impedimentos o más dificultades para que la banda toque. Están pasando por la misma mala situación que todos. Nuestro ciclo también tiene que ver con elegir los lugares en los cuales se puede colaborar con el dueño del lugar y no ser abusado por el bolichero.

N: El ciclo es posible gracias a que existe un lugar que está de acuerdo con nuestra propuesta y es consciente de que no va a tener un ingreso de dinero por entradas directamente. Y mientras nos lo permitan lo vamos a seguir haciendo.

Página Web Parra Ultravioleta

Facebook Parra Ultravioleta

Evento 2da Edición del Ciclo Ultravioleta

IDEAR: una nueva edición de la expo platense

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

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María Belén Paoli, una de las creadoras de IDEAR

En el año 2015, cuatro mujeres se reunieron para crear una exposición inédita en la ciudad de las diagonales. Fusionando los conceptos de interiorismo, decoración y arquitectura nace IDEAR, con el fin de regalar a sus visitantes nuevas tendencias e inspirarlos con ideas para el hogar.

Cada año, IDEAR renueva locación y se propone ofrecer una tarde distinta a quien quiera disfrutar del trabajo de expositores y ambientadores pero también, de talleres, sorteos, arte y delicias gourmet.

Declarado de Interés Cultural por la Municipalidad de La Plata, este evento ya es una marca registrada en la ciudad, contribuyendo además con un aporte a la cultura, como un espacio de descubrimiento para los artistas.

Esta vez, el increíble predio de la Casa Nuestra Señora de Luján, en el corazón de Villa Elisa, tendrá el honor de ser la sede los días 19, 20 y 21 de agosto.

AgendArte tuvo el placer de conversar con María Belén Paoli, una de estas cuatro mujeres apasionadas y creativas que, con mucho compromiso, llevan adelante un proyecto que, sin dudas, apuesta a lo grande.

¿Qué es IDEAR?

IDEAR es una exposición donde se muestran las últimas tendencias en lo que es decoración, arquitectura, paisajismo e interiorismo. Se trata de una exposición, en donde los participantes tienen a disposición un espacio para ambientar.

¿Cuándo y cómo surge?

Surge en el año 2015, a raíz de todo el impulso que se le dio a la ‘deco’ en estos últimos años y porque veíamos que acá en la ciudad, no se ofrecía nada de este estilo. Entonces invité a Soledad Gómez de Saravia y a Celeste Gómez de Saravia, que tenían una consultora, y les comenté mi idea. Además, yo trabajo junto a Sofía Villanueva, que también se sumó a este proyecto. Así surgió IDEAR. Sus siglas vienen de la palabra interiorismo, decoración y arquitectura.

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Casa Ecléctica / PH: Marina Villanueva para Oquio Estudio

¿Cómo realizan la convocatoria de expositores?

Primero se invita a los que ya participaron en años anteriores y luego abrimos las puertas a los nuevos, publicando la convocatoria en las redes sociales. Ellos deben presentar un proyecto que nosotras evaluamos y partir del cual sugerimos cosas para utilizar siempre el mismo criterio. Si bien ninguna de nosotras es arquitecta o diseñadora, somos exigentes en el tema de la presentación del proyecto y tenemos un gusto por la decoración bastante estricto. Nos interesa saber qué es lo que se va a ofrecer.

Una vez que recibimos la aceptación de los participantes, hacemos un seguimiento exhaustivo en base a qué es lo que van a presentar, qué materiales van a utilizar, qué objetos, con qué van a trabajar, qué estilo van a implementar… Se trata de estudiar bien todo.

Por otro lado, ofrecemos es un Mercado Deco. Eso es en la parte externa y, a diferencia de los que están en el interior, ellos pueden comercializar los productos. En este caso también tratamos de que no se mezclen; que haya productos diferentes, ya sea textil, cerámica, lámparas. Lo mismo sucede con el Mercado de Sabores, y siempre buscamos que tengan que ver con el estilo de nuestra muestra.

Entonces es eso: convocar al público pensando en que todo el valor agregado que le damos a la exposición, debe estar muy cuidado.

¿Cómo fue la primera expo?

Cuando elegimos la locación dijimos: ‘esto es lo que va a tener que variar’. Es decir, que la propuesta de IDEAR en cuanto al lugar, es que sea nómade.

El primer lugar en donde la hicimos fue el Conservatorio Gilardo Gilardi, que es divino, pero fue muy difícil porque la logística no permitía hacer muchas cosas. Ellos tenían clases hasta el viernes. Armaron un día antes de la exposición y fue locura. Se montaron hasta baños con cerámicos, hicieron un loft. Y se inspiró en la música justamente porque el lugar ameritaba. La gente de allá se ofreció para tocar, así que hubo música en vivo, talleres, actuación. Fue una cosa increíble; pero fue tremendo, sin dormir, estresante. Y eso no lo quisimos repetir más.

La segunda, ya nos empezó a costar. Y cada año se hace muy dificultoso encontrar locación.

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PH: Marina Villanueva para Oquio Estudio

¿Por qué?

No hay lugares como queremos y tampoco, que estén sin ocupar y en condiciones de ambientarlos de esta manera.

El segundo año, encontramos una casona en Villa Elisa, la Quinta Dos Teresas, que se había desocupado. Pertenecía a la Caja de Ingenieros y Arquitectos de la Provincia. Y nos dijeron que nos daban la casa si nosotros la reciclabamos un poco, sumado al alquiler. Finalmente arreglamos y estaba bárbaro porque estaba desocupada y tenía como 15 habitaciones.

El lugar de esta nueva edición tiene veintipico habitaciones, con la diferencia de que son espacios más reducidos que la anterior. Mucho más difícil para la creatividad del que expone.

