“El Acid Jazz es un género abarcativo que te permite hacer muchas cosas desprejuiciadamente”

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Sebastián Fernández

Nacido en el seno de una familia atravesada por la música, a Sebastián Fernández el piano lo marcó de por vida. Sin embargo, algo lo llevó a diferenciarse de sus dos antecesoras y sus gustos por las obras académicas… Tal vez haya sido la influencia de su época, de la ciudad, o vaya a saber de qué cosa. Lo cierto es que él fue seducido por el rock, el jazz y la música negra.

A los 15 años comenzó a hacer sus primeros trabajos como músico, y si bien eran esporádicos, le permitieron crecer a pasos agigantados, rodeado de personas más experimentadas y con una actitud profesional frente al arte. A los 20 se marchó a Capital Federal para trabajar y vivir de su pasión y lo logró, hasta que decidió tomarse un recreo de la escena musical y regresar a la ciudad que lo vio crecer desde sus comienzos.

Este año, la nostalgia de revivir esos tiempos le devolvió las ganas de volver al ruedo, y sin más, armó un proyecto resignificando composiciones pasadas. Su libertad para hacer música y el género Acid Jazz parecían ser la ecuación perfecta para lanzar su regreso. Y efectivamente lo fue porque, de la mano de Diamante, su banda, este sábado 2 de diciembre llegará al escenario de Lord Pub City Bell (Diagonal 3 Nº 247), acompañado por Rubén Laurito (batería), Andy Castellucci (bajo eléctrico), David Uribarri (guitarra eléctrica).

Desde Agendarte tuvimos el placer de conversar con Sebastián Fernández (teclado y voz) acerca de la música en el escenario platense, la concepción del Acid Jazz y esta nueva formación que promete hacer de este sábado, una verdadera una fiesta.

¿Por qué Diamante?

Hace varios años tenía otra banda, llamada Diamante cretino, donde hacía mis temas de rock y funk. Así que retomé parte del nombre, pero le saqué el segundo porque ahora estoy más Diamante, que Diamante Cretino (risas).

El cretinismo es falta de desarrollo; algo que está creciendo pero que todavía no está pulido. Y tampoco es que ahora lo esté, sino que me gusta más la idea de la palabra ‘diamante’ sola.

Siempre es ingrato explicar este tipo de cosas, porque tiene una parte de misterio que está bueno mantener. Pero a grandes rasgos, tiene que ver con el brillo, con lo valioso, en cuanto a lo que tarda la naturaleza en generar un diamante, que es algo tan maravilloso.

¿Y eso tiene que ver con la concepción que hoy tenés de la música?

Creo que sí. La música requiere de mucho trabajo y tiene que ver con un desarrollo que, como en cualquier género del arte, no es lineal. Porque no es que vos estudiás, te recibís y ya sos músico. Puede ser en los papeles, pero la verdad es que eso te lo da la experiencia y el trabajo con uno mismo.

¿Cómo fue tu formación?

En mi casa había un piano, porque mi abuela materna era profesora y llegó a ser la directora de un Conservatorio de Berisso. De hecho, mis abuelos se conocieron por la música, porque ella era pianista y él bandoneonista, y en esa época tocaban para los vecinos del barrio. Entonces la música siempre estuvo. Cuando era chico, yo me ponía a jugar con el piano y mi abuela, amorosamente, me decía: “Sebastián, tocá más despacito”, y me explicaba cómo se hacía.

Mi mamá también tocaba obras clásicas en el piano. La primera vez que la escuché tocar fue en una cena en casa y me quedó un recuerdo muy fijo y claro porque me fascinó. Y ahí intuí un camino.

Después seguí tocando solo, hasta que empezaron a salir cosas más coherentes. En esa época, no había Internet, ni data de ningún tipo, así que fui aprendiendo por intuición y estuvo buenísimo. Y así seguí hasta que un día el profesor de música del colegio citó a mis padres y les dijo que tenía condiciones. Entonces, comencé a estudiar con una profesora particular, una pianista clásica llamada Mara Smith. Ella me formó y me preparó para entrar al Conservatorio Gilardo Gilardi. Ingresé y estuve tres años, pero no era la música clásica lo que a mí me interesaba. Yo escuchaba jazz, rock, me gustaba la música negra…

Un día, Quique Roca fue a tocar con su banda, Clase Única, al Colegio Nacional, donde yo estaba estudiando, y me voló la peluca. Así que lo encaré, le pregunté si daba clases y empecé con él. Eso me ayudó a organizar lo que yo había aprendido intuitivamente: la armonía, melodía, improvisación. Además, me pasó algunos discos para que escuchara, por lo que no solo me formó, sino que me hizo entender muchas otras cosas y terminó de romperme la cabeza.

¿Cuándo empezás a trabajar de músico?

Desde muy chico, a los 14, 15 años. Eran trabajos esporádicos pero profesionales, en el sentido de que tenía que rendir. Y eso lo sufrí bastante, porque era chico y era mucha responsabilidad, pero a la vez me formó maravillosamente y aprendí muchísimo. Incluso, terminé formando parte de grupos de gente más grande, más experimentada y con una actitud profesional hacia la música, como Taxi Funk.

Y así estuve hasta que, a los 20, decidí irme a probar suerte a capital porque, como dice el dicho: “Dios está en todas partes, pero atiende en Capital”, y yo quería vivir de la música. Un delirio, pero lo logré; obviamente, lejos de enriquecerme, pero pude vivir de la música.

¿Y cómo fue esa experiencia en Buenos Aires?

Aprendí muchísimo porque, en algún sentido, es otro mundo. Hay más gente, más oportunidades, más lugares, más músicos. Por lo menos en la época donde yo estuve, te pagaban para tocar. Había un circuito. Y así hice de todo, porque para vivir de músico tenés que hacerlo; o al menos esa es mi experiencia.

Me armé un pequeño estudio y grababa cosas para cantantes. Tocaba jazz, bossanova, boleros, tango, rock nacional… Laburé mucho sólo, tocando el piano con batería electrónica, y era mi propio sonidista. Fue una experiencia maravillosa de formación. Así conocí a mi mujer, mediante una amiga en común que nos contactó porque ella estaba buscando pianista, y con ella trabajamos 11 años tocando en un montón de lugares. Y paralelamente, siempre me hice mis bandas con mis temas. Hasta que hace, más o menos 7 años, empecé a sentir una falta de ganas de tocar.

¿Qué pasó?

Me saturé. No de la música en sí, porque jamás podría hacerlo, sino del trabajo de músico.

En realidad, esas cosas tienen que ver con procesos que se van generando bajo tierra en uno. Yo puedo tratar de buscarle una explicación, pero la verdad es que son procesos que se van dando y que uno, a veces, no maneja. Entonces decidí respetármelo y dejé de tocar.

Paralelamente a esto, soy profesor de yoga, así que daba clases. Y en esa misma época me vine a vivir a Gonnet. Así que, entiendo, que habrá tenido que ver con una etapa de reacomodamiento personal, de investigación interior. Y de repente me picó el bichito de nuevo.

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¿Cuándo decidiste armar Diamante y cómo podrías definir el estilo?

Hace tres meses.

En realidad, creo que para la mayoría de los músicos el tema de las etiquetas es ingrato, pero a la vez es necesario. Uno a la hora de componer o de tocar, trata de ser libre y cuando sale algo, sale. Después la mente más lógica es la que hace un esfuercito por encasillar, etiquetar.

Y como en ese sentido soy un tipo muy ecléctico y he escuchado música muy diversa, tengo mi lindo mambo en la cabeza. Pero esta vez, con el tema de Internet y de los tags me enteré de la existencia de este género y comencé a investigar. Así me di cuenta que, mucha de la música que me gusta y hago entra en el mote del Acid Jazz. Entonces se dio al revés: en lugar de decir “voy a hacer tal cosa”, la hice y después me fijé donde encajaba.

Y por el nombre, uno hubiese pensado que es más acotado que el jazz en sí mismo, y en realidad es mucho más abarcativo.

Sí, tal cual. Estoy muy contento con este descubrimiento. La contra es que el que no sabe bien de lo que se trata Acid Jazz, lo relaciona con que voy a tocar jazz y nada que ver. Pero lo bueno de que sea abarcativo, es que te permite hacer muchas cosas desprejuiciadamente.

¿Ya tenías los temas?

Agarré de mi repertorio los temas que consideré que tenía más ganas de hacer o recrear y convoqué a músicos con los que ya había tocado.

Es la felicidad misma: tocar con amigos, tomar unos mates, ensayar, pasarla bien y encima hacer música. A esta altura de mi vida, para mí eso es ¡bingo!.

¿Cómo es eso de retomar temas que compusiste hace tiempo? A veces sucede que, pasado un tiempo, uno encuentra en sus producciones detalles que pulir, ¿te suele suceder eso con la música?

Sí, por supuesto. Como autocrítico soy tremendo (risas).

Me pasa mucho, pero con los años aprendí que esa neurosis hay que controlarla porque si no nunca salís al ruedo, todo queda en una cosa abstracta, en la idea. Entonces, si bien en la música podés retocar y corregir miles de cosas, en algún momento tenés que soltar… la perfección es eterna, no terminás nunca. Pero la pregunta sería: ¿cuándo soltás? ¿Con qué parámetro? Y eso, creo, lo va dictando la intuición y el hecho de ver qué genera en otro lo que vos hacés. Generalmente, uno se lo muestra a los seres más cercanos y ahí va viendo la respuesta. Cuando esas respuestas comienzan a coincidir, quiere decir que hay una sincronicidad en la que alguno está haciendo algo que entra en el orden de algo un poquito más objetivo, que no es tan tu propio mundo, sino que estás saliendo y tocando una fibra que al otro también lo toca.

Es un misterio, pero hay cosas en el orden de lo artístico que no son lógicas, ni explicables. Y por suerte no lo son… porque entonces hay algo que uno controla y mucho que no. Y eso es lo maravilloso también. 

Porque también, de alguna manera, te sorprende… 

Claro, y además resignificás todo el tiempo. 

En lo personal, nunca fui muy ordenado, pero por suerte con la música lo logré y, curiosamente, fui guardando en una carpeta letras y músicas que hice desde que empecé a componer… Tengo algunas desde los 12/13 años. Y en ese desorden de papeles diversos, encuentro y resignifico cosas que son increíbles y con las cuales me identifico absolutamente o más que en ese momento en que las creé, porque cuando era chico, era pura intuición, incluso a veces me superaba… Ahora, a la distancia, es como si tuviera un diálogo conmigo mismo a los 14 años… Y encontrarme con esos ‘yoes’ pasados es muy lindo. 

Claro que había cosas para pulir, pero varios de los temas que voy a tocar en la próxima fecha, son letras hechas hace muchísimo que ahora resignifico.

¿Cuál es la próxima fecha?

Es el sábado 2 de diciembre a las 22 horas, en el Lord de City Bell (Diagonal 3 Nº 247). Evento- Facebook

¿Qué tienen tus temas de particular?

Me obligás a hacer autobombo y no me gusta (risas). Son lindas canciones con una base musical contundente y rítmica, que te hace mover la patita. Tiene lindas armonías, y una banda con temas propios que no es poco. Estoy convencido de que, por lo menos el 2 que es la fecha próxima, va a ser una fiesta.

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¿Tienen proyectos a futuro con Diamante? Tal vez sacar un disco, un EP…

Sí, quiero todo (risas).

Mi proyecto a futuro es todo eso, todo lo que sea. Así de rápido que se armó la formación, quiero que las cosas sucedan. Yo ya tengo 48 años, no es como cuando tenés 20 y tenés toda la vida por delante… Aprendí a disfrutar el día a día. Hoy estoy tocando con amigos, está sonando bárbaro y aprendí a ver también para dónde me va llevando el espíritu.

Históricamente La Plata estuvo ligada al rock, y hace un tiempo se la asocia más al sonido Indie… ¿Qué lugar brinda para el género que hacés vos?

No lo sé, porque creo que el Acid Jazz entra en cualquier lado. Es decir, lo que nosotros hacemos entra tanto en un lugar de rock, como en un lugar de jazz. Se puede tocar en cualquier lado porque da para todo.

Más allá del nombre y la etiqueta, yo creo que lo importante es el feeling que se genera cuando tocás… Lo que pasa con el público en el vivo. 

Comenzaste en La Plata, te fuiste a Capital y ahora regresás a la ciudad… ¿Sentís que hay un sonido platense?

Sí, totalmente… No sabría cómo definirlo porque ahora no estoy tan interiorizado. Pero hay mucha movida, muchos grupos, bandas con temas propios, mucha creatividad y un lindo circuito. Eso me encanta y me hace sentir orgulloso.

Diamante- Bandcamp

 

“Nuestra música es romántica y transversal. Puede servir para todo tipo de parejas”

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

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Andrés Del Real Tolosa y Felipe Muñoz, integrantes de Ajo Negro

Fuertemente influenciados por el género del bolero en Chile, su país natal, no pueden permanecer aislados de la interculturalidad de la música. Es que como latinoamericanos, se encuentran estimulados por géneros españoles, afro y también los provenientes de pueblos originarios.

Sobre la base de ese legado cultural y desde esa rica mixtura, se conciben como hijos de esa misma mezcla surgida desde diferentes rincones.

