Ecoanuncio: un emprendimiento que crece y se propone traspasar la frontera platense

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Ezequiel Vergagni, emprendedor

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

Con la moción de desafiar las formas de comunicación y publicidad tradicionales, a comienzos del año 2015, Ezequiel Vergagni decidió abandonar un trabajo en relación de dependencia para dedicarse de lleno a  su emprendimiento; un proyecto que había iniciado en el 2014 de la mano de Manuel Cruz, un compañero al que conoció durante su carrera en la Facultad de Ciencias Económicas. Fue así que, importando la idea desde España, Ecoanuncio se instalaba en el mercado platense como una empresa que brindaba innovación en el soporte publicitario, y que lograba conectar bajo costo, responsabilidad social empresaria y efectividad en el impacto al consumidor.

Durante el proceso de desarrollo, Manuel, que tenía una fuerte inclinación hacia lo académico, decidió viajar al extranjero para realizar una maestría. Este hecho no amedrentó la pasión que Ezequiel tenía para con su proyecto. Muy por el contrario, en 2015 realizó un seminario de emprendedores y, al año siguiente, ingresó a trabajar en la Usina de Ideas; lo que le posibilitó desarrollar tareas como mentor y docente en la Universidad de Guillermo Brown, dictando una Diplomatura de Emprendedurismo de Saneamiento Ambiental. “Empecé a investigar sobre el tema y a meterme en todo lo que son emprendimientos de triple impacto, es decir, que tenga efecto a nivel social, económico y ambiental: que sea sostenible en el tiempo, beneficioso para el ambiente, y que favorezca a la reducción de la huella de dióxido de carbono”, cuenta.

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Cuando aún no se tenía una conciencia responsable acerca del uso de bolsas, Ecoanuncio ya empezaba a reemplazar tanto las de nylon como la folletería. “Una empresa, hace entre 10.000 y 40.000 folletos; y el 70% de ellos termina en el suelo. Entonces no solo pierde dinero sino que, además, contamina el ambiente y no llega a su objetivo”, explica Ezequiel. Sin embargo, hoy habiendo pasado tan solo 4 años de ese inicio, el joven emprendedor asegura que el reciclaje es un tema que está empezando a incorporarse en las escuelas y que los más chicos tienen una mayor consciencia. “Se les habla de ecología desde el jardín, entonces en los niños hay educación al respecto. En cambio, a los grandes les falta. Tiene que haber una política de estado fuerte en torno a lo ambiental. Estamos a mil años todavía, pero es cuestión de arrancar”, sentencia.

IMG_9675eEn la actualidad, Ecoanuncio tiene una repartición de 40.000 ejemplares por trimestre. En esta línea, el joven emprendedor expresa: “Nosotros no vendemos la bolsa, sino que vendemos el espacio publicitario en la bolsa que luego se repartirá en diversas panaderías. Es decir, vendemos un posicionamiento de la marca, una exposición frente a un potencial consumidor. Puede ser que, de entrada, la persona no lo perciba, pero el subconsciente sí”. Y añade que, a diferencia de otros medios publicitarios, Ecoanuncio brinda exclusividad en el rubro; si así lo desea una empresa, puede ser la única auspiciante en una bolsa.

Lo cierto es que, Ecoanuncio fue creciendo a fuerza de trabajo y dedicación; porque como expresa Ezequiel, es una pasión: “El emprendimiento de uno es como un hijo. Lo ves nacer, le tenés que enseñar a caminar, tratar de que no se caiga, alimentarlo día a día y hacerlo más fuerte”. 

Y es que, en el camino, hubo desafíos y desaciertos. Desafíos como conseguir esos primeros auspiciantes, con una tarea compleja: explicar de qué se trataba el proyecto, sin contar con material físico para mostrarlo. Y desaciertos como cuando salió la primera bolsa en agosto de 2014, que contaba con ocho auspiciantes y, si bien eran alrededor de 60.000 ejemplares, cubría un espectro demasiado grande: desde Villa Elisa hasta la Avenida 72. “Me acuerdo que en esa primera bolsa cubrimos un tercio del costo. Fuimos a pérdida total, pero le encontramos la vuelta y lo empezamos a hacer por barrios para abarcar mejor la demanda”, señala.