¿Siempre se hace para la misma época?

Sí, siempre se hace en octubre, porque creemos que es una fecha ideal por el tiempo.

¿Y qué pasó este año?

Hay retiros espirituales en esta casa.

Estuvimos desde octubre del año pasado, cuando terminó la anterior exposición, buscando. Y en marzo contratamos esta porque nos gustó. Obviamente hace más frío en agosto, pero vamos a poner unos fogones en el jardín y ese tipo de cosas.

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Equipo de IDEAR

¿Qué se viene para esta nueva edición?

Vamos a contar con un sector de ambientadores. Allí invitamos a distintos diseñadores que, bajo una misma temática, ambientan un sector. El año pasado todos se pusieron de acuerdo e hicieron una boda. Este año van a presentar mesas diferentes.

Por otro lado, van a estar los paisajistas. Hay un jardín muy lindo, que es toda una manzana y se aprovecha cada espacio para decorarlo. Va a haber productos/objetos para exterior muy lindos.

En la parte de atrás, van a estar los food trucks (camiones de comida) que son una propuesta gastronómica para el que va a visitarnos y quiere pasar un día diferente. Más allá de comprar, se puede comer y degustar.

También va a haber un lugar en donde se van a hacer talleres de muchas empresas que nos van a estar acompañando. La gente va a poder inscribirse y participar del que le interese.

Además, decidimos invitar a 14 artistas plásticos que nos acompañarán con sus obras en una parte del lugar que dimos en llamar el pasillo de las artes. Así, le damos un valor cultural a la muestra, que es muy importante y ellos agradecen mucho.

Para esta edición recibimos donaciones. Soledad Garriga, nos entregó una cruz para la capilla que la vamos a sortear entre los que visitan la exposición, junto a otros premios que se van a estar entregando durante la tarde.

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Texturadas / PH: Marina Villanueva para Oquio Estudio

¿Cómo es el predio?

Es una casa de retiros espirituales que perteneció a los franciscanos y data del 1800. Es muy linda la construcción. Se encuentra en Villa Elisa, en la zona donde se alojaron varios ex presidentes, por lo que es normal encontrar edificios de esta naturaleza. Y estas exposiciones están buenas para dar a conocer estas construcciones que muchas personas no saben que existen.

¿Cuándo va a ser el evento?

El 19, 20 y 21 de agosto. No se suspende por lluvia porque no tenemos opciones.

¿Cómo es trabajar, organizar este gran evento y hacer la convocatoria y selección desde profesiones dispares al diseño, a la arquitectura?

Sin dudas esto nos apasiona y lo hacemos desde el sentido común. Una de mis compañeras trabajó en casas de decoración toda su vida, así que desde ese lugar nos ayuda. Además, es excelente en la parte operativa.

Y después estamos permanentemente formándonos con notas, con arquitectos relacionados, con los mismos expositores que nos acompañan. Ellos nos dan un montón de ideas y de cosas para hacer.

Trabajan en conjunto… 

Es un trabajo en equipo. Nosotras siempre decimos que, por más que somos las creadoras, ideadoras; detrás de esto está toda esa gente que nos acompaña y que tiene una energía súper positiva, porque hace tres años que están y siguen estando. Y si en alguna oportunidad no estuvieron presentes, fue por motivos extras a lo que es la exposición. De hecho, en cada expo se agregan nuevos participantes, pero los que estaban siguen y eso es lo positivo.

¿Qué crees que diferencia a IDEAR de otros eventos de este tipo?

No hay eventos de esta índole. Yo también organizo Expo@Diseño y tengo un sector de decoración que exponen y venden. También hicimos una vez Expo Casa en el Jockey Club, donde se generaban espacios virtuales y se ambientaban, pero no eran habitaciones. Eso fue lo más parecido a IDEAR.

Tengo entendido que Casa Foa hizo un año algo más chico, pero después no se repitió. Así que algo similar no se ha hecho, por eso IDEAR ha tenido muy buena repercusión. La gente la espera y la aceptó siempre muy bien.

¿Cuál es el valor de la entrada?

100 pesos. Con esa entrada, nosotros colaboramos con la congregación de padres jóvenes. Ellos quieren mejorar el lugar y aceptaron nuestra propuesta.

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Interiorismo / PH: Marina Villanueva para Oquio Estudio

El proyecto fue declarado de interés cultural por la Municipalidad, ¿cómo fue eso?

En el año 2015 presentamos un proyecto y nos declararon. Con el cambio de gestión seguimos con apoyo. No tenemos un sustento económico, pero sí nos dieron un apoyo importante en lo que es la difusión, folletería y cartelería. Siempre fue así. Antes y ahora.

¿Tienen alguna idea a futuro?

Lo que queremos es hacerlo también a nivel provincial. Ya tuvimos una propuesta de hacerlo, salir de la región, pero si bien tenemos empresas a nivel nacional, necesitamos profesionales que provengan de la Provincia de Buenos Aires.

Con respecto a la locación, en las afueras hay muchos espacios interesantes, pero nos da miedo porque es moverse más kilómetros. El tema de la previa y la logística es muy complicado.

La idea está, porque cuando hay crecimiento a uno lo incita a hacer más cosas.

Ustedes hacen un importante trabajo de difusión de los artistas y profesionales platenses, ¿cómo ves hoy a la cultura platense en general?

Yo soy esposa del ex Secretario de Cultura de la Ciudad, José Cipollone, y acompañando a mi marido, bregué mucho por lo que es la cultura platense porque para mí es muy importante.

La Plata es una ciudad netamente cultural. Está llena de Facultades… Para mí hay que seguir, porque hay mucha gente con talento que está dormida y hay que despertarla.