Así, con la necesidad de generar su propia identidad musical y explorar distintos estilos, nace Ajo Negro, una banda platense que hace culto a la canción latinoamericana y está conformada por cuatro chilenos y dos argentinos: Andrés Del Real Tolosa (voz y maracas), Juan Pablo Ledezma (Guitarra), Luis Pardo Reyes (Guitarra) y Felipe Muñoz (Voz y percusión), Joaquín Cichero (teclados) y Ariel Manriquez (bajo), respectivamente.

Tras adentrarse en el bolero haciendo covers y con una formación más sólida, hoy Ajo Negro tiene seis temas propios en su haber. Además, continúan explorando el género que los vio nacer, como así también otros estilos.  

Desde AgendArte conversamos con Andrés Del Real Tolosa y con Felipe Muñoz, que llevan la mitad de la vida como amigos y que, desde ese entonces, conservan lo que los mantuvo unidos: el amor por la música y las ganas de vivir del arte. Totalmente instalados en suelo platense, hablaron del arte latinoamericano, de la cultura platense, de sus vivencias como artistas y del porvenir de Ajo Negro que instala en la ciudad una música nueva y fresca, para bailar bien pegadito y al son. 

¿Cómo llegaron al país?

Felipe: Como se sabe, en Chile es muy caro estudiar porque la educación está casi toda privatizada. Se nos dio la oportunidad de poder viajar y tomamos la decisión de hacerlo.

¿Ajo Negro es el primer proyecto musical que tienen en conjunto?

F: No, ya habíamos tenido otros con los que habíamos trabajado en Chile. Y también tuvimos algunos anteriores a este, acá en Argentina. Igual ninguno de esos proyectos tenía que ver con lo que estamos haciendo actualmente.

En el 2015 formamos una banda con Juan Pablo y Camilo, dos chicos que conocimos en la facultad que, casualmente, también eran de Chile. Ellos tenían un proyecto que nació con la idea de tocar en el tren. Era terrible tocar ahí porque no se escucha nada. Todavía no lo habían arreglado y había un ruido espantoso. No cantábamos, sino gritábamos (risas).

Andrés: En 2016, con la idea de hacer algo serio y a trabajar de esto, nos unimos a ellos y comenzamos a hacer covers de boleros. Buscamos un pianista y un bajista mientras seguíamos con la idea de los covers. La idea era ver qué pasaba.

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¿Y por qué la decisión de hacer boleros?

F: Para mí viene de la influencia que uno tiene de chico. En Chile, el bolero sonaba casi tanto como el tango, pero era más de la onda de Lucho Barrios y el bolero más peruano.

A: Además, en la zona de Valparaíso está el puerto, entonces llegaba música de todos lados. Al estar cercanos Perú, Bolivia y Argentina, se daba mucho esa interculturalidad de la música, que mayormente era peruana. Incluso, como sigue siendo un puerto que reparte para todos lados, es decir, muy céntrico y turístico; no es raro ver en sus calles tríos de boleros o valses.

F: Además, en Chile se puso de moda, Chico Trujillo, una banda de cumbia que retomó todos los clásicos del bolero peruano, y ahí fue cuando el bolero comenzó a sonar de nuevo.

A partir de eso a mí me surgieron las ganas, pero no pudimos pensarlo como un proyecto serio hasta que, este año, pudimos tener todas las piezas y todos los integrantes.

¿Y cuándo comienzan a hacer temas propios?

F: A partir del año pasado, cuando Andrés empezó a componer.

¿De qué manera componés?

A: Si bien uno puede trabajar haciendo covers o haciendo un repertorio de otras personas, más en un género antiguo como el bolero; personalmente creo y siento que es necesario generar una identidad con la música que estás haciendo… Que no quiere decir que sea la identidad de la persona que compone, sino que, cuando uno presenta una canción a un grupo de personas, ese tema va tomando las características de cada una de las personas que lo integran y termina siendo un producto del colectivo.

En este sentido, ¿qué sienten que les dio hacer covers?

F: Te da la posibilidad de arrancar, porque primero ves cuáles son las características de los géneros, cómo se trabaja, que todo se toca distinto… Por ejemplo: el bolero peruano tiene diferencia con el bolero cubano, es decir, al llegar a cierto lugar, adquiere las características de la zona. A nosotros nos sirvió mucho para aprender el género y acomodarnos al estilo, ya que veníamos acostumbrados al rock y a la cumbia…

A: También sucede que si tú te pones a sacar covers de una persona o de un grupo, empiezas a absorber el género desde la comprensión de ese otro. Entonces después tienes que hacer lo tuyo. Por eso para nosotros en la banda siguen habiendo covers, porque seguimos tocando y aprendiendo.

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¿Cómo podrían definir el género que hacen?

F: Canción latinoamericana, porque tiene esos rasgos, esa impronta latinoamericana.

¿Creen que hay cosas que nos unen como latinoamericanos?

A: Somos hijos del mismo continente, e incluyo a Brasil, porque encuentro que padecemos las mismas cargas económicas y presiones como continente subdesarrollado y tercermundista, mano de obra de las potencias y países que tienen mejor manera de vivir la vida. Entonces, en ese sentido, todos estamos ahí en un mismo saco.

¿Y en relación a lo cultural?

A: Si tú escuchas las voces desde mucho tiempo atrás, o el arte latinoamericano en general, tiene un punto de encuentro: el de la explotación que ha tenido lugar desde que fue descubierta América. Entonces, el arte, cuando empezó a ser arte latinoamericano, con lo primero que se encontró fue con esa explotación de 100, 150 años atrás. Y de esos primeros artistas latinos con una voz propia, salían estos temas. Esto es algo que puede verse en todo tipo de arte: en la pintura brasileña con Oswaldo Guayasamín; acá con la nueva canción argentina, que es la que nace en Mendoza; en Cuba con la nueva canción latinoamericana; con la nueva trova cubana; en Chile con Víctor Jara y Violeta Parra; en Colombia comienza a valorarse lo que es la cultura africana… Es decir, se retoman todos los temas que estaban “metidos debajo de la alfombra” y se genera un carácter latinoamericano que ahora, como hace nuestro sistema, lo vuelven para vender (risas).

Entonces ahí nos estamos encontrando, al principio, en un mismo sufrimiento, el de los esclavos, negros y proletariado; y ahora, bajo un sesgo cultural tremendo. Está todo manipulado para que tú consumas cierto tipo de música o veas cierto tipo de televisión. Entonces en Latinoamérica tenemos todo un camino hecho para las manipulaciones desde siempre y los artistas nos encontramos en ese punto.

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¿Qué pasa con la música?

A: Nos unen las influencias desde la música española, la mezcla de lo afro y de la música de pueblos originarios, en general. Todo es una mixtura, entonces los Latinoamericanos tenemos que entender que ninguno es puro (risas), ni es más que el otro; que todos somos hijos de una misma mezcla de diferentes lugares. Para mí, somos un solo continente que tiene sus propias características históricas, y que es totalmente gigante. Creo que esa es nuestra identidad: la violación, la desaparición, la tortura, la manipulación y también las cosas buenas de la mixtura.

¿Cómo los recibe la ciudad en lo que ustedes quieren hacer?

A: La ciudad se está cayendo culturalmente. No hay bares, no hay boliches, cerraron un montón de lugares, no hay posibilidades de tocar en las plazas, no hay convocatorias abiertas… Incluso debieran de haber programas del estado para poder fomentar la instancia cultural y tampoco los hay. 

Si bien la ciudad de La Plata tiene una gran movida cultural y muchísimos músicos y artistas, no está siendo explotada como tendría que ser…

F: Y estás con el miedo de que puedan llegar a clausurarte. Les ha pasado a muchos compañeros de otras bandas que han organizado fechas a pulmón. Por una parte está bueno manejarse sólo e ir a un lugar y organizar, pero por otra parte igual siguen faltando espacios para tocar.

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Ajo Negro. De izquierda a derecha: Luis Pardo Reyes (guitarra), Joaquín Cichero (teclados), Andrés Del Real Tolosa (voz y maracas), Felipe Muñoz (guitarra y voz), Ariel Manriquez (bajo) y Juan Pablo Ledezma (guitarra).

¿Por qué Ajo Negro?

F: Fue en la búsqueda de algo latino y de cómo sonaba la palabra. Camilo llegó con el nombre, que es el mismo ajo que todos conocemos pero que tiene un procedimiento y diferentes propiedades, y que se ha puesto re de moda. Es como cuando te ponen un sobrenombre y quedás así por el resto de tu vida (risas)… Y quedó así.

¿Cuáles son las próximas fechas de Ajo Negro?

A: 2 de diciembre en Cervecería Preta.

F: Luego, el 9 de diciembre en una varieté que organiza una amiga, en Casa Aquelarre (37 entre 13 y 14).

¿Con qué se encuentra la gente cuándo los va a ver?

F: Con un sonido nuevo y un repertorio latinoamericano. Hay muchas bandas que hacen boleros, pero covers. Nosotros no nos queremos cerrar a ese género, así que también abordamos el son cubano. La idea es explorar los géneros latinoamericanos y cosas nuevas. Y hacemos una apuesta nueva porque hacemos canciones propias.

Este año nos dedicamos a componer, así que tuvimos sólo una fecha de presentación. En ese show, hicimos un homenaje al cantautor uruguayo Daniel Viglietti, que falleció justo esa semana y fue una influencia grande de lo que fue toda la canción latinoamericana; un gran exponente junto a Silvio Rodríguez y Violeta Parra.

A: Tiene un disco con Mario Benedetti recitando poemas que se llama A dos voces que es muy recomendable.

F: Forma parte de un grupo de artistas que en los ’70, antes de la dictadura, tenían una identidad propia y hablaban de la desigualdad y todo lo que nos ha venido pasando como latinoamericanos.

Hay muchas canciones que hablan desde la denuncia, como pueden ser las de este cantautor; pero el género del bolero generalmente se asocia a lo romántico, ¿es así?

F: Es que esa es la discusión con el arte… El artista militante o de izquierda. Para mí es innecesario que se haga un panfleto. La música no debería ser estereotipada. Sí, cuando es necesario, está bueno hacer algo. Nosotros estamos muy influenciados por toda esa música. También tenemos pensamientos y hemos tocado para causas, pero hasta ahora, no tenemos ninguna composición propia en ese sentido.

También hay boleros que tienen mucho machismo, por más que sea romántico. En nuestras canciones claro que eso no está (risas).

A: Nuestra música es romántica y transversal. Puede servir para todo tipo de parejas.

F: Y también son historias que se viven desde el amor. Uno vive mucho a través de la música, se identifica.

23755272_10159550700725133_1596386609730410243_n¿Qué próyectos tienen para el año que viene?

A: Estamos con la idea de grabar el disco. Ya tenemos seis temas propios.

Pero también, más allá de lo económico y de lo que significa el disco en sí, con la tecnología se abrieron otros tiempos y otras oportunidades. Y si bien, seguimos teniendo esa primera meta de grabarlo, no queremos dejar de lado estas nuevas herramientas y plataformas. O sea, hoy puedes lanzar música y no necesariamente tiene que salir en un formato de once canciones.

Tenemos dos videos que son de temas propios y también grabamos un single de estudio, La despedida, que próximamente estará en todas las plataformas. Queremos ir mostrando el material con estas nuevas herramientas.

F: También, seguir trabajando sobre las canciones propias, componiendo, que la banda esté firme, y ponernos más ambiciosos para dar un buen resultado sonoro.

Ciclo Mirá! FBA – Ajo Negro

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Canal YouTube de Ajo Negro

Beto: una serie animada por la inclusión

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella 

“Beto es un niño.

Vive con sus padres y su perro.

No le gustan los caramelos.

Tiene Síndrome de Down.

Para algunos esto puede ser terrible.

 Pero bueno, al fin y al cabo…

…no a todo el mundo tienen porque gustarle los caramelos”

(Beto, la serie)

En una sociedad que históricamente se encargó de ponerle un nombre a todo, de encasillar, de clasificar y estereotipar, donde pareciera ser que nada puede existir si no puede ser nombrado; somos muchísimos los que ignoramos gran cantidad de términos. Esto no está mal; es que sabemos algunas cosas y desconocemos muchas otras.

Durante el siglo pasado, en Brasil, el pedagogo Paulo Freire estudió y desarrolló la educación popular. Uno de sus conceptos claves decía que, para realmente favorecer a una educación liberadora, había que conocer el ‘universo vocabular’ del educando. Porque claro, cada uno conoce lo que conoce a partir de sus vivencias, sus recorridos y de lo que supo conquistar en el tiempo que transitó la vida.

En lo personal, y disculpen si somos autoreferenciales, contadas veces nos tocó tratar con personas con discapacidad. Sí, personas con discapacidad, esa fue una de las cosas que nos enseñó la mamá de Augusto, un chico que tiene Síndrome de Down. Y sí, tiene Síndrome de Down, no lo padece. Tal vez haya quienes padezcan una discapacidad, pero no, no es el caso de Augusto y su familia.

Y es que ignorábamos estos conceptos, porque jamás nadie nos enseñó a hablar del tema. Y fuimos entendiendo y aprendiendo que, cuanto mayor cuidado teníamos con las palabras por temor de herir a alguien, más la embarrábamos.

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Ana Clara Tortone

Hoy la vida nos vuelve a despabilar con otra linda historia. Es que la conocimos a Ana Clara Tortone. Ella nos contó que cuando nació Augusto, uno de sus tres hijos, los médicos se lo llevaron para hacerle los controles de rutina y a los 20 minutos volvieron y le informaron: “está perfecto, es un sol, y sí, tiene Síndrome de Down”. Es el día de hoy que ella agradece a ese pediatra que, con simples pero sabias palabras, le transmitió la noticia y la predispuso de una manera distinta a lo que vendría.