En lo que refiere al momento ideal para abandonar la seguridad que brinda un trabajo en relación de dependencia, para dedicarse de lleno a un proyecto personal, Ezequiel contó su experiencia explicando que vale la pena arriesgarse, pero que hay que hacerlo con cuidado y dependiendo mucho del estadio en el que se encuentre el proyecto; si genera ingresos suficientes a nuestras necesidades. Y adentró: “Hay que estar muy seguro porque puede fallar. De hecho, en nuestro país, 9 de cada 10 emprendimientos fallan”. Entre los motivos del fracaso señaló tres ejes fundamentales: no elegir socios complementarios, no conocer en detalle el mercado en el que pretende adentrarse y que el trabajo no sea sostenible en términos económicos.

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Hoy, Ezequiel trabaja en un coworking en el casco urbano y tiene las bolsas separadas por zonas: La Plata, City Bell y Los Hornos; a lo que espera incorporar próximamente Berisso y Ensenada. Su clientela es sumamente variada: fiambrerías, queserías, cervecerías, veterinarias y concesionarias, son solo algunos de los rubros que publicita. Además, sumó la fabricación de bolsas de friselina exclusivamente para entidades e instituciones.

Claro está que, para él ser emprendedor significa estar en constante movimiento. Y en la empresa de tratar con clientes, es necesario contar con una formación permanente. Por eso, en la actualidad, sigue capacitándose con el objetivo de mejorar los costos, las alianzas y estrategias y, sobre todo, para expandirse; ya que también prevé abrir una franquicia para llevarlo a otras ciudades de las cuáles ha recibido la demanda del producto.

Como si esto fuera poco, Ecoanuncio también tiene su costado social y trabaja por la inclusión. El año pasado, comenzó a funcionar a modo de nexo entre comedores y panificadoras para que, aquellos comercios que reciben la bolsa, que se da de manera gratuita, donen alimentos a alguno de estos espacios. En la actualidad son cinco los comedores que reciben el beneficio, pero esperan alcanzar los 20.

 “Un palpitar en sintonía con lo verde”

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Ana Laura Gaddi, creadora de En Verde Palpitar

Ana Laura Gaddi es Licenciada en Biología y también se define ‘un poco artista’. Su carácter emprendedor y su costado creativo la posicionaron lejos de las limitaciones que podía proporcionarle una carrera dedicada a la investigación.

Finalmente, las circunstancias encauzaron su destino: un importante viaje a Europa y el azar puesto en juego por una galleta china, la ubicaron en el lugar donde siempre supo que quería estar.

Así, logró fundar el sueño de vincular sus dos pasiones: el arte y la biología. Sus deseos se concretaron en su propia marca, a la que dio en llamar En Verde Palpitar, mediante la cual invita a regalar experiencias y aprendizajes.

Desde Agendarte conocimos la historia de Ana una emprendedora que, tras una intensa búsqueda, encontró su experiencia de vida y la compartimos con ustedes.

¿Cómo te acercaste a las Ciencias Naturales?

Me crié en un departamento en La Plata pero tengo familia en la ciudad de Saladillo. Y claro, tenía familia en el campo, entonces era como salir de la jaula y conectarme con todo lo que me generaba muchísima curiosidad, poder meter mano, estar con los animales y con las plantas… Y si bien en el departamento tenía un patio minúsculo, tenía plantines de un montón de cosas que me gustaba germinar. Siempre estuve muy ligada a eso.

¿En algún momento te vinculaste con tu parte artística?

Sí, toda mi vida. Desde muy chica he incursionado en escritura, dibujo. Luego en la fotografía, la danza y el teatro.

Y pudiste conjugar estas dos cosas que te interesaban en este emprendimiento, pero ¿qué es En Verde Palpitar?

Para mí es como un estado respecto de la naturaleza. Un sentimiento, un estado de vida respecto de lo natural, un palpitar en sintonía con lo verde.

¿Cómo surgió?

Este emprendimiento surgió después de haberme recibido. Mi formación y experiencias de trabajo previas, tuvieron que ver con investigación científica, con insectos, en particular. Y me estaba por recibir y entré en crisis de identidad (risas).

Hice un viaje largo y conocí un montón de biólogos con emprendimientos, artistas callejeros y ellos me inspiraron.