También sucede que no hay recursos, y no es sólo en lo económico, hablo de distintos tipos. Por ejemplo, nosotras invitamos a artistas que hagan alguna intervención y todo eso suma, a nosotras y a ellos. Hay que descubrirlos, valorarlos y darles la posibilidad. Y hay un montón de cosas que se pueden hacer.

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 “Un palpitar en sintonía con lo verde”

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Ana Laura Gaddi, creadora de En Verde Palpitar

Ana Laura Gaddi es Licenciada en Biología y también se define ‘un poco artista’. Su carácter emprendedor y su costado creativo la posicionaron lejos de las limitaciones que podía proporcionarle una carrera dedicada a la investigación.

Finalmente, las circunstancias encauzaron su destino: un importante viaje a Europa y el azar puesto en juego por una galleta china, la ubicaron en el lugar donde siempre supo que quería estar.

Así, logró fundar el sueño de vincular sus dos pasiones: el arte y la biología. Sus deseos se concretaron en su propia marca, a la que dio en llamar En Verde Palpitar, mediante la cual invita a regalar experiencias y aprendizajes.

Desde Agendarte conocimos la historia de Ana una emprendedora que, tras una intensa búsqueda, encontró su experiencia de vida y la compartimos con ustedes.

¿Cómo te acercaste a las Ciencias Naturales?

Me crié en un departamento en La Plata pero tengo familia en la ciudad de Saladillo. Y claro, tenía familia en el campo, entonces era como salir de la jaula y conectarme con todo lo que me generaba muchísima curiosidad, poder meter mano, estar con los animales y con las plantas… Y si bien en el departamento tenía un patio minúsculo, tenía plantines de un montón de cosas que me gustaba germinar. Siempre estuve muy ligada a eso.

¿En algún momento te vinculaste con tu parte artística?

Sí, toda mi vida. Desde muy chica he incursionado en escritura, dibujo. Luego en la fotografía, la danza y el teatro.

Y pudiste conjugar estas dos cosas que te interesaban en este emprendimiento, pero ¿qué es En Verde Palpitar?

Para mí es como un estado respecto de la naturaleza. Un sentimiento, un estado de vida respecto de lo natural, un palpitar en sintonía con lo verde.

¿Cómo surgió?

Este emprendimiento surgió después de haberme recibido. Mi formación y experiencias de trabajo previas, tuvieron que ver con investigación científica, con insectos, en particular. Y me estaba por recibir y entré en crisis de identidad (risas).

Hice un viaje largo y conocí un montón de biólogos con emprendimientos, artistas callejeros y ellos me inspiraron.

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¿A dónde fuiste?

A Italia y España. Me influyó mucho, conocí mucha gente lanzada a buscar su experiencia de vida. Yo venía con una formación más clásica, y si bien siempre me acompañaron en todo, mi familia, como la de muchos, esperaba que pudiera estudiar y llegar a ser profesional.

En mi trabajo anterior, en el Museo de La Plata, yo sentía que había experimentado bastante de la Biología porque había empezado a ir antes de empezar la Facultad. Entonces sentía que tenía toda esa parte muy explorada y la parte artística, no. Reconocía en mí algunas cuestiones bastante creativas y sentía que la investigación me iba a limitar en ese sentido.

¿Y cómo terminás lanzando tu marca? 

Cuando volví del viaje, realmente no sabía qué quería hacer. Volví pensando que iba a tener que hacer el Doctorado. Pero no me quería ultra especializar en algo porque sentía que eso me iba a cortar las alas.

Era fin del año 2014, se acercaban las fiestas y en una feria había un stand de galletas chinas. Estaba muy conflictuada conmigo y dije: ‘bueno, voy a hacer lo que la galleta china me sugiera’. Necesitaba una punta para empezar por algún lado. Y la galleta decía: ‘déjate llevar por la imaginación’. Y para mí fue lo que necesitaba escuchar.

Entonces hice la primer suculenta para Navidad, que la llamé Suculenta Pichona, porque es una planta cultivada en huevo. Y salí a vender en oficinas públicas. Inclusive hice el packaging, imprimía en mi casa, armaba. No tenía ni idea de marketing (risas).

Y  esa Navidad invertí muy poco y vendí todo lo que había hecho.

¿Y cómo fuiste creciendo en esto?

Luego de mi primer venta, comencé a participar de la Feria Manos Platenses de la Fundación Pro Humanae Vitae, y a raíz de esta fundación, cursé en la Facultad de Ciencias Económicas, un programa de economía social. Después, el Seminario de Emprendedores de la Facultad de Ciencias Económicas y me metí más en tema con el emprendedorismo y este año ingresé a la Usina de Ideas, un espacio de trabajo colaborativo de la Facultad donde asesoran el desarrollo de emprendimientos. Se hace como una competencia de proyectos y entré por elección de los docentes y por voto popular.

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¿Te repercutió tener una marca y un logo definidos?

Sí, porque una cosa es tener el nombre y otra es ya tener una marca y registrarla. Ahí es como que yo lo sentí de otra manera y para mí tenía que tener la seriedad de lo importante que era, de lo que me significaba.

¿Cómo fue ese camino?

Lo primero que hice fue definir el nombre ‘En verde palpitar’ y varios meses después empecé a pensar que necesitaba un logo. Di con Diana Chereau, una diseñadora especializada en ilustración, que captó todo: desde la cuestión de lo sensible, en cómo definió el trazo que dice ‘En verde palpitar’, hasta el hecho de que la marca esté rodeada como por un anillo que tiene elementos animales y vegetales (ramitas, plumitas, corazones), y también la cuestión de lo circular que, para mí, tiene un simbolismo más relacionado con los ciclos de vida.