¡Cuánto sabían los médicos! Con 13 años recién cumplidos, Augusto demuestra lo que ellos anunciaban: con su gran personalidad, hace brillar cualquier lugar al que llega. Además, siguen sin gustarle los caramelos, pero le encanta la música, la ópera y el circo. Es una persona sumamente curiosa y tiene una capacidad que muy poco se encuentra en las personas: la de disfrutar de las pequeñas cosas del día a día.

¿Y saben qué? Augusto también tiene su propia animación: ‘Beto, la serie’, una producción que consta de cuatro capítulos y fue realizado por un gran equipo que tiene a la cabeza a Ana Clara y a Dante Sorgentini, primo de Augusto. A través de la técnica del stop motion, esta serie animada se propone acercarnos a la discapacidad, a través del humor y de situaciones cotidianas, con la idea de desdramatizar y superar ciertas barreras del imaginario colectivo.

Fue para Agendarte un regalo conocer esta historia a través de la mirada de Ana Clara, docente y emprendedora por naturaleza, quien nos adentró en la intimidad de este proyecto transmedia que nos invita a levantar la bandera por la inclusión.

¿Qué es Beto La Serie?

Es una serie animada de cuatro capítulos de tres minutos cada uno, hecha en stop motion: una estética que es antiquísima y que permite animar objetos inanimados mediante el procedimiento del “foto a foto”. Cada movimiento requiere entre 23 y 25 fotogramas que después, al editarse, dan como resultado que el personaje sonría, camine, levante la mano y haga todo.

¿Cómo surge la idea de hacerla?

Al principio, surgió como un proyecto meramente audiovisual, y al poco tiempo fue mutando a ser  transmedia. Investigamos y fuimos descubriendo la manera de abordarlo desde distintas plataformas, pero no replicándolo de un medio a otro de manera idéntica, sino adquiriendo el lenguaje específico que cada medio va imponiendo. Es decir, una línea narrativa distinta para cada plataforma, porque no contás de la misma manera algo para la televisión, que para la web, para Facebook, o para Youtube.

 

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¿Dónde podemos encontrar los capítulos completos de Beto La Serie?

En Youtube están disponibles para descarga gratuita en todo el mundo y también en nuestra Página Web

Este proyecto lo llevás adelante con Dante Sorgentini, tu sobrino…

Sí, Dante es Director de cine. Él tenía también muchas ganas de incursionar en el mundo del stop motion y vio en esto la posibilidad ideal de crear desde cero.

¿Piensan hacer más capítulos?

El sueño siempre está. No sé si la película, porque es demasiado ambicioso, pero sí nos encantaría hacer, al menos, otra temporada. La realidad es que el stop motion es muy caro de hacer…

¿Tuvieron apoyo de algún organismo?

Mínimo. En el 2012 ganamos un premio del INCAA que daba un subsidio para realizaciones de productoras que tuviesen un primer proyecto. Era un concurso abierto a lo federal para series temáticas y había una categoría que era “Familia y Discapacidad”. Así que nos presentamos,  ganamos y nos dieron un subsidio de 80.000 pesos. El presupuesto total terminó siendo cerca del medio millón.

Finalmente, una parte mínima se cubrió con aportes personales y el resto no se pagó nunca, fue trabajo de profesionales que aportaron su trabajo y experticia para poder participar del proyecto y que se hiciese realidad. Mucho a pulmón…

Luego de ganar ese subsidio, ¿Ccmo continuó el proceso hasta el estreno de la serie?

Empezamos el proyecto a mediados de 2011 y la serie se estrenó en diciembre de 2013, así que fueron dos años y medio de arduo trabajo. Tengo que sacarme el sombrero ante el equipo, porque terminaban de cursar o trabajar y se iban al estudio que habíamos montado, un pequeño local que habíamos alquilado en la calle 17 y 63, y ahí sucedía la magia.

¿Quién es Beto?

Es un niño que vive con su mamá, su papá y su perro; que está presentado como alguien curioso, como cualquier niño que está entre los 6 y los 8 años. Tiene como particularidad que no le gustan los caramelos y que tiene Síndrome de Down.

Esos 4 capítulos, que están basados en hechos de la realidad, nos muestran anécdotas donde no se habla del Síndrome de Down, sino que lo que se muestra son situaciones que pueden pasarle a cualquier niño. Esa es la idea.

Y está basado en Augusto, tu hijo…

En experiencias con Augusto y algunas experiencias de otras familias con las que hemos conversado o que conocíamos, pero que no están plasmadas fidedignamente para evitar herir algunas suceptabilidades. La idea que siempre tuvimos es no señalar ni estigmatizar, sino ofrecer una mirada desde lo positivo, mostrando otra manera de hacer las cosas.

¿Quiénes le pusieron la voz a los personajes?

A la mamá, Jordana Eddi, actriz y emprendedora cultural. Al papá, Roly Serrano con el que tenemos un vínculo familiar porque Dante es su hijo del corazón; se crió con Roly y con su mamá, que falleció hace unos años. En el momento en que estábamos empezando con el proyecto, Roly dijo que quería estar. Y de hecho, si observás la figura del papá de Beto, se parece mucho a él (risas). Y la voz de Beto la hace Augusto, porque queríamos visibilizar cómo es la realidad cotidiana de un niño con Síndrome de Down que puede tener dificultades para comunicarse; que suele ser una característica bastante común y que quisimos poner en la pantalla, no disimularla.

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¿A qué público intentan interpelar? Porque por la gráfica pareciera ir apuntado para niños, pero se enganchan hasta los más grandes. Y al fin de cuentas, los niños no discriminan, para ellos Beto podría ser otro niño con el que pueden jugar

Cuando tuvimos que decidir a qué público iba dirigido, porque es algo que te preguntan en todos lados, nosotros decíamos: ‘esto es para la familia’, apostando a que cuando el niño elige algo para mirar, al lado hay un adulto que está participando de esa selección.

Apostábamos a lo que con alegría comprobamos que sucede: el adulto que le ayuda al niño a seleccionar el programa que quiere ver, se queda mirando y se engancha. Obviamente, hay una invitación a poner en crisis, en el buen sentido, y en invitarte a reír de algo que está sucediendo y que, en definitiva, está hecho con una estética que atrae antes que nada a los niños, porque creemos que ellos son el futuro. Entonces, si logramos instalar en ellos una mirada ya natural de la discapacidad, tenemos gran parte del terreno ganado, y el adulto que está cerca también tiene posibilidades de ponerse a pensar en el tema.

¿Qué tiene Beto de Augusto y que tiene Augusto de sí mismo?

Augusto de Augusto tiene todo lo que ha podido y ha querido descubrir y tomar para sí. Es un niño absolutamente libre para elegir todo, desde la ropa que se pone, que es genial porque él te demuestra su estado de ánimo a través de esa elección. Y la verdad que, cuando se siente ganador, se viste de super héroe (risas). Ahora tiene 13 años y está entrando en la etapa de que le encanta ponerse un jean y una camisa fachera…

Es un chico que te divierte y que te da ganas de compartir cosas con él… Le encantan todas las manifestaciones artísticas, le llama muchísimo la atención la música, la ópera… Porque todo aquello que a alguien le puede sorprender, a él le fascina.

¿Y qué tiene Beto de Augusto? La gracia con la que se mueve. Tiene una gran facilidad para moverse con el cuerpo. Augusto es una acróbata, de chiquito hizo circo y en casa hay una cama elástica, y él juega mucho ahí… Tiene esos pelos rubios que tenía cuando era más chico, que ahora ya los tiene más castaños. Y tiene esa capacidad de alegrarse y disfrutar de las pequeñas cosas del día a día, que eso es algo que tiene Beto de Augusto y que yo envidio y admiro de mi hijo.

¿Cómo apareció el diseño de Beto?

Es de una foto. Íbamos en el auto rumbo a la casita de fiestas donde íbamos a celebrar su cumpleaños de 3 y Augusto iba sentado en el asiento de atrás del auto. Habíamos inflado los globos en casa para ganar tiempo y los habíamos puesto en su asiento. Cuando arrancamos, me di vuelta para verlo y estaba con la cara iluminada porque estaba en el medio de todos los globos y la estática le había parado todos los pelos. Obviamente ese momento quedó inmortalizado con una fotografía y, después mirando fotos para diseñar el personaje, esa fue la que ganó… por eso los pelos de Beto son así (risas).

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¿Cómo ves el tema de la inclusión y de la consciencia social en lo cotidiano en la ciudad de La Plata?

Yo no me animo a decir qué nivel tenemos en un ranking. Creo que en todo el país hace falta trabajar para mejorar nuestro índice de accesibilidad.

Hay un trabajo muy interesante que se está haciendo desde la Facultad de Ciencias Económicas en relación a la accesibilidad de personas con discapacidad a la Facultad. Los responsables de ese área, que a su vez son Licenciados en Turismo, están tratando de construir un índice con relación a las ciudades.

Creo que en la ciudad de La Plata, la inclusión es todavía un acto voluntario de las personas que van tomando consciencia. Entonces entiendo que todavía nos falta, pero a mí siempre me gusta pensar en lo que se está haciendo y veo que hay mucho movimiento al respecto, que el tema de la accesibilidad dejó de ser indiferente o, al menos, se está empezando a conversar. Si bien pienso que estaría bueno dejar de analizar y empezar a concretar; por el momento, está buenísimo que el tema esté cada vez más instalando y sea más la gente a la que no le pasa inadvertido el hecho de que haya una rampa tapada, una escalera de más, o una rampa de menos. Pero creo que hay mucho por hacer todavía.

Incluso, falta un trabajo desde las escuelas…

Es que no le podemos pedir a las escuelas lo que no hacemos como sociedad. Pero también es cierto que, si empezamos a instalar fuerte el tema y las acciones, no va a haber instituciones que digan “yo en esta no participo”.

Creo que hay que hacer un trabajo profundo desde la formación profesional docente. Me gusta pensar en la idea de poder empezar a replantearnos la formación de los educadores. Hoy nos encontramos con docentes que se forman para escuelas comunes y docentes que se forman para escuelas especiales. Para mí, en esta altura del mundo, esa división ya no existe. Creo que deberíamos apostar por una formación universitaria orientada a ser docente, con todo lo que eso implica, porque si en la sociedad estamos todos juntos, en la escuela tenemos que estar todos juntos. Donde cada institución y cada escuela pueda conformar su equipo docente con la mezcla de “expertise” que más le guste. De hecho, hay trabajos hechos por profesionales que desde hace tiempo promueven eso: no más escuela común y escuela especial, sino escuela con todos: docente común y especial trabajando juntos en una misma institución.

Creo que, si la ciudad de La Plata pudiese ver eso como una oportunidad, se podría empezar a trabajar; siempre pensando que hay mucho por hacer y que hay mucha voluntad de hacer.

Desdramatizar la discapacidad | Ana Clara Tortone | TEDxUCES

Asociación Patín Velocidad: ejercicio, adrenalina y ruedas en acción

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

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Rosina Bertolini, integrante de Asociación Patín Velocidad

Rosina Bertolini es Ingeniera Química y se dedica a la gastronomía pero, en paralelo, lleva otra gran pasión en sus pies. Es que junto a Andrés Nonell y Pablo Glenza, forma parte de la Asociación Patín Velocidad, una organización sin fines de lucro nacida en la ciudad de La Plata en el año 2015 como una escisión de La Plata Rollea, que busca incluir mayor adrenalina, velocidad y competencia al deporte.

A partir de ese momento, dicha organización se fue abriendo camino, conquistando nuevos horizontes y representando a la ciudad de las diagonales alrededor de todo el país y también de manera internacional, a base de grandes reconocimientos. 

Hoy, confiesan que aún les queda mucho camino por recorrer y un sin fin de objetivos por alcanzar, entre los cuales se encuentran el gran sueño de contar con una pista “circuito ruta” para entrenar. Sin embargo, no bajan los brazos y van conquistando metas a paso firme. Fue así como este año, la asociación entró en relación con una escuelita que funciona como un semillero de futuros patinadores a nivel profesional en pos de que el deporte continue creciendo.

Desde Agendarte hablamos con Rosina, quien nos adentró en el apasionante mundo del patín velocidad, disciplina que demanda una alta preparación física y mental y que tiene como ingrediente esencial, la autosuperación.

¿Qué es el Patín carrera?

Una disciplina y deporte que requiere mucha dedicación. En lo personal, es una pasión, algo que siento mucho y a lo que necesito dedicarle mucho tiempo para poder alcanzar un buen nivel. Ojalá el día de mañana acá en La Plata podamos contar con una pista; y si es homologada para competencias internacionales, ni hablar, sería un sueño. Todavía tenemos mucho que transitar para poder lograrlo. Creemos que la escuelita a futuro nos va a traer muchas cosas, entre las cuales posiblemente esté la pista. Así que, todo lo que podamos hacer a través de la Asociación para desarrollar y fomentar esta actividad, lo haremos.

¿Cómo surge la Asociación Patín Velocidad de La Plata?11914964_503341646497332_5313885607304414511_n

El grupo de Patín Velocidad está integrado por patinadores que nos iniciamos andando en rollers en la calle. En la ciudad, hay un solo grupo que es La Plata Rollea y la mayoría de los chicos se iniciaron ahí.