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¿A dónde fuiste?

A Italia y España. Me influyó mucho, conocí mucha gente lanzada a buscar su experiencia de vida. Yo venía con una formación más clásica, y si bien siempre me acompañaron en todo, mi familia, como la de muchos, esperaba que pudiera estudiar y llegar a ser profesional.

En mi trabajo anterior, en el Museo de La Plata, yo sentía que había experimentado bastante de la Biología porque había empezado a ir antes de empezar la Facultad. Entonces sentía que tenía toda esa parte muy explorada y la parte artística, no. Reconocía en mí algunas cuestiones bastante creativas y sentía que la investigación me iba a limitar en ese sentido.

¿Y cómo terminás lanzando tu marca? 

Cuando volví del viaje, realmente no sabía qué quería hacer. Volví pensando que iba a tener que hacer el Doctorado. Pero no me quería ultra especializar en algo porque sentía que eso me iba a cortar las alas.

Era fin del año 2014, se acercaban las fiestas y en una feria había un stand de galletas chinas. Estaba muy conflictuada conmigo y dije: ‘bueno, voy a hacer lo que la galleta china me sugiera’. Necesitaba una punta para empezar por algún lado. Y la galleta decía: ‘déjate llevar por la imaginación’. Y para mí fue lo que necesitaba escuchar.

Entonces hice la primer suculenta para Navidad, que la llamé Suculenta Pichona, porque es una planta cultivada en huevo. Y salí a vender en oficinas públicas. Inclusive hice el packaging, imprimía en mi casa, armaba. No tenía ni idea de marketing (risas).

Y  esa Navidad invertí muy poco y vendí todo lo que había hecho.

¿Y cómo fuiste creciendo en esto?

Luego de mi primer venta, comencé a participar de la Feria Manos Platenses de la Fundación Pro Humanae Vitae, y a raíz de esta fundación, cursé en la Facultad de Ciencias Económicas, un programa de economía social. Después, el Seminario de Emprendedores de la Facultad de Ciencias Económicas y me metí más en tema con el emprendedorismo y este año ingresé a la Usina de Ideas, un espacio de trabajo colaborativo de la Facultad donde asesoran el desarrollo de emprendimientos. Se hace como una competencia de proyectos y entré por elección de los docentes y por voto popular.

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¿Te repercutió tener una marca y un logo definidos?

Sí, porque una cosa es tener el nombre y otra es ya tener una marca y registrarla. Ahí es como que yo lo sentí de otra manera y para mí tenía que tener la seriedad de lo importante que era, de lo que me significaba.

¿Cómo fue ese camino?

Lo primero que hice fue definir el nombre ‘En verde palpitar’ y varios meses después empecé a pensar que necesitaba un logo. Di con Diana Chereau, una diseñadora especializada en ilustración, que captó todo: desde la cuestión de lo sensible, en cómo definió el trazo que dice ‘En verde palpitar’, hasta el hecho de que la marca esté rodeada como por un anillo que tiene elementos animales y vegetales (ramitas, plumitas, corazones), y también la cuestión de lo circular que, para mí, tiene un simbolismo más relacionado con los ciclos de vida.

Sí, y además esa unión que dice “biología, arte y sociedad”…

Claro, y eso también está vinculado que, cuando le contaba a las personas de mi proyecto, todos me preguntaban: ‘¿Y con la biología qué estás haciendo? ¿La colgaste?’. Entonces dije; ‘No, mi marca debe decir biología’. Y acá está… A ver si se entiende… (Risas).

En Verde Palpitar trabajás con regalos sustentables, ¿qué materiales utilizás?

Son pequeños objetos hechos, en su mayoría, de forma artesanal y con materiales reutilizados y biodegradables: cartón, cáscaras de huevo, corchos… Tienen mucho significado desde lo ambiental, por ser un producto sustentable, por el tipo de materiales y la manera en que los obtengo, por su ciclo de vida, por el manejo de los residuos.

Cuando vos pensás un producto sustentable, no sólo es que está hecho con materiales reciclados, sino que hay que tener en cuenta qué vida útil van a tener esos materiales, cómo se van a volver a reintegrar en el ecosistema una vez que se descompongan, qué uso les va a dar el usuario para que perduren.