Sí, y además esa unión que dice “biología, arte y sociedad”…

Claro, y eso también está vinculado que, cuando le contaba a las personas de mi proyecto, todos me preguntaban: ‘¿Y con la biología qué estás haciendo? ¿La colgaste?’. Entonces dije; ‘No, mi marca debe decir biología’. Y acá está… A ver si se entiende… (Risas).

En Verde Palpitar trabajás con regalos sustentables, ¿qué materiales utilizás?

Son pequeños objetos hechos, en su mayoría, de forma artesanal y con materiales reutilizados y biodegradables: cartón, cáscaras de huevo, corchos… Tienen mucho significado desde lo ambiental, por ser un producto sustentable, por el tipo de materiales y la manera en que los obtengo, por su ciclo de vida, por el manejo de los residuos.

Cuando vos pensás un producto sustentable, no sólo es que está hecho con materiales reciclados, sino que hay que tener en cuenta qué vida útil van a tener esos materiales, cómo se van a volver a reintegrar en el ecosistema una vez que se descompongan, qué uso les va a dar el usuario para que perduren.

¿Y lo didáctico es por la guía que acompaña los productos?

Claro, porque viene con una guía impresa en papel de caña de azúcar que es un papel reciclado, está hecho con parte del residuo de la producción de la caña de azúcar. Y utilizo ese material para todos los textos.

Lo didáctico viene por ese lado: por contar sobre el diseño, sobre la ecología de los materiales y proponer experimentar algo. Porque los objetos que son experimentables proponen experiencias de germinación o de observación y seguimiento de mini suculentas.

Es educar un poco también, ¿cómo lo reciben las personas?

Tengo un público bastante específico y súper receptivo. Generalmente son mujeres jóvenes, o padres que quieren inculcar a sus hijos una conciencia ambiental o una búsqueda sensible.

Entendí que la gente a veces busca regalar algo más integral y, además, que sorprenda. Y en ese camino fui descubriendo un poco las pautas del momento del regalo, porque mucha gente busca regalar algo que sea grande, llamativo. Y esto apunta a lo contrario: justamente son pequeños objetos, de pequeño formato porque eso tiene que ver con lo que a vos te genera como usuario. La miniatura vos la mirás, la cuidás y eso genera un vínculo ‘de mascota’ también. La gente me cuenta que le pone nombres a las plantas, por ejemplo (risas).

Dijiste que popularmente existe una idea particular de lo que tiene que ser un regalo, pero que tu emprendimiento apunta a lo contrario, ¿cómo entendés el concepto de regalo?

Desde lo sensible. Uno regala algo material, pero me gusta que eso sea el puente para algo más intangible, para un contenido inmaterial que tiene que ver que, cuando uno regala algo, está pensando en esa persona, está poniendo una expectativa en ese regalo, está pensando en qué cosas le gustan, en su vínculo afectuoso con esa persona.

Y ahí está la expectativa que vos tenés de: a quién vas a regalar, de lo que se le genera a la persona que recibe el regalo; y desde mi parte como creadora, lo que yo pongo de mí cuando diseño y hago mis productos. Entonces, lo siento como una cadena de transmisión de todas estas cosas.

Además, por mi parte, la manera de conectarse con lo natural y de divulgar contenidos, porque la idea es esa: son objetos que divulgan contenidos de las Ciencias Naturales. Y siendo que vivimos en una ciudad donde el ritmo de vida te desconecta todo el tiempo de lo natural y de la percepción de la propia naturaleza corporal, donde uno está corriendo todo el tiempo y donde no nos tomamos un momento de relax, está bueno que algo te invite a sentir qué nos pasa en el cuerpo y a pensar cómo nos sentimos o qué queremos… (Risas)

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Además de las suculentas, ¿qué otros productos podemos encontrar en tu marca?

Tenemos dos líneas. La línea que la llamé Clorofila, que es la de los objetos intervenidos con mini suculentas y después la línea Verde Te Quiero, que es una línea de productos que aspiran a vincularte con otra persona. Tenemos tarjetas de papel plantable, que las podés intervenir con un mensaje tuyo, y la persona que las recibe las puede plantar. Esas tarjetas tienen semillas y es como “hacer brotar las palabras”.

Después objetos que son para encubar sueños, para conectarse con deseos postergados, para acariciar. Todo hecho con materiales naturales y con guía didáctica experimental, en donde cuento algo sobre el aspecto biológico de los productos.

Y quienes quieran ver tus productos o quieran contactarse con vos, ¿cómo pueden hacerlo?

En Verde Palpitar está en todas las redes: FacebookInstagramTwitterCanal de YouTube

¿Qué proyectos tenés a futuro?

Quiero apuntar un poco a la venta por catálogo, por internet. Quiero orientarme a la venta de souvenirs o regalos institucionales/empresariales, o para eventos personales. Y también tengo la idea de realizar talleres.

¿De qué va el taller?

Va a ser un taller de Biología Creativa para adultos, que se va a dar en el Centro Cultural de la Estación Provincial, los martes 19 y viernes 22 de septiembre de 17-19hs. Es un taller con dos encuentros. Cualquier modificación estaremos avisando por las redes o personalmente con los interesados.

Pero la idea es conectarse con lo natural a través de la creación de un objeto artístico y explorar el diseño a partir de la percepción que uno tiene de los materiales, es decir, más desde lo corporal.

“En mi vida, escribir es casi una necesidad fisiológica”

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Mariela Peña, autora de “¡No creas todo lo que te digo!”