Por interés personal, nos fuimos acercando a lo que son las competencias y las carreras a nivel amateur. Si bien en La Plata no hay, en Capital esto está mucho más desarrollado. Así que, buscando la velocidad y con el interés de progresar, es que nos fuimos acercando a las competencias. De esta manera, nació un subgrupo de lo que es La Plata Rollea, más enfocado a lo que es la velocidad y las carreras.

¿Y cómo fue ese proceso?

Tuvimos que ir modificando nuestros patines para acercarnos más a lo que es el patín carrera… Es decir, le cambiamos el chasis para poder incorporarle ruedas más grandes; la bota, que en el roller es de caña alta, la fuimos achicando para llegar a lo que son los patines de carrera.

En definitiva, en La Plata hoy por hoy somos el único grupo que estamos en forma amateur participando del patín velocidad. De todas maneras, hay que aclarar que de forma profesional no podría hacerse ya que no hay un club donde se pueda entrenar.

¿Cómo funciona la Asociación Patín Velocidad de La Plata y desde qué año?

La Asociación nace a partir de una necesidad porque, en una época, nos encontrábamos entrenando en la calle 43, que corta Refinería al medio y que une Ensenada con La Plata… Teníamos que entrenar muy tarde, a partir de las 22 horas, que es cuando baja un poco la cantidad de tránsito. Hoy por hoy, esto es una locura, pero lo cierto es que en aquel momento era el único lugar que teníamos.

Afortunadamente, por una de esas casualidades de la vida, pasamos por le CEF (Centro de Educación Física) y vimos que había un circuito, así que preguntamos cuáles eran las condiciones para poder ingresar a practicar y llevar nuestros entrenamientos ahí. Como eso dependía del Ministerio de Educación, teníamos que tener un profesor a cargo de las clases, o bien, ser una entidad con personería jurídica. Y así fue como en el 2015, se crea la Asociación Patín Velocidad de La Plata, una organización sin fines de lucro.

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¿Qué actividades realizan desde la Asociación Patín Velocidad de La Plata?

Actualmente, no estamos yendo al CEF porque no tenemos la formalidad de autorizados ya que están arreglando la pista de atletismo y debieron mover el resto de las actividades. Entonces, está superpoblado y nos pidieron amablemente que, por el momento, suspendamos. Así que estamos esperando que las cosas se arreglen para que el grupo de la Asociación Adultos pueda retomar los entrenamientos.

Lo que estamos haciendo, como siempre, es ir a la Isla Santiago que es la salida clásica de velocidad que hacemos todos los domingos por la tarde. Es una salida de aproximadamente 36 kilómetros entre ida y vuelta, que mezcla lo urbano y lo agreste, donde tenemos tramos de largas distancias que nos permiten hacer fondo y agarrar buen ritmo. Si bien los domingos tiene algo de tránsito, porque es un espacio recreativo, es un lugar que podemos aprovechar bien.

¿También tienen una escuelita?

La escuelita se incorporó este año en la ciudad de La Plata. En realidad, no está estrictamente vinculado con la Asociación, sino que se trata de un programa de Nación respaldado por el municipio que tiene por objetivo crear un semillero de futuros patinadores a nivel profesional.

La relación se da porque el profesor de la escuelita es Andrés Nonell, quien es presidente de la Asociación Patín Velocidad. Andrés trabaja en colaboración con Marianela Giménez, que es una patinadora de Mar del Plata y que se encuentra viviendo en La Plata. Ella sí estuvo formando parte de la Selección Argentina, sigue compitiendo a nivel nacional, representó a la Argentina en las competencias de patín carrera y tenemos el honor de que colabore en este semillero.

¿La escuelita también funciona en el CEF?

Sí, y por el momento la actividad se está desarrollando en las canchas de básquet, ya que todavía no necesitan el circuito, aunque en breve lo van a necesitar para poder desarrollar mejor la actividad.

En el mejor de los casos, la disciplina se desarrolla en una pista de patinaje de velocidad, es decir, en un circuito ruta, como se le llama a nivel profesional, que es como una calle asfaltada. Hoy eso en La Plata no existe, y ni siquiera el circuito del CEF serviría porque, si bien es un circuito cerrado y seguro a nivel de tránsito, tiene sus limitaciones como que el asfalto no es bueno, porque tiene mucho pasto y gramilla.

Cabe aclarar que, si bien la escuelita es para niños de 6 a 13 años, no está estrictamente limitada la edad, es decir, pueden iniciarse adolescentes. Y después está el grupo adulto, que son quienes tendrían que venir con nosotros si quisieran desarrollar la velocidad.

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Salida a la Isla Santiago con La Plata Rollea

¿Qué vínculo mantienen con los chicos de La Plata Rollea?

Nosotros tratamos de sumarnos en algunas de las salidas de ellos. De hecho, hay chicos que hacen el entrenamiento de ellos y el nuestro. Digamos, es más probable que de La Plata Rollea vengan a nuestro grupo, a que directamente se inicien con nosotros. Podríamos decir que La Plata Rollea es una especie de semillero con relación a la Asociación Patín Velocidad de La Plata.

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¿Participan de competencias nacionales e internacionales?

A nivel nacional, este año las carreras se repartieron en diferentes provincias. Hasta hace algún tiempo, había una empresa que se dedicaba a organizar carreras amateurs de rolllers, pero últimamente solo se dedica a llevar grupos internacionales.

Después está Buenos Aires Roller, una empresa que organiza carreras muy explosivas que en general se hacen en los bosques de Palermo. Son tres carreras en el año en las que se asocia Farmacity como patrocinadora. Muchas son de recorrido corto. Además, realizan el Festival de Bienestar,en donde Farmacity pone stands y convoca mucha gente y llegan desde varias provincias para participar.

Este año, fuimos a correr a Santa Fe donde, por primera vez, se hizo una carrera de rollers amateur de 42K.

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Por otro lado, el 26 de noviembre habrá una en Gualeguaychú a la que tenemos ganas de ir. Y finalmente, queda una más para el 9 de diciembre en el Circuito Nacional Master que es en Ezeiza y se hace conjuntamente con la Confederación Argentina de Patín y pertenencen al calendario de carreras profesional. Ahí invitan a los que son rollers amateur avanzados.

También participamos internacionalmente en la maratón de Berlín en el año 2014 y también se hizo una carrera en Montevideo. Tratamos de ir a la mayoría de los encuentros que se hacen porque son pocos y la idea es aprovecharlos porque es el momento en donde medís resultados y todo el trabajo que venías haciendo de entrenamiento.

Obviamente, a veces se complica por un tema de recursos. Nosotros hacemos todo a pulmón; no tenemos sponsors ni empresas que nos quieran auspiciar; por ejemplo, para hacernos una indumentaria adecuada. Y la verdad es que no nos va mal en las carreras; siempre hacemos podio y sería una forma de darle visibilidad al grupo de La Plata.

Otra cosa que creemos importante es vincularnos con los medios, porque muchos desconocen esta disciplina que es una actividad deportiva en donde la autosuperación vale mucho. Tenés todas las posibilidades: la recreativa, de salir a andar; y la competitiva. La propuesta es siempre llegar a más.

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¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a practicar patín carrera?

Le diría que se anime. Aquellos patinadores que quieran tomarse esta actividad como una disciplina de entrenamiento y una actividad deportiva, se las recomiendo altamente. Andar en rollers es algo que lo llevás adentro y que es algo que te genera adrenalina todo el tiempo, que mezcla deporte con alto riesgo. Es una linda actividad que mezcla lo urbano y lo agreste, la adrenalina, el ejercicio.

Aquel que quiera sumarse a nuestro equipo, nos pueden contactar a través de la página de Facebook: Asociación Patín Velocidad La Plata. Ahí publicamos todas nuestras actividades, las participaciones en las carreras, las salidas, entrenamientos. Estamos abiertos a todo aquel que quiera empezar.

 

 

“El candombe en Tolosa suena todo el año y todos los fines de semana”  

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Laureano Arau

Fundada en 1871, Tolosa siempre tuvo una identidad ferroviaria. Pero lo que pocos saben es que, en los últimos años, en ese barrio de la ciudad de las diagonales se gestó un importante movimiento ligado al candombe uruguayo.

Con la presencia de referentes tales como Juan José Colombo, el primer fabricante de instrumentos de percusión del país; Santiago Larcamon, el primero en la  creación de tambores de candombe en la ciudad; y Miki del Pozo, pionero en percusión; el candombe se fue consolidando en el barrio.

Hoy, totalmente instalado en la ciudad, celebra dos llamadas en el año. Una de ellas es Tolosa Barrio del Tambor, a cargo de la Comparsa Eribó. La misma, tendrá lugar el próximo sábado, desde las 16 horas en la plaza central de Tolosa, frente a la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, emplazada en 115 y 530.

En el marco de este evento, Laureano Arau, director de la Comparsa Eribó Candombe, nos abrió la puerta de su taller para contarnos sobre la historia del candombe, valiosa herramienta para el trabajo social y la creación de lazos entre los vecinos del barrio de Tolosa; y los detalles del VII llamado que impulsan desde el grupo para promover esta cultura y mantenerla más viva que nunca.

¿Cómo te iniciaste en el armado de tambores?

Hace 14 años conocí el candombe, por intermedio de La Sonora, un grupo reconocido por donde han pasado muchos músicos de excelente nivel de la ciudad de La Plata. En ese momento, La Sonora tenía la banda y los talleres, y yo era estudiante de música de la Escuela de Arte de Berisso.

Antes había estudiado de manera particular con el bajista Omar Gómez, con quien tengo una relación heredada por mi viejo. Él tocaba en La Sonora, uno de los primeros grupos que, dentro de su repertorio, tenía la rítmica del candombe. Ellos cerraban sus shows con una cuerda de tambores, del conjunto de tres: del más agudo al más grave; chico, repique y piano.

 

¿Cómo surge la idea de traer el candombe acá a Tolosa?

La primera comparsa que se armó acá en el barrio se llamó Loja 932 y aún hoy sigue estando. Yo participé el primer año. Había tocado muy poco en la Escuela de Arte de Berisso, en algunos talleres que daba también el pianista de La Sonora, Alejandro Rodríguez. Y de curioso, porque no tenía los recursos económicos para pagarme unas clases particulares, les cambiaba laburar y ayudarlos con los equipos por clases de bajo o de tambores.  

Después entré a un grupo de la comparsa de Ensenada, hasta que nos fuimos con un grupo grande y armamos otra allá, que también existe hasta el día de hoy y se llama Tambores Tintos. Ahí participé durante seis años y ya había empezado a viajar con mucha asiduidad a Montevideo. Empecé a armar mis relaciones de aprendizaje allá, investigando sobre las raíces del candombe y sus comparsas, la cultura y lo que representaba para la población negra de Montevideo.

¿De dónde nace el Candombe?

El Candombe es montevideano. Hoy en día, es Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. Es la mezcla de un montón de costumbres, de etnias, de negros que vinieron de tráfico forzado con carácter de esclavitud; que tiene todo un desarrollo y un acervo de tradiciones traídas por esas etnias.

En época de colonia, a los negros se les permitía agruparse, según su procedencia, en las salas de nación, en donde se reconstituían y se regeneraban las costumbres traídas desde sus lugares de origen. Cada sala de nación tenía su rey y su reina y funcionaban como asociaciones de ayuda mutua para pagar liberaciones de esclavos, para atender miembros que caían por enfermedades.

El día importante y más tradicional para el candombe, es el 6 de enero, Día de Reyes. Hay un proceso llamado sincretismo religioso que se da en toda América, en el cual los negros enmascaran su religiosidad dentro del catolicismo como religión impuesta. Entonces, el 6 de enero, le dan a la imagen del Rey Baltazar, que es la imagen negra, carácter de santo.

¿Cuándo surge Eribó y cuántas personas la integran?

Surge a fines del 2008 y la conforman unas 30 personas. Tenemos también una red de amistades que nacen en función de la misma búsqueda porque, desde un principio, la comparsa tiene dos lineamientos como base.

¿Cuáles?

Por un lado, la investigación y el aprendizaje del Toque de Cuareim, que es uno de los toques tradicionales de Montevideo, junto con los otros dos que son Toque de Ansina y Toque de Cordón. Los tres corresponden a barrios de Montevideo. Es decir, la manera de tocar, la energía que provoca y que necesita esa manera de tocar, de hacer candombe. Eso nos condujo a tener un intercambio rico y fluido con referentes de ese barrio Sur, nacidos en el conventillo Medio Mundo donde se gestó el Toque de Cuareim.

Por otro lado, el trabajo barrial, social. El candombe tiene esa impronta. Es una herramienta poderosa a nivel socio cultural. Brinda muchas posibilidades que, desde lo personal, yo no he encontrado desde otros lugares. El barrio tiene una identificación fuerte con la comparsa y nosotros, obviamente, con el lugar de donde somos. Hay participación vecinal y vínculos y experiencias que se van dando de volver a generar costumbres en el espacio público, que si bien en Tolosa existen, muchas situaciones del momento hacen que la gente esté más adentro de sus casas. Entonces, de esta manera, mantenemos el vínculo con los vecinos que salen a la vereda, sea de día o de noche. Se comparte.

 

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¿Qué significado tiene Eribó?

Es un tambor de origen yoruba, una etnia africana muy importante en cuanto a la expansión que tuvieron: abarcaron casi la mitad de la parte norte del continente.