¿Y lo didáctico es por la guía que acompaña los productos?

Claro, porque viene con una guía impresa en papel de caña de azúcar que es un papel reciclado, está hecho con parte del residuo de la producción de la caña de azúcar. Y utilizo ese material para todos los textos.

Lo didáctico viene por ese lado: por contar sobre el diseño, sobre la ecología de los materiales y proponer experimentar algo. Porque los objetos que son experimentables proponen experiencias de germinación o de observación y seguimiento de mini suculentas.

Es educar un poco también, ¿cómo lo reciben las personas?

Tengo un público bastante específico y súper receptivo. Generalmente son mujeres jóvenes, o padres que quieren inculcar a sus hijos una conciencia ambiental o una búsqueda sensible.

Entendí que la gente a veces busca regalar algo más integral y, además, que sorprenda. Y en ese camino fui descubriendo un poco las pautas del momento del regalo, porque mucha gente busca regalar algo que sea grande, llamativo. Y esto apunta a lo contrario: justamente son pequeños objetos, de pequeño formato porque eso tiene que ver con lo que a vos te genera como usuario. La miniatura vos la mirás, la cuidás y eso genera un vínculo ‘de mascota’ también. La gente me cuenta que le pone nombres a las plantas, por ejemplo (risas).

Dijiste que popularmente existe una idea particular de lo que tiene que ser un regalo, pero que tu emprendimiento apunta a lo contrario, ¿cómo entendés el concepto de regalo?

Desde lo sensible. Uno regala algo material, pero me gusta que eso sea el puente para algo más intangible, para un contenido inmaterial que tiene que ver que, cuando uno regala algo, está pensando en esa persona, está poniendo una expectativa en ese regalo, está pensando en qué cosas le gustan, en su vínculo afectuoso con esa persona.

Y ahí está la expectativa que vos tenés de: a quién vas a regalar, de lo que se le genera a la persona que recibe el regalo; y desde mi parte como creadora, lo que yo pongo de mí cuando diseño y hago mis productos. Entonces, lo siento como una cadena de transmisión de todas estas cosas.

Además, por mi parte, la manera de conectarse con lo natural y de divulgar contenidos, porque la idea es esa: son objetos que divulgan contenidos de las Ciencias Naturales. Y siendo que vivimos en una ciudad donde el ritmo de vida te desconecta todo el tiempo de lo natural y de la percepción de la propia naturaleza corporal, donde uno está corriendo todo el tiempo y donde no nos tomamos un momento de relax, está bueno que algo te invite a sentir qué nos pasa en el cuerpo y a pensar cómo nos sentimos o qué queremos… (Risas)

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Además de las suculentas, ¿qué otros productos podemos encontrar en tu marca?

Tenemos dos líneas. La línea que la llamé Clorofila, que es la de los objetos intervenidos con mini suculentas y después la línea Verde Te Quiero, que es una línea de productos que aspiran a vincularte con otra persona. Tenemos tarjetas de papel plantable, que las podés intervenir con un mensaje tuyo, y la persona que las recibe las puede plantar. Esas tarjetas tienen semillas y es como “hacer brotar las palabras”.

Después objetos que son para encubar sueños, para conectarse con deseos postergados, para acariciar. Todo hecho con materiales naturales y con guía didáctica experimental, en donde cuento algo sobre el aspecto biológico de los productos.

Y quienes quieran ver tus productos o quieran contactarse con vos, ¿cómo pueden hacerlo?

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¿Qué proyectos tenés a futuro?

Quiero apuntar un poco a la venta por catálogo, por internet. Quiero orientarme a la venta de souvenirs o regalos institucionales/empresariales, o para eventos personales. Y también tengo la idea de realizar talleres.

¿De qué va el taller?

Va a ser un taller de Biología Creativa para adultos, que se va a dar en el Centro Cultural de la Estación Provincial, los martes 19 y viernes 22 de septiembre de 17-19hs. Es un taller con dos encuentros. Cualquier modificación estaremos avisando por las redes o personalmente con los interesados.

Pero la idea es conectarse con lo natural a través de la creación de un objeto artístico y explorar el diseño a partir de la percepción que uno tiene de los materiales, es decir, más desde lo corporal.