Hace dos años que la ciudad la cobijó entre sus diagonales. Nacida en Florencio Varela, se mudó a la ciudad de la furia para estudiar la carrera de Filosofía y Letras. Sin embargo, la vida la sorprendió y un volantazo a mitad de carrera la condujo a estudiar Edición.

Ya desde pequeña amó la lectura y mostró habilidades innatas para escribir, de las cuales puede dar fe su madre.

Hoy a sus 29 años sacó su primer libro y siente que está en el lugar indicado. Con ‘¡No creas todo lo que te digo!’ llegó a tocar el corazón de un público para el que nunca pensó escribir: el adolescente. Ha participado de diversos eventos literarios y planea recorrer con su novela varios rincones de nuestro país.

Desde AgendARTE conocimos a esta mujer que inspira con su empuje, con sus ganas y con el amor con que escribe cada cosa que imagina. Ella es Mariela Peña, autora de un libro que cuenta la vida de Ámbar, y también, un poco la suya y la de todos.

¿Cómo se inició tu contacto con la escritura?

 Escribo desde que tengo uso de razón, desde que soy chica.

Empecé a estudiar Filosofía y Letras en el 2006, allá en la calle Puán. Promediando la carrera, arranqué Edición Editorial. Las cosas se barajaron de otra forma, fueron distintas a como yo las había planeado. Ahí conocí personas de la industria y me contacté con gente de la Feria del Libro de Buenos Aires.

¿Tenés algún registro de algo que hayas escrito en tu niñez?

Sí, mi mamá tiene guardadas todas esas cosas de cuando yo tenía cinco o seis años y escribía poemas de desamor (risas). Cuando los leí de grande no lo podía creer.

Y cuando terminaste el colegio, ¿te metiste directo a estudiar Letras?

En realidad, cuando yo estaba haciendo la escuela sabía que a mí me gustaba escribir, pero no tenía muy en claro si se podía vivir de eso. Y a priori, la respuesta es: ‘no’.

Entonces ahí surgió la posibilidad de empezar a estudiar Edición, y además en Letras te enseñan a leer, no te enseñan a escribir. Y yo sentía que quería desarrollar esto de la escritura y no estaba encontrando el huequito para mostrarme. Fue dar ese volantazo a mitad de carrera.

Entonces de la Facultad de Filosofía y Letras saltaste directo a Edición…

Sí, fue casi una casualidad, porque nunca había estado en mis planes estudiar Edición. Pero la clave, para mí, fue la Feria del Libro. Cuando yo empecé a trabajar ahí, empecé a conocer gente de todas partes del mundo. Porque es un acontecimiento único.

Mi libro tiene mucho que ver con la Feria porque ahí conocí a mi editora, Marité Schmidt.

¿Y qué es para vos escribir?

En mi vida, es casi una necesidad fisiológica. Si no escribo, me lleno de algo que necesito liberar. Es muy difícil de explicar. Pero realmente, sea bueno o malo, real o irreal lo que me está pasando, necesito escribirlo, liberarlo. Cuando no tengo tiempo para hacerlo, siento que ese día no hice algo fundamental, como podría ser hacer ejercicio, desayunar, dormir bien. Para mí no es algo esporádico ni premeditado.

Actualmente estás trabajando en editoriales

Sí, corrijo en una editorial que se llama Ediar, que es una editorial jurídica. El último trabajo que hice ahí fue una corrección a Eugenio Raúl Zaffaroni, ex juez de la Corte Suprema.

Y además, este año empecé a trabajar en Puerto de Palos, que es una textera que hace manuales para chicos de primaria y secundaria.

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Mariela Peña presentando “¡No creas todo lo que te digo!” en la Feria del Libro Infantil

¿Y cómo surge la idea de escribir tu propio libro?

En realidad no fue una idea que se me ocurrió a mí. Yo nunca escribí para chicos; siempre para grandes. Frecuentemente utilizo mis redes sociales como herramientas para difundir un poco lo que hago. En una oportunidad subí un texto que a una persona le llamó la atención y me dio la idea de meterme en el universo de la literatura adolescente.

Para mí fue todo un desafío porque es completamente otro registro, otro lenguaje… Todo un universo que desconocía. Entonces me puse a investigar, leí, pensé historias… Me puse en la piel de un adolescente de 15/16 años, y tuve también varias musas.

¿Y de qué va el libro?

Es la historia de una chica de 16 años que se enamora de lo que serían los rockstar de hoy en día: los youtubers y los twitteros. Ella se enamora de un twittero como todas sus amigas, pero el tema es que este chico se empieza a mostrar interesado en ella. Por supuesto no va a perder ni loca la oportunidad de estar con este pibe tan genial, pero el problema es: cómo le explicás a mamá que el amor de tu vida es un twittero si ella no sabe ni qué es el Twitter.

Entonces, todo ese universo empieza a meterse en una mentira atrás de otra. Y todo gira en torno a reflexiones y a conocerse a sí misma. Y en este universo, la cuestión de las redes sociales es muy importante. Ella tiene una cuenta en Wattpad, que es una red social donde los chicos comparten literatura, leen, intercambian historias… Es un universo literario virtual, por decirlo de alguna forma. El personaje tiene una cuenta secreta en esta red social, donde se hace llamar Ema, en donde ella realmente cuenta lo que le pasa, sus sentimientos más profundos… Donde ella puede ser tal cual es…

¿Y vos tenés algo de ese personaje, de Ámbar?

 Sí, claro, hay mucho de lo que podría haber sido yo cuando era adolescente, pero en ese momento no existían las redes sociales, o mejor dicho, estaban en emergencia. En esos años existía el Fotolog y el Messenger… Facebook no dominaba nuestra vida, ni el Instagram con sus historias, ni el Twitter, ni nada por el estilo.