El nombre para la comparsa salió de un libro muy interesante, que se llama Las culturas neoafricanas. En el mismo se detallan, de manera teatral, diferentes rituales yorubas como la ceremonia en el fuego previa a la procesión, la marcha de tambores, el encuentro en una plaza central frente al templo, etcétera… Nosotros nos juntamos en la plaza central de Tolosa, frente a la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, entonces encontramos esa similitud azarosa y decidimos tomar el nombre del tambor Eribó, que era el que se usaba en esa ceremonia.

Explicaste que hay tres barrios de Montevideo (Palermo, Sur y Toque de Cordón) que se dedicaban al candombe y ustedes tomaban uno: ¿qué estilo tiene o qué estética lo marca?

Los barrios en sí son dos y están uno al lado de otro: Barrio Sur y Palermo. De ahí la popular frase de Jaime Roos, un músico uruguayo de la onda de la murga, pero que también tiene sus candombes, “son Sur y Palermo, rivales y hermanos”. Siempre es esa competencia sana de barrio. 

Sur tuvo un conventillo demolido en la última dictadura militar uruguaya que se llamaba Medio Mundo, con una cantina al lado que se llamaba “Yacumenza” y era de unos italianos, que le pusieron ese nombre porque se quejaban de que arrancaban con los tambores de temprano entonces decían ‘Ya cumenzan con los tambores’… (Risas) 

El espacio del candombe era dentro de ese conventillo Medio Mundo, que estaba sobre una calle que se llamaba Cuareim, hasta que en la última dictadura lo demolieron y desparramaron a toda esa gente y la separaron para tratar de “disolver” toda esa resistencia que se generaba ahí. Si bien los negros no eran bien vistos y se intentó frenar ese movimiento, esto era algo que resultaba ser imparable, no solo estaba en todo el mundo, sino que hoy es el slogan de Uruguay como país a nivel cultural. O sea, como dice el dicho: “lo que no te mata, te fortalece”. Y esa calle, Cuareim, es la que le da el nombre a una manera de hacer candombe que tiene la particularidad rítmica de que es un toque más lento, más cadencioso. Por ende, a la hora de bailar tiene movimientos y una gestualidad muy sensual.

Todo esto difiere de lo que se daba en las casas de inquilinato de la calle Ansina del barrio Palermo, de donde surge una manera de hacer candombe y de tocar mucho más agresiva y rápida, por lo que su correlato en la danza y en los personajes son distintos. Es decir, son como dos extremos. 

Para mí, el candombe tiene eso de que es muy sensorial, pero energético; tanto por lo que mueve como por lo que puede provocar, es decir, a los lugares a los que puede llevar a cada persona en el momento de hacerlo. El que más va con mi manera de hacer por cómo soy yo, es el de Cuareim. Creo que por eso la identificación automática desde que empecé a tocar y me enteré que había más de una manera de hacerlo. Sin embargo, conozco sobre los otros barrios, conozco gente y sigo teniendo la oportunidad de compartir momentos y charlas, pero hay cosas que son para uno y cosas que no.

¿Qué son las llamadas de candombe?

A los desfiles de comparsa de candombe se los llama “llamadas” en Montevideo. En los días festivos como el 1 de mayo, 24 de diciembre, 31 de enero; se comenzaban a hacer visitas a los vecinos y a tocar en las calles. Entonces, ese vecino tenía que tener una bebida o algo para convidar en la casa a los que iban llegando. Pobre al que le tocaba último (risas).

El sonido del tambor iba comunicando que se iban acercando a las distintas casas y a medida que hacían estas paradas, sumaban más gente. Y así, hasta el final de la recorrida que era un barrio entero con su cuerda de tambores y la gente bailando, acompañando.

Ustedes ahora hacen la VII llamada…

Sí, como cada año bajo el nombre Tolosa Barrio de tambor. Y es una propuesta que nos hizo un pionero de la percusión en La Plata que es Miki del Pozo. Con él armamos un grupo para tocar unas canciones y se le ocurrió esto de armar una fiesta con el nombre Tolosa Barrio del Tambor.

Si bien Tolosa no tiene una cuestión histórica con el candombe, ni es un barrio fundado por negros; hay familias muy antiguas morenas que tienen que ver con la percusión. Igualmente, Tolosa en sí es un barrio ferroviario y esa es la identidad del lugar. 

Cabe destacar también que en este barrio vivió Juan José Colombo, el primer fabricante de instrumentos de percusión del país, y también vivió Santiago Larcamon, el primer fabricante de tambores de candombe en la ciudad. Además, es el barrio que tiene mayor densidad de comparsas, donde se hacen las únicas dos llamadas de candombe en el año en la ciudad de La Plata.

El candombe en Tolosa suena todo el año y todos los fines de semana. Hubo una época donde había mucha juntada espontánea en el barrio. Estábamos todos alborotados con el tema del candombe, entonces todo era cuestión de armar un fueguito rápido en la esquina y aparecían los tambores.

Decías que hay dos llamadas anuales en la ciudad, ¿cuáles son?

Una es la nuestra, Tolosa Barrio del Tambor, que generalmente se hace en noviembre. Y después está el Candombe del 25 que se hace para la semana del 25 de mayo. Se trata del desfile más antiguo de la ciudad y comenzamos organizándolo cuatro comparsas, aunque actualmente no estamos en esa organización.

 

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¿Con qué se viene esta séptima llamada?

Nosotros tenemos una idea de comparsa para toda la familia, así que va a ser un día para compartir, también entre amigos y vecinos, donde habrá una feria artesanal.

En lo que respecta al candombe, participarán unas 10 o 12 comparsas que van a hacer un recorrido de seis cuadras, saliendo desde la Plaza del Carmen, que es 115 y 530, y bordeando dos manzanas para terminar a una cuadra, en 115 bis y 530, que es donde está el escenario y el mural, que es el más grande de la ciudad de La Plata y tiene toda una narrativa de la historia del candombe. Actualmente, estamos con un proyecto de restauración del mismo, ya que se llevó la paliza de la lluvia de la inundación del 2 de abril y está para restaurar.

En el escenario se van a estar presentando una o dos bandas de candombe de Buenos Aires, y habrá algún espectáculo de Montevideo, porque la idea es generar un puente entre la gente que nos visita y nuestros propios vecinos. 

Además, el cierre estará a cargo de Eduardo Da Luz, un referente del candombe canción por su lugar de procedencia, por su nivel musical y por la época en la que vivió. Antes va a haber otro grupo que viene de Escalada, un barrio ferroviario con el que tenemos nuestras afinidades. Ellos traerán su versión de grupo musical.

Por otra parte, vamos a contar con la intervención de Territorio Tolosa, un grupo de arquitectos que ganaron una beca del Fondo Nacional de las Artes en arquitectura y que hicieron todo un trabajo de redescubrimiento y contemplación urbana del barrio. Ellos vincularon a más de 50 personas que trabajamos por y para la cultura en Tolosa e hicieron una muestra enorme que va a estar sintetizada pero funcionando el día de la llamada.

Es algo muy lindo porque se arma una actividad de todo el día, es decir, la llamada deja de ser solamente de las comparsas de candombe, para ser un evento que tiene inicio a las 16 y finaliza a las 00 horas. 

Cada grupo tiene una particularidad, ¿cuál sería la de Eribó?

Hay multiplicidad de búsquedas, de visiones, de maneras de organizarse. Nosotros tenemos como premisa la autogestión, es decir, no recibimos, pero tampoco buscamos aportes de lugares privados ni del estado. Lo que sí respetamos, como una cuestión protocolar con el municipio, es todo lo que tiene que ver con las autorizaciones necesarias para hacer un evento en la vía pública. La idea es garantizar seguridad para la gente y para las comparsas… Entonces, en eso sí somos respetuosos, lo mismo que con la delegación, con la comisaría. Esas cosas sí mantenemos como formalidad. 

Pero tenemos la premisa de la autogestión, así que son rifas, peñas, actuaciones en fiestas… Y de ahí se generan los fondos.

Contacto

Comparsa Eribó Candome- Facebook

 Tolosa Barrio del Tambor- Evento en Facebook

 

“El arte es un vehículo fabuloso. Además de transmisión, es sanación”

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

“Nuestros recuerdos corren como el agua, nuestra memoria cristaliza la historia en un ritual de relatos únicos, que hablan de momentos en esencia inolvidables, de sustancia perpetua”.

Memorias del agua

 

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Emiliano Sette y Josefina Cañón Martínez, Directores de Memorias del Agua

Los seres humanos, al igual que el planeta, estamos hechos de poco más de un 70% de agua… Pero alguna vez, ¿te pusiste a pensar qué recuerdos te despierta este elemento?, ¿en cuántas formas se manifiesta en la historia de nuestras vidas? o ¿cómo se puede hacer presente en un beso, en una lágrima?

Esas son una de las tantas preguntas que evoca Memorias del agua, la nueva promesa de Nebula, una compañía de arte acrobático nacida en la ciudad de La Plata. Es que la misma, persigue el deseo de contar historias de vida desde la sinergia de varias disciplinas como el circo, la danza, el teatro, la acrobacia y la música.

Desde las entrañas de esa confluencia, nace su nueva obra en la que seis acróbatas, acompañados de música en vivo y a través de sus cuerpos, revivirán en el  movimiento historias que nos enlazan con el agua y con nosotros mismos, apuntando a despertar nuestra conciencia y buscando atravesar la experiencia del recuerdo. 

A días del estreno, que tendrá lugar el próximo viernes 17 de noviembre en Doble-T, Agendarte tuvo el placer de conocer a sus directores, Josefina Cañón Martínez y Emiliano Sette, y a su compañera de equipo, Vanesa Ben, quienes nos conducen por un ratito a las profundidades de esta obra que promete interpelarnos, modificarnos y emocionarnos hasta la última fibra.

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NEBULA, Compañía de Arte Acrobático

¿Qué es Nebula, La Compañía? 

Josefina: Nebula es una compañía de arte acrobático que se encuentra al servicio de contar historias. Es decir, básicamente, es la unión de artistas, de personas con ganas de dejar un mensaje. 

¿Qué es el arte acrobático? ¿Tiene relación con el circo?

J: Sí, tiene relación con el circo y nuestra formación también. Acrobático: porque estamos muy trazados a esa disciplina. Nos gusta mucho, nos inquieta, y como tal, lo ponemos al servicio. Arte: porque surge de la necesidad de contar y expresar.

Vanesa: Y ese espacio lúdico al que apunta el arte, más allá de la cuestión circense que habla de un dramatismo y demás.

J: La construcción casi cognitiva de lo que es el circo, está vinculado de alguna manera a la proeza… y si bien nos representa esto de “sacar trucos”, como decimos; está al servicio de lo que queremos contar. Nos interesa que lo que estemos haciendo, cuente; y no que sea un despilfarro de movimiento. Y siento que lo que hemos conseguido, entrenado con muchísimo esfuerzo e investigando.

Emiliano: Nace fundamentalmente de una gran inquietud de abordar distintos elementos del lenguaje del movimiento. Por eso se fusionan tantas cosas.

A mí, en lo personal, la obra me dejó un enorme aprendizaje porque además de haber dirigido por primera vez teatro, lo hice de la mano de Jose que tiene un montón de experiencia; y los chicos, por su parte, fueron brindando muchísimos aportes desde su disciplina. Y es en la fusión, en la sinergia, donde crece un aprendizaje enorme para todos. 

V: La complementariedad y esta gran humildad que tienen los grandes profesionales de estar abiertos al crecimiento constante, al aprendizaje y a la propuesta hace que esta Compañía tenga las puertas abiertas a la innovación. Jose y Emi pusieron el cuerpo, el alma y tradujeron la idea para sacar lo mejor de cada uno de los artistas que hoy forman parte de esta obra. Cualquiera que se adjunte a esta compañía, le va a pasar lo mismo: se va a capacitar, se va a transformar, no va a ser el mismo. El público tampoco va a serlo, una vez que pase por Memorias del agua.

¿Qué es Memorias del agua? ¿Y cuál es el significado del nombre?

J: Memorias del agua es una obra que, principalmente, utiliza la danza, la acrobacia, el teatro y la música como disciplinas para contar historias comunes, historias de personas, recuerdos, memorias y relacionarlas con las formas del agua… Por ejemplo: desde cómo se conforma un beso, que es un 60% de agua, hasta memorias de la inundación que tuvimos acá en La Plata y que, para muchos de nosotros, fue muy relevante… Nosotros y los artistas que integran la obra, tuvimos muchísimo que ver en las historias que contamos.

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O sea, que la gran historia que es esta obra está conformada por vivencias y cuestiones personales de cada uno de sus integrantes. 

J: Sí, son historias de vida. La gran mayoría somos de La Plata, y los que no, vivieron acá o pasaron por este lugar, así que son historias que en general nos unen. Y tenemos esa idea de unidad, de entendernos como un todo, desde el inicio hasta hoy; incluso con el espectador que también es como super protagonista de esto que hacemos. Entonces, las historias, en realidad, nos van a representar un poco a todos.

Debe jugar bastante la identificación desde el lado del espectador, ¿no?

J: ¡Qué tema no nos une a todos como el amor o un beso!, ¿no? O incluso, a quienes hemos vivido acá situaciones similares a una inundación y lo que pasó después: la unión de la gente.

