Ecoanuncio: un emprendimiento que crece y se propone traspasar la frontera platense

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Ezequiel Vergagni, emprendedor

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

Con la moción de desafiar las formas de comunicación y publicidad tradicionales, a comienzos del año 2015, Ezequiel Vergagni decidió abandonar un trabajo en relación de dependencia para dedicarse de lleno a  su emprendimiento; un proyecto que había iniciado en el 2014 de la mano de Manuel Cruz, un compañero al que conoció durante su carrera en la Facultad de Ciencias Económicas. Fue así que, importando la idea desde España, Ecoanuncio se instalaba en el mercado platense como una empresa que brindaba innovación en el soporte publicitario, y que lograba conectar bajo costo, responsabilidad social empresaria y efectividad en el impacto al consumidor.

Durante el proceso de desarrollo, Manuel, que tenía una fuerte inclinación hacia lo académico, decidió viajar al extranjero para realizar una maestría. Este hecho no amedrentó la pasión que Ezequiel tenía para con su proyecto. Muy por el contrario, en 2015 realizó un seminario de emprendedores y, al año siguiente, ingresó a trabajar en la Usina de Ideas; lo que le posibilitó desarrollar tareas como mentor y docente en la Universidad de Guillermo Brown, dictando una Diplomatura de Emprendedurismo de Saneamiento Ambiental. “Empecé a investigar sobre el tema y a meterme en todo lo que son emprendimientos de triple impacto, es decir, que tenga efecto a nivel social, económico y ambiental: que sea sostenible en el tiempo, beneficioso para el ambiente, y que favorezca a la reducción de la huella de dióxido de carbono”, cuenta.

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Cuando aún no se tenía una conciencia responsable acerca del uso de bolsas, Ecoanuncio ya empezaba a reemplazar tanto las de nylon como la folletería. “Una empresa, hace entre 10.000 y 40.000 folletos; y el 70% de ellos termina en el suelo. Entonces no solo pierde dinero sino que, además, contamina el ambiente y no llega a su objetivo”, explica Ezequiel. Sin embargo, hoy habiendo pasado tan solo 4 años de ese inicio, el joven emprendedor asegura que el reciclaje es un tema que está empezando a incorporarse en las escuelas y que los más chicos tienen una mayor consciencia. “Se les habla de ecología desde el jardín, entonces en los niños hay educación al respecto. En cambio, a los grandes les falta. Tiene que haber una política de estado fuerte en torno a lo ambiental. Estamos a mil años todavía, pero es cuestión de arrancar”, sentencia.

IMG_9675eEn la actualidad, Ecoanuncio tiene una repartición de 40.000 ejemplares por trimestre. En esta línea, el joven emprendedor expresa: “Nosotros no vendemos la bolsa, sino que vendemos el espacio publicitario en la bolsa que luego se repartirá en diversas panaderías. Es decir, vendemos un posicionamiento de la marca, una exposición frente a un potencial consumidor. Puede ser que, de entrada, la persona no lo perciba, pero el subconsciente sí”. Y añade que, a diferencia de otros medios publicitarios, Ecoanuncio brinda exclusividad en el rubro; si así lo desea una empresa, puede ser la única auspiciante en una bolsa.

Lo cierto es que, Ecoanuncio fue creciendo a fuerza de trabajo y dedicación; porque como expresa Ezequiel, es una pasión: “El emprendimiento de uno es como un hijo. Lo ves nacer, le tenés que enseñar a caminar, tratar de que no se caiga, alimentarlo día a día y hacerlo más fuerte”. 

Y es que, en el camino, hubo desafíos y desaciertos. Desafíos como conseguir esos primeros auspiciantes, con una tarea compleja: explicar de qué se trataba el proyecto, sin contar con material físico para mostrarlo. Y desaciertos como cuando salió la primera bolsa en agosto de 2014, que contaba con ocho auspiciantes y, si bien eran alrededor de 60.000 ejemplares, cubría un espectro demasiado grande: desde Villa Elisa hasta la Avenida 72. “Me acuerdo que en esa primera bolsa cubrimos un tercio del costo. Fuimos a pérdida total, pero le encontramos la vuelta y lo empezamos a hacer por barrios para abarcar mejor la demanda”, señala.

En lo que refiere al momento ideal para abandonar la seguridad que brinda un trabajo en relación de dependencia, para dedicarse de lleno a un proyecto personal, Ezequiel contó su experiencia explicando que vale la pena arriesgarse, pero que hay que hacerlo con cuidado y dependiendo mucho del estadio en el que se encuentre el proyecto; si genera ingresos suficientes a nuestras necesidades. Y adentró: “Hay que estar muy seguro porque puede fallar. De hecho, en nuestro país, 9 de cada 10 emprendimientos fallan”. Entre los motivos del fracaso señaló tres ejes fundamentales: no elegir socios complementarios, no conocer en detalle el mercado en el que pretende adentrarse y que el trabajo no sea sostenible en términos económicos.