Entonces, un poco quizás son los mambos que yo tenía cuando era chica, pero qué hubiese pasado si encima estaban las redes sociales en el medio.

¿Y por qué decidiste trabajar con estas?

 Uno de los acontecimientos que más me hicieron pensar en hacer algo con las redes sociales fue cuando vi a Germán Garmendia, el youtuber en la Feria del Libro. La cuestión es que ese día, la fila que había para que él firme los libros daba vueltas La Rural.

En un momento, vi una chica que salía con el libro en la mano llorando desconsoladamente, como si le hubiese pasado algo. De hecho, al principio dudé… Así que me quedo prestando atención a la escena, y estaba llorando de emoción porque Germán Garmendia le había firmado el libro y se había sacado una foto con ella.

Yo como adulta no puedo subestimar el llanto de esa piba, porque verdad está sintiendo cosas. Y que un adulto venga y le diga ‘dejá de boludear’ o ‘conectate con el mundo’… eso también es el mundo real para ellos. Es decir, cuántas cosas pasan ahí y a veces los grandes no las comprenden.

¿Qué visión tenés hoy de la gente y las redes sociales?

Para mí las redes sociales son como todo: el reflejo de la persona que las utiliza. La red social no te hace ni malo, ni bueno, ni tonto, ni inteligente. De acuerdo a como vos sos, es tu red social. Más allá de que hay mucha mentira… por algo también el nombre del libro va un poco por ese lado. Todos mentimos en las redes sociales, porque si no fuésemos un poco artistas o actores, quizás, no tendrían tanta gracia.

De alguna manera, uno adopta un personaje…

Claro, pero yo creo que eso ya está como legitimado. Todos hacemos lo mismo y está bien… También puede funcionar como una distracción. Lo que sí me parece fundamental es que dejemos de subestimarlas, porque forman parte de nuestras vidas, nos atraviesan tanto a los chicos como a los grandes. Jugamos un poco en función de ese juego. Mostramos lo que queremos y podemos mostrar y también es parte de una lógica.

Me parece mal cuando se las demoniza: ‘El Facebook le arruina la cabeza a los pibes’. No, a los chicos les arruinan la cabeza otras cosas. Les arruina la cabeza estar descontrolados en las redes, o no conectarse con el mundo que los rodea, o no tener una contención de adultos cerca.

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Hiciste presentaciones del libro, ¿no?

Sí, hicimos varias firmas, lo presenté en la Feria del Libro, en el Dardo Rocha, y en el Centro Cultural Kirchner.

El 5 de septiembre me voy a Junín y a mediados del mismo mes, a Uruguay. También hay una posibilidad de viajar a La Pampa. Siento que moverlo es como llevarlo a toda la gente.

¿Se viene una segunda parte?

Sí, se barajó la idea de que salga a fin de año, y sería la continuación de la historia. El final del primero es un poco abrupto (risas).

¿Qué sueños o proyectos tenés?

A partir de esto me di cuenta que el público para el cual trabajo son los chicos. Un público mejor lector no podría haber. El cariño, la dulzura, lo que te vuelve; es impagable. Lo digo en serio, realmente es lo más lindo que me está pasando desde que el libro salió.

Tengo la sensación de que me dan ganas de seguir por ese lado. Y quizás en algún momento publicar un libro que tenga que ver con mis textos, con mis cosas más para adultos, pero ahora no lo estoy pensando.

Si bien escribir para chicos no estaba dentro de las opciones, porque nunca se me había ocurrido, no lo había pensado, ahora quiero seguir por este camino.

Además, los chicos te devuelven algo sincero…

Totalmente. Como diría mi papá, “a los pibes no los engrupís”. Si no les gusta, te lo rechazan. Si les gusta, te lo dicen y con las palabras justas.

Acá en la Feria del Pasaje Dardo Rocha, vino una nena el día que firmé y me trajo una carta que casi me hace llorar. ¡Se tomó ese tiempo de hacer y escribir a puño y letra!… ni en el más sofisticado de mis sueños me imaginé que algún día me iba a pasar algo así. Y siento que estoy en el lugar correcto.

Los chicos de hoy, ¿leen?

Sí, a full. Y eso lo sé por haber trabajado tantos años en la Feria del Libro, en una editorial infantil. Los chicos vienen, y no sólo eso: se toman el trabajo para elegir un libro que quieren leer, te preguntan el precio, piden recomendaciones. Los chicos leen y mucho. Y toda la vida fue así. Cuando yo era chica, creo que en mi curso había dos que no les gustaba leer. No tiene nada que ver la aparición de las redes sociales. Me parece que esos son puros prejuicios de los adultos.

20620819_10155669913753216_8059495624541086669_n¿Qué le dirías a alguien que quiere publicar sus cosas pero no se anima por miedos, inseguridad?

Que en nuestro terreno, lo más importante es conectarte con alguien que te pueda dar una oportunidad. Y para eso, la Feria del Libro es un acontecimiento cultural único en donde tenés muchas posibilidades de contactarte con editores de todo el mundo. Empezás atendiendo un stand, empaquetando libros y terminás charlando con una persona que te da esa posibilidad. Y además, nunca dejar de intentarlo, ni de que te convenzan de que el arte no te da de comer y todas esas cosas.

¿Te pasa esto de volver a leer un texto tuyo y sentir que sigue teniendo errores?

Sí, imaginate que no sólo escribo sino que también soy correctora. Me pasa de estar tres horas escribiendo sin parar y obviamente que hay errores de tipeo, de distracción, o de lo que sea. Pero si vos volvés, perdés esa inercia con la que estás escribiendo la historia. Para mí, se pierde la espontaneidad si empezás a mirar y a corregir mientras escribís. Entonces yo corrijo cuando termino.