E: Si bien la obra la dirigimos con Jose y la escribimos entre los tres, fue muy importante el hecho de que la construcción narrativa y creativa de la misma fuera una construcción colectiva, es decir, de todo el grupo. Así, nos fuimos valiendo de las historias de cada uno para poder desarrollar cada escena vinculando esas historias personales a la forma del agua, es decir, el agua como lágrima, como sudor, como lluvia… Todos estos fueron disparadores para que el equipo nos abasteciera de material para poder abordar las escenas. Esta construcción grupal habilitó un gran aprendizaje para todos porque durante la obra, abordamos distintos tonos y distintas sensaciones, incluso de un mismo hecho o suceso.

V: Y estas escenas no son discontinuas, por el contrario, el enlace está dado desde la narrativa que busca ir a la fibra del espectador. O sea, atravesar por una experiencia de recuerdo; esa huella mnemotécnica que dice que nosotros somos parte del agua, y que no es un elemento ajeno… De hecho, nuestra composición es un 70% de agua, y es la misma proporción que tiene el planeta. Es decir, es un elemento que forma parte de la vida misma, y ahí está el hilo conductor y el mensaje que la obra tiene. Por eso, en algún punto, se teje lo que llamamos arte social, porque apunta a despertar esa consciencia o ese conocimiento que está en cada uno de nosotros. 

J: En cuanto al proceso creativo, a cada uno se les hicieron preguntas disparadoras, y a partir de ahí surgieron sueños, sensaciones, anhelos, deseos… a los que nosotros le agregamos un valor narrativo. Pero lo importante fue que nos tuvimos que conocer mucho, alcanzando lugares super profundos.

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¿Cómo fue ese momento?

J: Algunos preferían hablarlo grupalmente, otros nos mandaban un papel escrito con ciertos momentos o recuerdos.

De alguna manera, nosotros sabíamos cuál era el camino que íbamos a seguir, el lenguaje que queríamos utilizar y lo que queríamos lograr. Así que respetamos ese curso. Y fue en función de esto que se armó esta convocatoria de espíritus que decidimos juntar a partir de ese lugar. Queríamos que tuviera mucho de quien formara parte, con lo cual hubo mucho trabajo en soltar, liberar esos lugares desde el cuerpo, desde el texto, desde lo que se dijo, desde las preguntas, desde la intimidad.

Sin embargo, es evidente que no es lo mismo lo que escribimos hace seis meses atrás que lo que hoy tenemos como obra. Y creo que se va a seguir transformando, porque ese es el desafío para todos los artistas y para todos los que estamos detrás de esto.

E: En este caso, el abordaje de la obra fue algo muy íntimo, pero el agua ha sido un tema que se ha trabajado muchas veces, de numerosas expresiones y que, habitualmente, se encuentra más asociado a situaciones didácticas de cómo nosotros debemos cuidar el agua o lo que pasa con la sociedad relacionado a eso. En este caso, nosotros lo vinculamos a una situación mucho más emocional, por eso está directamente vinculado a nuestros recuerdos.

¿Y cómo surge la idea inicial?

J: Nosotras, particularmente con Vane, hace mucho que venimos tratando este tema en sus diversas formas. Ella tiene un compromiso muy concreto desde hace tiempo, al cual yo me sumé y la verdad es que hace muchísimos años que trabajamos juntas con ideas que surgen de momentos locos: de un café, de cruzarnos en el banco, en un supermercado o de compartir una noche. Con mucho de “reunir los espíritus correctos”, y ahí se suma Emi también. Tuvimos que recortar muchísima información y elegir, porque de eso se trata componer.

V: Y el compromiso es con el otro. Eso es lo que nos convoca a todos estos artistas a querer hacer esta obra. Hay una motivación extra, más allá del arte, que tiene que ver con el mensaje. Y todos nos hemos sincronizado para vivirlo de esta manera. Por eso, la idea en sí misma es una construcción colectiva: cada uno, con toda su impronta, aportó de diferentes lugares. Convocamos porque queremos que el otro recuerde que es parte de algo que va más allá de nosotros.

En mi caso, soy psicóloga ambiental, y eso aporta cosas que desde el arte no se ven; y el arte aporta cosas que, desde otros discursos, no se leen. Encontramos esa ecuación perfecta: en donde el arte llega, es un vehículo fabuloso, y además de transmisión, es  sanación. El arte cura, de por sí.

En la obra tienen música en vivo, ¿cómo decidieron eso? 

J: Todos hemos trabajado en otras obras, pero en lo personal, nunca había estado en una obra que tuviese música en vivo. Así que siempre tuvimos esas ganas. Desde que concebimos esta idea también sabíamos qué músicos queríamos que estuvieran.

V: Desde el principio, Facundo Cedeño fue uno más del elenco. No fue un proceso tradicional en donde está la puesta en escena y después la producción musical, sino que la música se gestó en el mismo momento en que se gestó el movimiento, la interpretación y la letra.

J: De alguna manera, cuando uno trabaja con afecto y amor por lo que hace, eso se transmite en el escenario. Y es algo que pasa en esta obra. No hay manera de que no te movilice, de que no te conmueva, de que no atravieses una experiencia. De hecho, cada vez que hay ensayo, que repasamos, que nos comunicamos; nosotros mismos nos emocionamos, incluso con la evolución de cada uno. Por eso decimos que es una obra que está viva, y en la que el otro va a formar parte. Incluso se va a modificar en función de las repercusiones y de lo que le va sucediendo al espectador.

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Facundo Cedeño, compositor musical de Memorias del Agua

En el video adelanto se escuchan algunas palabras en inglés, ¿por qué esa decisión?

V: Facu improvisó con nosotros viendo por dónde iba a pasar la obra, qué decía, con qué tono… Desde el inicio no había letra, nada. Entonces mezclaba inglés, castellano, improvisando y como le fuera cerrando; con una magia y una calidad…

Y más allá de una perspectiva que tenemos nosotros de mover la obra, de sacarla  afuera del país y que vuelva permanentemente; tenemos esa intención de trascender.

Estamos relatando el mismo mensaje. Hoy es inglés, mañana puede ser quechua.

E: Tiene que ver con un recurso estético, también. La comunicación de la obra se transmite a partir del movimiento, fundamentalmente y tiene texto en una medida fragmentada. En este caso, para Facu apareció la forma en inglés como apareció la forma en español, como también un lenguaje inventado en una de las escenas. Entonces, también forma parte de un recurso estético que, al servicio de lo que se estaba transmitiendo, funcionaba muy bien. 

¿Con qué nos vamos a encontrar cuando vayamos a ver Memorias del Agua?

V: con una experiencia artística que va a movilizar todos sus sentidos, su conciencia, su forma de pensar y de ver, sus propios recuerdos. No es una obra que pase inadvertida; es una obra que atraviesa la experiencia. No es una obra que hace impacto; es una obra que moviliza y toca la fibra. Y también ayuda a recordar de donde venimos todos.

¿Qué esperan de esta obra?

V: una vez que abrimos la puerta, salimos a jugar. Así como no teníamos un guión estricto cuando arrancamos, la agenda va a tener vida propia. Y por eso es importante el trabajo que ustedes hacen desde la revista, que es difundir estas cuestiones que para nosotros son de interés cultural. Los artistas que son locales tienen que fluir y representar muy bien a la ciudad de La Plata, así que ese es el compromiso. La agenda va a fluir como fluye el agua (risas).

J: Como artista, lo que más me importa, es estar arriba del escenario y dar todo lo que tengo para contar, para que se entienda, nos represente, y al público también, para movilizarnos, modificarnos. Que la persona que venga se vaya modificada como nos vamos a modificar nosotros en cada función y en cada escena.

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¿Hay lugar en la ciudad de La Plata para el arte acrobático?

E: Hay espacio para crecer y surgen posibilidades de mostrar lo que hacemos en distintos ámbitos. Hay lugar desde las ganas de la gente y desde la necesidad de sumarse a las disciplinas que abordamos en la Compañía.

V: La versatilidad de la obra permite que así como hoy se da en una sala de teatro, pueda darse en otro tipo de ámbitos: una convención, una feria de arte o un lugar a cielo abierto. 

J: Hay una decisión concreta de simpleza, en cuanto a que nos llevamos nuestro vestuario y lo podemos montar en cualquier lado, siempre que no haya un techo muy próximo (risas). Lo pensamos así por nuestra idea de mover, intercambiar, estar en contacto con distintos públicos, dar a conocer estas historias y también, el arte acrobático.

Desde Nebula, ¿están abiertos a recibir propuestas de alguien que quiera contar una historia o que tenga un proyecto?

J:  La idea es seguir incorporando gente que tenga ganas de trabajar, ideas, proyectos. Que se amplíe muchísimo, que sirva como plataforma para otras ideas, para otros mensajes y otras historias que tal vez nosotros podamos acompañar.

E: Sí, Nebula también es una necesidad de enmarcar las pulsiones y las necesidades de los artistas que conformamos la Compañía. Siempre están las historias por delante y siempre va a estar la puerta abierta a escuchar nuevas historias y a poder abordar de la manera que nos interesa a nosotros, que tiene que ver con la sensibilidad y con la historia común. Mucho más que las cuestiones superlativas, sino más bien, lo que nos pasa emocionalmente en la vida. 

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Trailer 1 “Memorias del Agua”

Trailer 2 “Memorias del Agua”

 

Soledad Villamil presenta ‘Ni antes ni después’ en el Teatro Bar La Plata

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Soledad Villamil

Nacida en la ciudad de La Plata y recordada por su papel de protagonista femenina en la distinguida película El Secreto de sus ojos, se ha destacado en cine, teatro y televisión. Y así como en las grandes pantallas, Soledad Villamil también nos deleita con su voz y sus canciones, pero hoy, desde un lugar distinto que atribuye un verdadero giro a sus diez años de carrera musical.

Ni antes ni después, su cuarto trabajo discográfico, representa su gran apuesta. Es que allí encarna por primera vez el rol de compositora, en un álbum que, según asegura, la obligó a reordenarse y ponerse plazos, pero también la animó a salirse de la zona de confort que brindan los hábitos ya establecidos. De esta manera, Villamil se despoja del escudo protector que otorga un personaje, un guión, o la reinterpretación de una pieza; para animarse a contar desde su propio interior.

Acompañados por una inédita canción del cantautor uruguayo Jorge Drexler, los 11 temas del disco pertenecen a su autoría y abordan conceptos tales como el amor, la libertad, el tiempo y la muerte; concepciones que con habilidad, Villamil pone en jaque con el objetivo de trascenderlas.

En una charla íntima con Agendarte, ahondamos en los detalles de este disco de cara a su próxima presentación que tendrá lugar mañana a las 21 horas en el Teatro Bar (43 entre 7 y 8) de nuestra ciudad.

¿Qué es Ni antes ni después y qué significa para vos?

Es el nombre de mi cuarto disco, que acaba de salir y que grabé en vivo, en abril de este año en el en el teatro Xirgu Espacio Untref, tiene también un DVD y representa una transformación en lo que venía haciendo.

Pasé de hacer discos con muchos temas de otros autores a hacer, en este trabajo, todos temas míos; excepto una canción. Representa un cambio bastante grande para mí el hecho de salir, no sólo como intérprete, sino ya en este caso, como autora. Estoy muy contenta de ese cambio y de ese proceso.

Hablás de un momento puntual en el tiempo: Ni antes ni después… ¿Qué percepción tenés del tiempo en tu vida? ¿Y qué importancia tienen el pasado y el futuro?

Creo que el tiempo es el gran maestro de los seres humanos porque es el que te va ubicando y enseñando la experiencia, el que te transforma y te ayuda a encontrarte a vos mismo, a ir cambiando tu visión sobre las cosas. Hablo del momento presente, que no es ni lo que sucedió antes, que ya pasó y es inmodificable; ni es lo que va a pasar, que uno no lo sabe porque no tiene control. Es simplemente confiar en el momento presente y creo que es un poco lo que intenta reflejar el título del álbum y que también tiene que ver con el momento en el que para mí yo puedo grabar este disco que es ahora; no pudo ser antes y tampoco va a ser después. Es el momento de este disco y de estas presentaciones.

1505181018-svillamil-unt3ef-xirgu-258-1200x519Muchos de tus temas hablan del amor, del tiempo y de la libertad. Estos tres conceptos están interrelacionados en tus letras y, al mismo tiempo son puestos en crisis, ¿qué relación tenés con cada uno en tu vida?

Lo que me pasa y me pasó al escribir estas canciones es pensar en que las cosas pueden ser como te las enseñaron, como uno también las pensó siempre; o pueden ser totalmente distintas, de otra manera. Y está bueno tomarse la libertad, que a veces es interna, de uno mismo, para permitirse pensar las cosas desde otro punto de vista. Por ejemplo, hay una canción que resume un poco todo esto que se llama Para siempre y que va sobre esta idea de que “para siempre es mucho tiempo”. Socialmente se habla del “amor para siempre” y “hasta que la muerte nos separe” y todo ese tipo de lógica. En realidad, el amor es mientras existe. Es esa corriente que puede unir a dos personas y que existe mientras dura esa energía entre las dos; después no existe más. Con lo cual, pretender que eso se extienda más allá de lo que realmente el amor vive, es como una ilusión que muchas veces también te lleva a frustrarte un montón. Entonces en esa canción justamente el estribillo dice eso: “No juremos para siempre, para siempre es mucho tiempo…Que dure lo que tenga que durar”.

Igualmente, llevás un matrimonio de veinte años…

Sí (risas). Por eso mismo, porque un poco el acuerdo tácito es: estemos mientras funcione. Y si en algún momento no funciona más… Esto es así, es de todos los días, no es porque se juró y uno está obligado a sostener algo que, si no pasa, no pasa, ¿no?

