“Vivan de lo que les gusta, hagan lo que amen. Yo soy una convencida de que es posible”

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

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Lucía Giles, cantautora platense. PH: Micaela Serna

De sus 27 años, Lucía Giles lleva 10 viviendo de la música. Caracterizada por la insolencia propia de la cultura rock, ella se atreve a hablar de todo sin pelos en la lengua. Puede que, para algunos, sus palabras no sean políticamente correctas, pero de algo no hay dudas: ella conoce muy bien la escena platense y sabe de lo que habla.  

Incentivada por sus padres, amó la música desde antes de tener uso de razón. Ya en la cuna tocaba el teclado, y cuando éste dejaba de sonar, era señal de que Lucía se había dormido. A los ocho años, alentando una marcada veta artística, sus padres la orientaron a estudiar piano. En esa época, ya afloraba en ella el espíritu libre y rebelde que la caracteriza y la convierte en un torbellino de energía y buenas vibras. A los 13 agarró la guitarra para nunca más soltarla, pero un año antes compuso Solo vine a decirte adiós, su primer tema de desamor, con el que debutó en el escenario del colegio. Al respecto recuerda: “Fue mi primera experiencia cantando algo propio. Ese día me sentí feliz. No sabía si quería vivir de eso… Incluso, quizás ni lo tomé como una posibilidad, pero sabía que era feliz”.

Para los 17 ya no tenía la menor duda: quería ser música y hacer rock. Si bien sus padres siempre la apoyaron, al comienzo eso les generaba temor: “Me fui de mi casa en rebeldía para hacer mi música y, en ese momento, fue todo un trastorno. El rockero socialmente tiene una connotación más bien negativa, y a mis viejos les preocupaba que yo anduviese en ese ambiente, siendo tan chica”. Sin embargo, recalca que siempre se sintió muy cuidada por su entorno y que, además, nunca se desvió del camino: “Siempre fui muy trabajadora. Y si bien vivía sola y me podría haber descontrolado, mantenía tres laburos, cursaba, metía siete materias por año, tocaba todo el fin de semana; y no paraba ni para dormir”.

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Parafraseando a Soda, tardó en llegar pero hubo recompensa. Y es que todo ese esfuerzo y perseverancia, dieron sus frutos: hoy está feliz de poder vivir de la música y apuesta a sus propias canciones.

Ella sabe que puso mucho de sí para encontrarse donde está hoy. Sin embargo, desde la mayor de las humildades, asegura que también influyó un poco el factor suerte, y agradece a todas las personas que la acompañan. Desde esa perspectiva, explica: “encontré y me rodeé de la gente correcta. Personas que me querían de verdad y que no me veían solamente como un producto. Eso me permitió mantener una línea musical que es la que me interesa: independiente y autogestiva, con la que puedo transmitir un mensaje sin condicionamientos”.

Consultada por cómo es trabajar de esa manera en la ciudad, Lucía contó: “Es cruel y difícil, pero no es imposible. En La Plata, hay muy pocos lugares en donde te pagan, pero también creo que hay una cuestión con la actividad artística en general porque no está regulada”. En este punto, la cantautora señala que hay dos temas centrales: por un lado, que resulta muy difícil decir quién es músico y quién no, porque no existe un parámetro o una manera de regularlo; y, por otro, que las empresas multinacionales no dejan crecer y, por el contrario, matan a los proyectos emergentes. Desde este punto, Lucía ahonda en que, si bien la tecnología acorta distancias y democratiza la comunicación y el acceso a la información, también genera un exceso de propuestas por el que las cosas terminan desvirtuándose. Y de esta manera, “hasta las personas que no trabajan con eso, suben todo el tiempo lo que hacen. Y ya no se diferencia el artista del ciudadano común y corriente”, concluye.

Es por este motivo que, Lucía hace hincapié en la importancia de “respetarnos como trabajadores”, para lo que apela a una anécdota: “Una vuelta me llamaron para hacer una columna de rock en el programa El Buscador, en Radio La Redonda. Me encantó esa experiencia y me sentía capacitada para hacerlo. Pero en un punto, me di cuenta que yo estaba ocupando un lugar que no me correspondía, y que debía dejárselo a un periodista o a alguien que se preparó para estar ahí”. Y parándose en ese fundamento, es que insiste en la importancia de hacer valer el trabajo de uno, entendiendo que se trata de profesiones muy vapuleadas.