¿Hay cuestiones que te inspiran más que otras a la hora de sentarte a escribir?

Siempre digo lo contrario a lo que dicen todos los escritores: yo no necesito estar triste para escribir. Al contrario, cuanto más estabilizada estoy emocionalmente, más historias me imagino.

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Instagram Mariela Peña

De la pasión heredada a la creación propia

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Zacarías Gianni, escenógrafo y vestuarista

Zacarías Gianni, es escenógrafo y vestuarista. Aprendió esta profesión desde niño, casi como si se tratara de un juego. Es que él es hijo de Carlos Gianni, uno de los históricos profesionales del Teatro Argentino de La Plata.

Zacarías siempre sintió una fuerte atracción por el mundo artístico.  Del colegio corría al taller de teatro en el Liceo Víctor Mercante. Le gustaba tocar la madera, ver las telas, el vestuario… es que él asegura que el teatro tiene una mística particular. Y si bien en su juventud incursionó en otros estudios, el magnetismo que lo atraía a esa disciplina fue más fuerte y lo devolvió al escenario.

Siempre atrás de bambalinas, supo dar vida a numerosas obras y grandes éxitos. También encontró su lugar en la maquetería y restauración. Como amante de los desafíos, no le tembló el pulso y se le animó a una maqueta del Teatro Argentino de la década del 70.

Desde Agendarte conocimos la historia de Zacarías, un hombre que a paso firme y con perseverancia, saltó de la ciudad de las diagonales al mundo.

¿Cómo te definís?

Soy un escenógrafo al que le gusta hacer su trabajo. Y como escenógrafo trabajo a nivel musical, porque la música te transmite muchas cosas: temperatura, color, diversas cuestiones que vos necesitás a la hora de diseñar, más allá que después tenés que hacer toda la parte de lectura, toda la parte de investigación… pero la música te transmite muchas cosas, entonces siempre mi base de trabajo es la música.

Y desde ese lugar, siempre busco que mis trabajos provoquen diversos sentimientos en el espectador. Creo que si una obra no te hace sentir cosas, es porque algo no está funcionando bien.

¿Cómo nació tu amor por la profesión? ¿Se puede decir que influyó la herencia? 

Sin dudas, viene de herencia. Mi papá estuvo trabajando casi 50 años en el Teatro Argentino, fue uno de los históricos. Y esto viene de mucho antes, porque mi familia estuvo en la Fundación de la ciudad de La Plata. Ellos vivían enfrente del Coliseo Podestá, toda esa manzana que está frente al Coliseo era de mi familia originalmente. Y mi papá era ahijado de Blanca Podestá, entonces el Coliseo Podestá era como una extensión de la casa.

¿Cómo entendés tu labor?

La profesión del escenógrafo no está desligada del momento social. Para realizar una escenografía o un vestuario hay que situarse en la realidad de aquella época. Y todo arte es revolucionario porque se está en una búsqueda constante.

¿Cómo fueron tus primeros pasos? Cuando decidiste: ‘me dedico a esto’.

Creo que desde que nací. Yo me crie en la etapa del éxodo del Teatro Argentino, todavía no estaba este teatro terminado y los talleres se encontraban en el Liceo Víctor Mercante. Y yo crecí en ese ambiente, en ese lugar mágico. Y lo considero mágico, porque las producciones que salieron de ese lugar realmente no tenían nada a que envidiarle a ningún teatro del mundo, ni al Colón siquiera.

Entonces, eso lo fui mamando indirectamente. Cuando salía de la escuela, iba directo al Liceo y pasaba horas con mi papá, me gustaba tocar la madera, los trajes, las telas… Aunque no hiciera nada, me gustaba estar ahí y mirar.

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Aprendías de tu papá…

Sí, me acuerdo que una de las primeras cosas que me enseñó mi viejo fue la perspectiva. Tenía 10 años, recuerdo que íbamos por la autopista y me hacía mirar todo… El camino, los faroles bajando en perspectiva… Y todo ese bagaje visual, en algún momento hice como una reconstrucción y lo apliqué a la escenografía.

Creo que un poco el culpable de todo esto es mi viejo (Risas).

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Amo mi trabajo, y lo hago con mucha pasión, mucho amor y mucha responsabilidad.

Y una de las cosas que más me gusta del teatro es sentarme y escuchar cuando la orquesta afina, porque me encanta eso que transmite el afinar de los músicos. Es como una preparación que hacen para entrar en la obra.

¿Cuál fue tu primer trabajo formal?

Lo primero que hice fue una ambientación en las Galas Líricas en el colegio de abogados. Después hubo una obra cumbre, que fue como un punta pie inicial a todo este quehacer escenográfico, que fue una obra que hice en el Uruguay. Es decir, hice un trabajo acá y directamente salté afuera, no hubo como término medio.

BRUNDIBAR
Ph: Carlos Dossena

¿Qué obra hiciste allá?

Brundibár, una obra infantil, pero es para todo el mundo porque es una obra bastante dura. Es la única ópera infantil que fue escrita y se hizo 55 veces en el Gueto Terezín. Tanto el autor de la obra, Hans Kraza, como los actores fallecieron en Auschwitz.

Yo la presenté en el Sodre, de Uruguay y estuvimos trabajando con el director de escena Rubén Martínez. Fue una obra que, por suerte, tuvo muy buena repercusión. Y allí tuve el privilegio de conocer a la única sobreviviente que quedó de aquel elenco original, una mujer que hacía de gatita, y que ahora debe tener 87 años. Quedé muy impactado con las historias, con lo que pasó y con la obra también, me marcó porque tenés que revolver muchas cosas.