También hablás de la muerte…

A partir de cierto momento en la vida, uno empieza a pensar en el sentido de qué es lo que está viviendo y qué es lo que pasa, también comienza a darse cuenta de que hay un destino, que es el que tenemos todos, y que es que vamos a morir. Y eso te da otra percepción del tiempo, de la vida y del sentido que tiene estar vivo. La canción dice “tenemos todos una cita con la muerte, tarde o temprano será”. Pero no como algo necesariamente trágico, sino como algo que le da otro significado a la vida también.

Sirve de alguna manera para avanzar en la vida…

Exactamente, para avanzar, para disfrutar, para no creer que somos eternos porque eso confunde un montón y, muchas veces, opera como algo bastante negativo.

Tus primeras dos producciones tenían un estilo totalmente distinto. En el tercero ya se empezó a vislumbrar una especie de giro, y en el cuarto eso fue definitivo, ¿cómo surgió y por qué esa decisión de cambiar?

Se fue dando naturalmente, pero creo que también tuvo mucho que ver con haber salido del teatro y de la actuación y necesitar de un contexto más definido en cuanto al género, a los personajes, o al estilo. Creo que disco tras disco y canción tras canción, me fui despojando de esa necesidad de encuadrarme en un personaje o en un estilo, para poder encontrar qué quería decir y cómo decirlo, y ya no a través un personaje o de un género que oficiaba como una especie de escudo protector.

Esto lo estoy pensando ahora que pasó y lo puedo conceptualizar, no es algo que tenga tan consciente, pero es una búsqueda que por suerte pude ir haciendo. Igualmente, no considero que termine acá, seguramente seguirá… pero esa búsqueda de ser cada vez más yo misma, es algo que me interesa un montón.

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Es un poco correrte de la zona de confort… Tal vez, en la actuación tenés ese escudo protector que es el personaje, o en la música el interpretar temas de otros, pero comenzar a escribir lo propio e interpretarlo, te expone más…

Totalmente. Si bien no lo pensé en su momento, cuando lo analizo a la distancia digo: ‘Ah, mirá, en vez de quedarme donde me resultaba cómodo, donde las cosas ya estaban como encajadas y funcionaban, decidí salirme e ir a buscar otra situación’. Está bueno. Tiene momentos de zozobra, tiene momentos de decir ‘uy, qué carajo estoy haciendo’, pero está ese sentido de decir: tenemos una cita con la muerte, si no lo probamos ahora, ¿cuándo?

¿Cómo definís lo que hacés en este disco? ¿Te podrías encasillar en algún género?

Me cuesta un montón definirlo. De hecho, es algo que me preguntan bastante y que me cuesta responder. Pero se encasillaría dentro del género canción, con un estilo más bien urbano… pop… Indie, quizás.

Sacaste tu primer CD en el 2007, el segundo en el 2009 y el tercero en el 2012… Hasta Ni antes, ni después pasaron cinco años, ¿todo ese tiempo fue de laburo en pos de este trabajo?

Totalmente. Creo que necesité ese tiempo, por un lado, para tener los temas; y por otro, para tomar la decisión de qué tipo de disco quería hacer, porque no lo tenía tan claro. De hecho, desde que salió el disco anterior hasta este, fui pasando por numerosas ideas y posibilidades hasta que, finalmente empecé a trabajar con el productor musical al que le mostré todo lo que tenía escrito y me dijo: ‘hagamos un disco de canciones tuyas’. Ese fue el empujón que me faltaba para decidirme a hacerlo.

En el audiovisual Capa sobre capa mostrás cómo fue mutando la idea inicial y, respecto al proceso de composición, decís que se inició antes, ¿cómo es eso?

Sí, porque yo ya tenía algunos de los temas escritos, que obviamente fueron cambiando a medida que se laburaban y que se aproximaba la grabación. Otros los escribí para el disco.

Fue un proceso interesante. Soy de ir anotando ideas sueltas, grabando bocetos… así que retomé muchas de esas cosas y las agrupé. La verdad es que, a veces, es necesario tener un objetivo concreto para poder sacar material. Y a mí el objetivo concreto de un disco me organizó, me puso un plazo y me ayudó también a seguir escribiendo.

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¿Qué diferencia notaste en esto de componer sola y hacerlo con alguien más?

Son dos cosas distintas, pero me gustan mucho ambas. Por un lado, el escribir es algo muy solitario que conlleva un proceso interno que está muy bueno y es interesante. Y, por otro lado, me encanta trabajar con otra persona; es algo que traigo del teatro. La experiencia de la actuación es siempre grupal.

Demostraste ser multifacética y te destacaste en cada cosa que hiciste: primero como actriz, después como música e intérprete y ahora como compositora, ¿hay algo más que no sepamos de vos?

(Risas) No, o al menos, no lo sé yo tampoco. A esta altura, no sé qué me tiene deparado el futuro, pero voy dejándome llevar y tratar de vivir lo más plenamente posible cada momento. Supongo que debe haber otras cosas esperándome, pero por el momento es esto.

Y en este momento, ¿sos más música o más actriz?

En estos momentos más música, de hecho, estoy totalmente en “modo gira”.

Teatro presentaciónVas a estar en La Plata el próximo jueves, ¿con qué se va a encontrar el público? 

Sí, La Plata me gusta mucho porque viví los primeros años de mi vida ahí, así que me encanta ir y compartir con la gente.

Voy a estar el próximo jueves en el Teatro Bar presentando el disco Ni antes ni después. Voy a hacer temas de ese álbum, pero obviamente también voy a hacer canciones de los discos anteriores, que no pueden faltar… los grandes éxitos.

Soledad Villamil- Youtube

Soledad Villamil- Spotify

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“La Plata es un caldo de cultivo gigante. Todo el mundo hace arte… y esa es la vibración platense”

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Pedro Baeck

Pedro Baeck es un madrynense de 22 años. Según cuenta, a los 13 se inició en la música casi como un juego con sus compañeros del secundario. Sin embargo, su pasado delata que, gracias a las no deliberadas influencias familiares, lleva el cuarto arte bajo la piel hace ya dos décadas.

Luego de terminar el secundario, llegó a la ciudad de La Plata para estudiar Composición Musical en la Facultad de Bellas Artes, pero su objetivo cambió de rumbo cuando entendió que el estudio no cubría sus expectativas. Y es que, lejos de las concepciones académicas, Pedro percibe a la música desde su plano más primitivo, como una manera catártica de expresarse y de conectar los cuerpos entre sí en una misma vibración.

Después de varios años de prueba y error y numerosos intentos de grabación, este verano decidió apostar fuerte con lo que, según define, representa su trabajo discográfico más importante, de la mano de un gran equipo de producción. El resultado fue un EP titulado Rino que comenzó a gestarse en las costas de su ciudad natal para terminarse en su actual paisaje, el de las diagonales y los tilos.

Desde AgendArte fue un placer poder conversar con este joven artista sobre su disco, la odisea de filmar su videoclip, sus próximas presentaciones y lo que espera a futuro.

¿Cómo te iniciaste en la música?

Mis viejos eran músicos. Si bien no se dedicaron, estudiaron y siempre escucharon música. Supongo que eso te encamina un poco. Y a los 13 empecé a tocar la guitarra en la escuela, como una especie de chiste, y me terminó encantando.

Luego, ¿tuviste algún tipo de formación?

Durante toda mi adolescencia estudié música y guitarra. Cuando vine a La Plata, me inscribí en Composición en la Facultad de Bellas Artes, pero por diversas cuestiones más relacionadas a mis expectativas, no me hallé…

Rino es tu primer trabajo formal, ¿no?

Sí, es el primer trabajo al que considero serio. A los 15 años empecé a grabarme, siempre con la idea de publicar cosas. Y este sería el cuarto o quinto trabajo, pero es el primero en el que considero que subimos un escalón en cuanto a cuestiones de producción y trabajo con músicos. Es decir, representa un cambio cualitativo y un nuevo aprendizaje, porque le dedicamos tiempo y lo encaramos de otra manera.

Este disco lo empezamos en el verano, en Puerto Madryn, en una casa que teníamos como bunker, y lo terminamos cuando llegamos a La Plata.

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¿Cómo definirían el concepto del disco? ¿Rompe con el formato “canción”?

Creo que sigue encontrándose dentro de las canciones, porque tiene características muy propias que trabajan a modo de estribillo y también tiene un mensaje, porque hay letra. En cuanto al concepto, yo siempre trabajo cosas diferentes. Pero en este último disco voy a la idea del cambio, porque lo significó.

A medida que pasa el tiempo, te vas dando cuenta de cosas de las que tenés que empezar a hacerte cargo o dejar que sucedan; no resistirse. Creo que es la forma de crecer. Eso no quiere decir que uno tenga que aceptar todas las cosas horribles que le puedan llegar a pasar, pero sí verlas como una parte de ese proceso y como algo a trabajar.

¿Cómo se manifiesta eso dentro de la música?

Por las letras. Todas las canciones salen un poco en forma catártica, y me parece que Océano es una especie de terapia, porque particularmente habla de eso: un momento horrible, pero hay formas y lugares a los que se puede llegar.

¿Qué significa Rino?

Rino es simplemente el nombre que adquirió. Tiene que ver con una cuestión catártica porque salió de un impulso.  A la primer maqueta que hice de esto, le puse Rino. No tenía letra ni nada, simplemente había una música medio caótica, un experimento. A partir de eso se empezó a construir todo.

Y siento que tiene una temática chamánica, ritualística. Me remitía a una cueva, a rinoceronte, África… y tiene que ver con la fonética.

Hablás mucho de la música y del arte como una cuestión catártica, ¿para vos ambas cosas lo significan?

No, el arte sale de una forma catártica, pero no es catarsis. Te cura porque te hace bien y sale de un impulso. Porque todo eso lo trabajás y lo construís, lo moldeás y le das mucho más significado. Y a su vez, cuando alguien lo escucha, lo resignifica. Para mí es importante porque es una de las formas que conseguí de sacar algunas cosas y lo valoro como herramienta.

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¿Cómo la definirías, entonces?

Para mí, la música últimamente está siendo un vínculo con mi cuerpo y con el otro. Se transmite por el aire, son partículas moviéndose que el cuerpo percibe y entonces empezás a vibrar vos. No sé si alguien puede decir cuál fue el inicio de todo esto, pero yo me imagino gente pegándole a cosas o gritando, y por eso creo que me conecto también con la catarsis, porque para mí va a un lugar muy primario de las personas, que tiene que ver con el tacto, con la fonación. 

En el videoclip Huesos se muestra un ritual y se percibe el tema de la naturaleza en la música, ¿cómo surgió hacerlo?

En noviembre del año pasado conocí a Freakandsmart, una productora dirigida por Maximiliano Bologna. Él me invitó a laburar y yo le mostré lo que estaba haciendo, que era pre Rino, y le gustó mucho. Conectamos y decidimos hacer el video. Y si bien él tenía alguna idea en mente, no había un guión. Éramos dos personas jugando con fuego y construyendo algo en el aire.

Se dio una situación bastante particular en la que Maxi, que es el quien dirigió y filmó, conectó mucho con la música y con el concepto de Rino. Lo entendió y aportó su parte desde lo visual, de hecho, creo que amplió el concepto. Lo mismo pasó con el arte de tapa y los gifs, que los hizo Agustín Alejo Luppi. Por eso digo que pudimos subir un escalón, porque ese vínculo con otras artes, yo nunca lo había tenido de forma tan directa, ni tan trabajada.

Pedro Baeck – Huesos – 2017 (Video Oficial)

¿Interviniste en las decisiones artísticas respecto de la elección de imágenes?

Sí, en este laburo me tomé un trabajo que, ahora sé, no me quiero tomar (risas).

A mí me interesa la música y es el espacio donde siento que piso fuerte. Pero en este trabajo dialogué tanto con Agustín Alejo Luppi, como con Maximiliano Bologna. Entonces en ambos casos intervine en las decisiones, siempre respetando la labor del otro porque creo que es así como se debe trabajar.

Ahora sé que no quiero ese trabajo (risas)… para eso están los productores artísticos. Pero sí, los acompañé y sobre todo a Agustín, porque ahí definí lo que iba a haber en el dibujo: planteé una escena, un personaje, una secuencia de imágenes… Tuvo un marco más firme que Maxi.

¿Por qué?

Con lo audiovisual siento que hay un montón de cosas para hacer, pero que yo no tengo idea cómo. De hecho no podía creer cómo lo iba construyendo.

Además, para grabar ese video tuvimos que pasar una noche en una cueva. Era pleno invierno y ese espacio quedaba a 30 kilómetros de la civilización que, si bien no es mucho, es lo suficiente como para tomar ciertos recaudos… Entonces, yo estaba más concentrado en que comamos algo y no nos muramos de frío, que en el resto (risas).

¿Y la idea del fuego?

El fuego es algo que me gusta mucho y el congregarse al fuego también. Creo que ese es el ritual que inspiró todo.

Océano, Huesos, Río remiten tanto en el nombre como en los sonidos, a la naturaleza y nos corre de la ciudad, ¿eso está vinculado a que el disco se haya iniciado en Madryn?

El mar, a lo largo del tiempo, se fue constituyendo como una fuerza para mí. En Huesos dice: “Huesos revolcándose en las olas, se transforman en las sales que se pegan en la piel”, es decir, el mar roe la tierra y las piedras. No importa quién seas, si te morís en la playa, te vas a quedar ahí disolviéndote. Eso, creo, tiene que ver con mi experiencia de vivir en un lugar con mar, porque ves y te podés imaginar cómo el mar culpe las piedras.

