“Consumimos más humor que drama, pero es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar”

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Luciano Altamirano, integrante de Chicos Lindos 

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

Como si se tratase de un pasaje de La Casa de Papel, la serie española que es furor en Netflix, dos productores platenses emprenden la búsqueda de un grupo totalmente heterogéneo de personas, pero lo suficientemente complementarias y hábiles para llevar adelante su cometido. Aunque lejos de tratarse de un atraco, Chicos Lindos sería la banda perfecta para lograr tomar como rehén a su público durante una hora. Así fue que, en el año 2011, Francisco Bariggi y Luciano Requelme comenzaron este proyecto humorístico bajo el gran hallazgo de Luciano Altamirano, Fernando Córdoba, José Ordoqui y Gabriel Steimberg, quienes demostraron reunir las características necesarias para garantizar la risa en cualquier escenario. Un profesor, un analista de sistemas, un fotógrafo y un judío haciendo humor se reúnen bajo una característica en común: “la desgracia de tener una cara muy difícil”.

Lo cierto es que, por aquel tiempo, todavía existía un terreno fértil en el mundo del stand up. Pero la combinación de compañerismo, profesionalismo y amor por su labor fue lo que definitivamente los terminó convenciendo de que estaban en el lugar indicado con las personas indicadas. “Esa química nosotros tratamos de trasladarla a la manera de trabajar y, en ese sentido, lo que intentamos hacer es que sean temáticas balanceadas”, explica Luciano Altamirano.

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Chicos Lindos: (de izquierda a derecha) Fernando Córdoba, Luciano Altamirano, Gabriel Steimberg y José Ordoki.

De esta manera, hace más de seis años que el proyecto sigue en vigencia conquistando diversos escenarios que incluyen desde la ciudad de las diagonales hasta Capital Federal y sus alrededores, con presentaciones humorísticas en las que se juntan para hablar y teorizar sobre la niñez, sus traumas y los prejuicios. “Creo que con Chicos Lindos nos mantuvimos tanto tiempo porque logramos el clima que se genera, por ejemplo, en una banda de música. Tenés tu grupo cercano, te ves para ensayar y producir”, manifiesta. Y esta conexión traspasa el escenario y es asegurada por su público, que lo siente, lo disfruta, lo agradece y, hasta a veces, les devuelve más que lo que ellos mismos esperan. “Una vez nos vino a ver un matrimonio y, a los 15 días que teníamos otra fecha, nos trajeron tortas y postres para agasajarnos porque la habían pasado muy bien. Esos gestos te re contra conmueven”, cuenta Luciano a quien, por el tono de voz, se le nota que siente esos detalles como una caricia al alma. “Es re liberador poder escuchar una carcajada que sale bien de adentro. Cuando oís a alguien que se ríe de un chiste que vos contaste, más allá de que el ego tuyo se siente feliz, estás sintiendo a alguien que descarga algo que tenía ahí guardado, y sabés que después se siente bien”, agrega.

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Cuando recuerda como empezó en esto, Luciano confiesa que no había pensado en ser humorista, pero la vida lo fue llevando por ese camino. Es que el humor siempre había sido una buena estrategia para conectar con las personas; ya sea desde niño, con su rutina de cinco o seis chistes; o más de grande, con su grupo de amigos. Una noche, en un asado, le dijeron que tenía que hacer algo con ese talento. Obra del destino o casualidad, a la salida de la reunión pasó por un bar abandonado que tenía un cartel viejo, pero en el que todavía se leía: “Monólogos de humor, aprenda a construir sus materiales y actuarlos”. Casi más por curiosidad que por otra cosa, marcó el número y habló con quien, al mes, sería oficialmente su profesor de stand up.

Al tiempo, Luciano ya estaba parado en un escenario, conformando el equipo de Stand Los Tres Up, acompañado por María Julia Poiré y Roberto Maroscia, quién lo había iniciado en el género. En ese camino se descubrió y confirmó la sospecha de sus amigos: tenía un don para hacer reír. Y entre otras cosas, entendió que el estado de ánimo es contagioso: “Yo no creo que nadie que vaya a ver stand up y, realmente forme parte y la pase bien, vuelva mal a la casa. Y eso es algo mutuo. Porque incluso al comediante, si le va bien esa noche, vuelve a su casa y es Di Caprio parado en la punta del Titanic” (risas).

Dos años después, Stand los tres Up comenzaba a disolverse y Luciano era invitado a participar de un evento aniversario que combinaba música y humor. Según recuerda, fue un fracaso rotundo: esa noche no hizo reír a nadie y aprendió que el rock y el humor no se mezclan. Pero fue en ese mismo evento que los productores Bariggi y Requelme identificaron algo que les gustó de él y le propusieron hacer una fecha. Allí empezaría su recorrido con Chicos Lindos y comenzaría a conformar su yo artístico y su yo cómico; pero desde otra perspectiva.

Para este chico lindo, el humor es una manera especial de ver la vida y de cómo uno interpreta la realidad; sin embargo asegura que es una tarea complicada de lograr: “Constantemente consumimos más humor que drama, pero es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar”. Y en la misma línea, entiende al género como una ayuda para sublimar algunas cosas que no podría hacer de otra manera: “El stand up es una hermosa vía de canalización de energía”, sentencia.

Al consultarle por las mujeres que participan del género, Luciano explica que generalmente los humoristas son hombres: “Yo creo que ahí es donde hay un poco de patriarcado dando vuelta. Y hoy por hoy, por suerte, la cosa se está reformulando; se le da un espacio a la mujer y se la pone en un espacio estéril para el patriarcado. Me parece fabuloso que haya comediantes que empiezan a hablar de otros temas porque, obviamente, hay tantas miradas humorísticas como personas estén mirando. Y que todas estas mujeres se empiecen a animar a generar una marca diferente, me parece re sano”. 

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El sábado 3 de marzo, a las 21.30 horas, Chicos Lindos se presentará en Sala 420 (calle 42 entre 6 y 7) con una nueva apuesta que vienen trabajando desde el año pasado. De cara a su próximo show, Luciano cuenta que hay un escalón que debe subir el público para meterse adentro del mismo: Si lográs que todo el público se meta, es raro que la noche falle. La clave está en que formen parte. Reírse de algo también implica romper un pudor. No todo el mundo se quiere reír abiertamente. En cambio, si vos entraste en el juego y se produce un buen calentamiento donde todos entran en cierta confianza, ahí empieza el show”, asegura el humorista.

Con nuevos monólogos y cautivando al público con sus irradiantes propuestas intelectuales, estos cuatro Chicos Lindos vuelven al ruedo en este 2018 con un espectáculo de humor del que nadie saldrá ileso.

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Chicos Lindos en Sala 420

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