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Sin Estribillos (2014)

En esa misma línea, aclara que tan importante es que el artista haga valer su trabajo y sea fiel a sus convicciones, como que haya políticas que apoyen la producción cultural independiente, por lo que sentencia: “El Estado debería exigir que, en las fechas importantes, toque una banda local y no todos los artistas de Sony, porque si no le estamos dando de comer a la multinacional”.

En este momento, Lucía está por lanzar su segundo disco, con el que saldrá de gira en un par de semanas; después de pasar por una etapa de vaivenes económicos y personales. “Este disco sale un poco a modo de motor; precisaba algo que me inspirara a viajar y encontré el grupo que necesitaba”. Respecto a sus producciones explica: “En mi primer trabajo, Sin Estribillos, estaba encontrando mi identidad; en cambio, Soltarme es una producción más bien adulta, en la que las letras hablan más desde la pasión y la música va más hacia el blues”. Según comenta, la decisión de abocarse a ese género es un por un tema de comodidad con su voz, las armonías, y porque actualmente se encuentra componiendo más con el piano. Sin embargo, agrega: “De todas maneras, uno siempre sigue en búsqueda, no se cierra. De hecho, tengo ganas de armar un tercer disco super diferente, porque habla de mi crecimiento como artista”.

Abrazada a sus convicciones, Lucía cuenta que, en lo que respecta al ambiente del rock, todavía hay algunas cuestiones que “arrancar” y piensa que el camino está en trabajar con las nuevas generaciones. “Yo creo que en todos los ámbitos y en cualquier actividad que uno desarrolle, la sociedad es machista. Una vez me subí a un escenario, y un hombre del público me dijo: ´te voy a decir la verdad, cuando vi que estaban armando todo y eran mujeres no daba ni dos mangos con cincuenta. Y cuando las escuché, me sorprendieron´… Nos encontramos con eso todo el tiempo, el tema está en hacerle frente y en no tener la necesidad de caerle bien a nadie”. Y agrega que es importante tomar conciencia de que hay una diferencia entre hombres y mujeres y luchar contra la desigualdad, desde lo artístico, pero también desde lo político, lo social, lo económico y desde las ideas.

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El 24 de marzo, la artista le dirá hasta luego a la ciudad que acunó su música para emprender una gran gira junto a su amiga y representante Yesper, en un Clio Mio de dos puertas y alzando el sueño de recorrer nuevos escenarios con su música. “Casi todas las decisiones que tomé en mi vida, fueron porque sentí que ya había cumplido con mi misión. Ahora, noto que estoy repitiendo por miedo, por el anclaje que uno tiene a no animarse. Entonces, siento que es el momento de animarse a más”.

A modo de despedida, ese día brindará un show muy especial, que contará con un momento eléctrico y con otro acústico, más íntimo. Estarán bailando Pilar Giannelli, la bailarina de su videoclip Sin Estribillos, primer corte de su disco homónimo; y Leandro Dumón y Samanta DeEme, coreógrafos de esa producción. También, habrá pintura en vivo, de la mano del artista plástico Limón y se realizará una suelta de globos simbólica en alusión al videoclip. Con mucho entusiasmo, Lucía nos invita a que formemos parte y puntualiza que “es un evento familiar apto para todo público, para apoyar al artista independiente”. Las entradas costarán $100 y se podrán encontrar en Jason Stone (Plaza Italia entre 44 y Diagonal 77), en La Disquería (calle 54 entre 8 y 9) o en Las Delicias del Sonido (calle 8 entre 49 y 50), mientras que en puerta, tendrán un valor de $150. “Estoy girando por un montón de radios, así que también pueden participar por los sorteos para poder ganar las entradas gratis. Y si no tienen un mango, que nos escriban, que vemos cómo lo vamos a resolver, pero que vayan porque la idea es llenar Club Cultura y sobre todo, dejar un mensaje que es: ¡Loco, vivan de lo que les gusta, hagan lo que amen! Yo soy una convencida de que es posible”, confiesa. 

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Lucía Giles. PH; Jet-Set Fotografía y Video.

Laburando a pulmón y con mucho amor y pasión por la música, Lucía apostará a más. Y así fue siempre: nunca se dio por vencida. Y, como dice en su canción, sin estribillos en los bolsillos, cerrará los ojos y seguirá cantando como escenario su vida.

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