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Se terminó en La Plata, ¿qué tiene de la ciudad?

La música electrónica y el movimiento.

Sí, en Huesos hay un cambio muy abrupto…

Sí porque representa eso y es otra metáfora más. Es decir, la letra habla de la muerte, pero no de la muerte en el sentido del diccionario, sino como ese cambio rotundo, ese desarraigo que tiene que ver con la ciudad. Para mí, llegar a La Plata no fue simplemente venirme a estudiar, sino irme a 1500 kilómetros de mi vida y empezar de cero. Y lo hablo no solo en la música, sino en el concepto. Eso es transformarse en la sal también: la vida te va corroyendo hasta que te morís, pero todas esas etapas te están haciendo crecer, más allá de que te desgastan. 

¿Con qué sonido te encontraste cuando llegaste a La Plata?

Yo vine a La Plata imaginándome una forma de cómo eran las cosas. Había escuchado ‘Él Mató’, ‘Valentín y los volcanes’, ‘Shaman Herrera’… y en su momento, los veía como una misma cosa. Pero cuando vine a la ciudad me di cuenta de que, si bien La Plata nos permite funcionar de una forma, en realidad es super diversa. Creo que hay artistas muy conocidos que pueden llegar a ser relacionados con lo platense. Pero también creo que es un lugar que junta tantas personas de tantos lugares, y si lo consideramos en los términos que hablábamos antes, de partículas que se mueven, sería esa efervescencia.  No hay una forma, ni un estilo. El hecho está en este caldo de cultivo gigante, en donde llega la primavera y hay fechas hasta abajo de las piedras. Todo el mundo está tocando música y está haciendo arte y, me parece, esa es la vibración platense.

¿Y a vos, qué estilo te define?

Uno siempre puede tener referencias o relacionarse con un estilo. En mi caso, el rock, el pop, el folklore, son cosas que me formaron desde siempre… Más recientemente, la música electrónica empezó a significar un camino. De hecho, tengo un proyecto paralelo a Rino, de música electrónica, pero que también al final se ve modificado. No es estándar, sino que pueden escucharse sonidos de flautas o cosas más chamánicas. Me abro un poco de la secuencia clásica. 

Hablaste de lo chamánico en un par de oportunidades, ¿qué vinculación tenés con esto?

Hasta hace poco estudiaba Chi Kung, un arte marcial de China muy antiguo y muy vinculado a lo chamánico. Ahí profundicé en lo que es un trance, un ritual, por haberme encontrado con que yo me puedo sentar ahí y encontrar mi curación.

Veo al chamán como a un médico, alguien que te cura y te muestra un camino. Y siento que el arte tiene que ver con eso: con el ritual interno que está todo el tiempo y que tiene que ver con eso de soltar y de largar, de la catarsis.

De lo chamánico me interesa la síntesis, y creo que eso es algo que se ve plasmado en Rino, en los sonidos, en las letras, en las texturas, en la duración… es sintético. En lo personal, me parece mucho más rico hablar; en cambio en la música, siempre me gusta dejar cabos sueltos, es decir, un espacio donde las cosas se amplían, donde te podés llegar a llevar sorpresas y donde podés encontrar cosas que dijiste sin saber que las estabas diciendo.

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Ph: Chester

¿Cuándo podemos ir a verte?

El sábado 11 de noviembre a las 21 me voy a estar presentando en vivo junto a las bandas Trator; y Forna. La dirección se pide por privado. Y el viernes 17, también voy a estar en una presentación en vivo en el Centro Cultural Islas Malvinas, en el marco de la inauguración de la Muestra de Arte Contemporáneo. La hora es a confirmar.

Contacto:

Fanpage Productora DISTOR 

Fanpage Pedro Baeck

Plataformas de Streaming:

Bandcamp RINO

Spotify RINORINO (Full Album)

Presión celebra su 5ta edición e invita a “Que se rompa la burbuja”

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Florencia Basso, profesora de Historia del Arte e integrante de Presión

Corría el año 2013 cuando se llevaba a cabo en la ciudad de La Plata, Presión, el primer Festival de Gráfica Contemporánea realizado por un colectivo que buscaba un espacio para juntarse, compartir y celebrar esta rama artística.

Así, y con el objetivo de generar lazos entre los “expertos” y los principiantes, este encuentro rompe con las fronteras tradicionales de circulación del arte. Es por este motivo que, desde la primera convocatoria, no existen jurados, seleccionados, ni premiados, porque el único fin es que las obras dialoguen entre sí de manera horizontal.

Este año, llega su esperada quinta edición, que tendrá lugar los días 4 y 5 de noviembre, en el Centro Cultural Azul un Ala. En esta oportunidad, y en el marco de las bodas de papel madera, el evento tendrá dos componentes: por un lado, la apertura tanto a nivel invitados, como a nivel contenido, bajo el lema “Que se rompa la burbuja”; por otro, “Gráfica a la canasta”, vinculado al procedimiento de cómo se elaboran las imágenes.

Desde Agendarte, conversamos con Florencia Basso, profesora de Historia del Arte e integrante de Presión desde hace 4 años quien, en esta nota, nos abre las puertas al mundo de la gráfica y nos contagia las ganas de crear imágenes y “hacer presión” desde cualquier lugar en el que nos encontremos.

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¿Qué es Presión?

Si bien no estuve desde el comienzo, conozco la historia por Gustavo Cornejo, que es el alma de Presión porque fue quien ideó el grupo y quien está siempre dándole pilas. Él hace grabado, por eso Presión tiene que ver con ese palo.

La primer convocatoria se hizo en 2013 y fue abierta. Consistió en una exposición de imágenes de diversos grabadores artistas que las enviaron. La idea inicial era borrar esa lógica de una convocatoria que selecciona, porque es justamente todo lo contrario: intenta que sea libre, que no haya selección, ni que cumplir con ciertos requisitos. De esta manera se desdibujan cuestiones como quién es el principiante y quién el profesor.

¿Cómo llegás vos a formar parte?

Me incorporé en el 2015, cuando ya estaba más organizado todo. Fue invitada en el 2014 por Leticia Barbeito, amiga mía de la Facultad de Bellas Artes, pero estaba de viaje así que, me sumé al año siguiente.

¿Cuál es el espíritu de Presión?

Poder abrir un poco el tema de las fronteras de la gráfica y que cualquiera se pueda anotar. Es decir, buscamos que se sume gente de la Facultad de Bellas Artes, que es de donde venimos muchos de los que participamos, pero a la vez buscamos abrir las fronteras y convocar a gente de otros espacios a sumarse.

¿Cómo se encuentra integrada la gráfica?

La gráfica contempla distintas técnicas que pueden ser todo tipo… Es decir, puede haber estampación de una imagen o impresión, y también puede haber proyecciones.

¿Cuántas son las personas que integran Presión?

El grupo varía mucho. En determinados momentos somos pocos y en otros, más cercanos al festival, se amplía. El núcleo duro seremos entre 10 y 15 personas, más o menos.

Están preparando el Festival anual, ¿de qué va a ir?

Este año va a tener dos componentes: por un lado, ‘Que se rompa la burbuja’ que es como la frase inspiradora, la idea a la que apuntamos; y por otro, ‘Gráfica de la canasta’ que vendría a ser el procedimiento de cómo elaboramos las imágenes.

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Son dos lemas distintos, pero están íntimamente relacionados…

Sí, son dos caras de una misma moneda. ‘Presión a la canasta’ y ‘Que se rompa la burbuja’ tienen que ver con esta idea de salirse un poco de esto del dibujo cerrado, de la imagen acabada, para poder hacer una imagen colectiva. Y hablamos a nivel imagen, como a nivel invitados, porque la idea es salir de lo conocido o de los amigos del ámbito, para integrar otros proyectos.

Entonces, por un lado, está esta frase de ‘Que se rompa la burbuja’ tanto a nivel visual y de conformación de imágenes; y por otro, a nivel de relaciones, es decir, con quiénes nos vinculamos. Y en esa línea, el taller de fanzine o el de mural, o el de pegatinas son como excusas para salir a la calle y dialogar con las imágenes desde ese otro espacio para lograr ‘Que se rompa la burbuja’.

¿Qué se va a encontrar la gente que concurra a Presión, Festival de Gráfica Contemporánea?

Si bien participan músicos y otras disciplinas, es un festival de gráfica dónde se vive una doble apuesta.

El evento va a tener lugar los días 4 y 5 de noviembre, en el Centro Cultural Azul un Ala. El primer día habrá talleres donde se verán algunas técnicas que no son tan conocidas o que no están tan presentes a nivel académico. Para participar, los interesados deberán inscribirse mediante Facebook o correo electrónico, y tendrán tiempo hasta el mismo sábado o hasta que se complete el cupo. Deberán abonar 100 pesos para cubrir los materiales.

Mientras tanto, el domingo 5 entre las 15 y las 21 horas se llevará a cabo una feria abierta a todo público, en la que participarán diferentes colectivos. La idea es conocer qué hace el otro, pero también es con venta al público, comida, bebida, una banda que musicaliza.

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¿Y esos talleres en qué van a consistir?

Tenemos seis talleres en total: tintas naturales, arte correo, fanzine, danza gráfica, guiso gráfico y bordado sobre papel. La idea es tener todas estas imágenes a la canasta ya impresas en un lugar de la sala; además de algunos dispositivos técnicos como, por ejemplo, dos prensitas de grabado para que esté a disposición el material para trabajar.

Vamos a tener distintos puestos donde las personas pueden recurrir a la canasta para agarrar imágenes y después pueden trabajar en cada taller, la técnica específica que se esté dando. Es como un gran taller con estaciones para conformar estas imágenes colectivas.

¿Y cómo hicieron la recolección de imágenes?

Desde hace unos años, se están haciendo unas réplicas dentro de América y se está extendiendo cada vez más en México y Colombia. Para 2017, la convocatoria fue en conjunto con las demás y se llamó La Canasta Gráfica, en donde uno puede mandar imágenes, justamente con la idea de “sin selección”: podés o no ser del palo del grabado o la gráfica.

La condición de este año era que la imagen tenía que ser un fragmento, un pedazo o retazo. Es decir, no el dibujo cerrado, acabado, completo; porque la idea es generar una imagen colectiva a través de estos fragmentos enviados y de las que surjan en los talleres que se dan en el momento.

Un dato importante es que, todas estas imágenes a la canasta van a estar a disposición en el blog para que todo aquel que quiera las descargue y reinterprete.

Y así como trabajan la previa en conjunto con los equipos de Presión de otros países, ¿suelen retomar lo que sale en los otros festivales?

Sí, en ese sentido hay una coordinación. Nosotros estamos continuamente en contacto tanto con los chicos de Colombia, como de México, e intercambiamos experiencias. Después de cada festival hay muchas cosas por rever. También hay cosas que compartimos, como la idea de este año, que fue de todos los festivales al mismo tiempo. Entonces cuando nosotros imprimamos las imágenes para este que se hace en La Plata, vamos a tener imágenes provenientes de todo el mundo, porque también la gente nos manda de otros lados.

¿Y tienen algún tipo de registro de lo que hacen año a año?

Sí, intentamos hacer siempre algún material gráfico. En otras oportunidades fue un libro donde aparecieron todas las imágenes que se mandaron. Este año, como cumplimos cinco años, son las bodas de papel madera, vamos a hacer una especie de plegable, tipo fanzine donde vamos a tener como una especie de mapa gigante con todas las participaciones de Presión a lo largo de este lustro.

Además, este mapa va a estar impreso en una especie de mural en Azul un Ala, el centro cultural, y el domingo se va a poder intervenir con imágenes de la ‘Canasta Gráfica’ o con imágenes que traiga la gente que quiera participar.

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Desde AgendArte, entrevistamos hace un tiempo a Ayelén Lamas Aragón Ella nos contó sobre Presión y explicó que como grupo, tienen una posición política clara, pero que no es partidaria…

Sí, como grupo, creo que estamos todos de acuerdo en ciertos conceptos básicos. Una de las cuestiones que atraviesa a Presión es la autogestión, y ese es un posicionamiento ideológico que está bueno y con el que todos coincidimos.

Nosotros buscamos trabajar dentro de parámetros más inclusivos. No es que no aceptemos una militancia determinada sino que, al contrario, la idea es integrar, dialogar… Puede ser un espacio amplio en ese sentido.

Además, algo muy importante y característico de Presión es que las decisiones se toman como grupo, o sea, está muy presente el componente humano de escucharnos. Si bien no todos pensamos lo mismo, logramos consensuar las cosas, y está presente esa libertad de proponer, de escucharnos, de dialogar…

Y en ese sentido, ¿cómo se organizan a la hora de trabajar?

No hay nada dividido, es decir, cada uno hace y aporta con lo que se siente más cómodo.

El día del festival es algo que requiere laburo y hacer otro tipo de cosas también como atender la barra o cobrar entradas, algo que a nadie le gusta hacer (risas)… pero creo que nadie lo vive como una exigencia. Todo es libre, abierto y charlable. Y es esto lo que hace que todo se disfrute al máximo, porque uno no lo siente como un peso o como un trabajo, sino que lo hacemos por gusto y la pasamos bien.

Creo que ese “divertirnos haciendo lo que nos gusta” es lo que sostiene y mantiene al equipo.

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