¿Cómo llegaste de La Plata a Uruguay?

Fue accidentalmente. Rubén Martínez confió en mí para el trabajo. Me dijo “tenés 15 días para hacerlo”. Yo hice la maqueta que estaba expuesta en el Sodre. Hice mi investigación y tenía claro lo que quería, igual que el director de escena.

Básicamente, me la jugué, porque en el mundo de la ópera como en la vida, tenés que ir por tus convicciones, ideales y estar muy seguro de lo que vas a hacer.

¿Cuál es el trabajo que más te representa o del cual estás más orgulloso?

Me levanto y estoy contento de poder hacer lo que me gusta. Eso creo que es fundamental. Yo estudié varias cosas, pero indefectiblemente por alguna vuelta de la vida, volví al teatro.

Al año de que falleció mi papá, me levanté y dije ‘yo tengo que hacer teatro, nací para eso’. Y las vueltas de la vida te van llevando. Es un magnetismo tan grande que tengo con el teatro que es imposible que lo suelte. Me quiero morir en un escenario, no en una cama de hospital.

Y ese magnetismo te llevó a hacer la Maqueta del teatro Argentino… 

Sí, lo que hice en la maqueta es una reconstrucción para la gente que está viviendo en esta época, más o menos vinculado al que se incendió en el ’77, es decir, no hice el edificio de 1890.

Fue un trabajo de reconstrucción y, más allá del trabajo de maquetería, la cuestión radicaba en que yo necesitaba que, tanto los jóvenes como la gente más grande que conoció el teatro, sintieran que estaban ahí. Yo quería que esa maqueta transmitiera algo, su magia.

Y la gran pregunta durante el tiempo que duró el trabajo fue: cómo lograr ese sentimiento, o transmitir esa magia a una persona que no conoció ese Teatro Argentino.

MAQUETA ANTIGUO TEATRO ARGENTINO
Ph: De Autor

¿Y cómo lo lograste?

Fue surgiendo. Amén de esto hice todo un laburo de investigación de más de un año, antes de ir a la Fundación del Teatro Argentino con la propuesta.

Fue un trabajo bastante arduo, ¿cuánto tiempo le dedicaste?

Estuve más o menos todos los días, o sea, no tenía un solo día de descanso, entre 12 y 14 horas, durante casi 7 meses.

A veces, ¿no necesitás dejar resposar la obra, tomarte un respiro?

Sí, me pasa… Pero, en este caso particular de la maqueta, era un trabajo que a veces lo tenía demasiado mimetizado conmigo, a veces tenía un momento que me preguntaba: ‘Cuándo aparece la obra’. Porque era tal el laburo estructural que era interminable.

Tenía todo una energía atrás que si bien no sabía por qué, sentía que tenía que hacerlo. Y este era un trabajo que él quiso hacer, pero después fue pasando. Y un día me levanté y dije ‘quiero hacer esto’. Entonces investigué, le llevé la propuesta a la Fundación del Teatro Argentino, me dieron el ok y empecé con el trabajo.

Hiciste la reconstrucción de la Virgen de Las Cenizas

Es una imagen hecha por un escultor que era el jefe de utilería del teatro, para una ópera Tosca en el año ‘72. Se llamaba Dino Orlandini.

Cuando se prendió fuego el Teatro, en el año ’77, esta imagen se salvó del incendio y la llevaron a La Catedral, donde estuvo hasta el año `99, que fue cuando se abrió el Teatro. En ese año pidieron que la devolvieran para que estuviese en su lugar de origen. Y estuvo en exhibición, pero con el tiempo se deterioró.

A mí se me ocurrió restaurar la Virgen así que les plantee mi idea, hice un informe y el trabajo lo doné a La Fundación del Teatro que me apoyó totalmente.

Pero para eso convoqué a un grupo de gente: a Sandra Altinier que es restauradora, ella me brindó su taller y nos pusimos manos a la obra. Además, contactó a Eugenio Zanetti, un famoso director que ganó un Oscar por la película Amapola. Luego de nuestro trabajo de restauración, él le pintó el rostro y las manos. Se hizo la inauguración para el 19 de noviembre de 2014 y la pieza está en exhibición y está nueva.

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Sos un habitué del teatro, ¿sentís que aprendes viendo a otros?

Sí, siempre aprendo. En este rubro, como en cualquier otra cosa de la vida, siempre estás aprendiendo. Incluso, siento que aprendo de mis alumnos cuando doy clases.

El escenógrafo, el artista está en constante movimiento, en constante aprendizaje, en constante cambio. No me quiero encasillar en algo, porque soy muy amplio.

¿Cómo ves la escena local y las producciones desde tu rama?

Variado. En el teatro independiente hay cosas muy interesantes, hay mucha gente con ganas de hacer y de proponer cosas nuevas.

Me preocupa un poco la situación del Teatro Argentino actual, como creo, le preocupa a la mayoría de la ciudadanía platense. Espero que salga adelante y que sea un momento pasajero.

¿Qué consejo le darías a una persona que quiere incursionar en el mundo del teatro y la escenografía?

Lo que hago es citar una frase de Woody Allen que dice que: ‘el 90% del éxito radica simplemente en insistir’. Vos tenés una parte de estudio que es importante, por supuesto, y después otra en que tenés que ocuparte bastante para poder progresar.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro, post Chaucha y Palito?

La experiencia con Chaucha y Palito fue muy linda. Además es un equipo de trabajo muy piola, muy rico. Entonces trabajás con otra soltura. Tengo varios proyectos para este año y ya proyectando para el 2018. En breve, el 14 de agosto se viene La Cenicienta, para el cual hago la escenografía. Eso va a ser en el Teatro Luz y Fuerza de Capital.