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Hoy, Ezequiel trabaja en un coworking en el casco urbano y tiene las bolsas separadas por zonas: La Plata, City Bell y Los Hornos; a lo que espera incorporar próximamente Berisso y Ensenada. Su clientela es sumamente variada: fiambrerías, queserías, cervecerías, veterinarias y concesionarias, son solo algunos de los rubros que publicita. Además, sumó la fabricación de bolsas de friselina exclusivamente para entidades e instituciones.

Claro está que, para él ser emprendedor significa estar en constante movimiento. Y en la empresa de tratar con clientes, es necesario contar con una formación permanente. Por eso, en la actualidad, sigue capacitándose con el objetivo de mejorar los costos, las alianzas y estrategias y, sobre todo, para expandirse; ya que también prevé abrir una franquicia para llevarlo a otras ciudades de las cuáles ha recibido la demanda del producto.

Como si esto fuera poco, Ecoanuncio también tiene su costado social y trabaja por la inclusión. El año pasado, comenzó a funcionar a modo de nexo entre comedores y panificadoras para que, aquellos comercios que reciben la bolsa, que se da de manera gratuita, donen alimentos a alguno de estos espacios. En la actualidad son cinco los comedores que reciben el beneficio, pero esperan alcanzar los 20.

Mula Cultura: en la búsqueda de “unir mundos”

Por Daniela Llordella y Sabrina Sistro

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Cesar Benítez, co fundador de Mula Cultura

Nacido en el Chaco y naturalizado en La Plata, Cesar Benítez mantiene la templanza de la gente del interior. Uno podría suponer que, además de su pasión por las artes escénicas, esta condición lo llevó a interesarse por trabajar en pos de aquello menos visible o desapercibido para el ojo presuroso de la gente de la ciudad. Sea como sea, él no puede disimular la emoción cuando habla de sus proyectos.

Amante de la actuación, quiso hacer de esta pasión su carrera y su vida, pero desde allí veía numerosas falencias que no podía solventar desde su rol de actor. Por eso, junto a una colega, Carolina Sueta, decidieron crear un espacio que, no sólo les permitiera trabajar de lo que aman, sino también hacerlo de manera autogestiva y colaborativa. Fue así que en mayo de 2014 nació Mula Cultura, una organización que se dedica a la comunicación, gestión, producción y asesoramiento de productos culturales y artísticos, ya sea de artistas independientes o instituciones.

Con el firme propósito de incentivar el encuentro entre las artes escénicas y la comunidad local, a través de sus actividades y festivales, y dando un giro en la mirada tras la incorporación de Rocío Bergé al equipo, Mula Cultura fue reconocida entre más de 150 proyectos para ingresar a la Usina de Ideas, lo que les posibilitó durante largos meses un espacio de trabajo pero también, de formación propia. Hoy, dicho ciclo se cierra, y con la terquedad propia de las mulas, esta organización se propone ir mucho más allá, en la tarea de ayudar a pequeños y grandes proyectos para que la cultura en La Plata siga floreciendo cada vez más.

10352255_767463909954656_5952346938891424885_n¿Qué es Mula Cultura?

Mula Cultura es una organización que se dedica a la comunicación, gestión, producción y asesoramiento a proyectos culturales y artísticos, a artistas e instituciones.

¿Cómo está conformado el equipo de Mula Cultura?

Somos dos socios fundadores, Carito Sueta y yo; y al poquito tiempo invitamos a Rocío Bergé como para poder ampliar la mirada.

Nos dividimos por áreas. Cada una de estas tiene que ver con las competencias y los deseos que nos mueve a cada uno dentro de la misma organización. A mí, en lo personal, me mueve un deseo muy grande de poder gestionar, de poner unir mundos y, al mismo tiempo, producir contenidos culturales. Y por su parte, las chicas además de ser comunicadoras, son artistas: Rocío es música y Carito, actriz. Entonces, cada uno va  haciendo su espacio. Y nos complementamos de tal manera que podemos cubrir tres partes: la comunicación/gestión, la formación y la producción. En cada una de estas patas hay un responsable.

¿En qué año nace Mula Cultura?

Hace un tiempo encontré un cuaderno de cuando recién comenzamos a pensar la idea… Un veintipico de mayo de 2014, reunidos con Carito Sueta, ya habíamos tomado la decisión de hacer un emprendimiento, de generar un camino por el lado de la gestión y de la comunicación y ahí descubrimos el nombre.

¿Por qué Mula Cultura?

Creemos que la mula representa a esos animalitos tercos, pero viendo la terquedad como una idea positiva. Además, la mula es el único animal que puede llegar de un punto al otro más allá de las circunstancias, de cómo esté el camino; es uno de los pocos animales que se propone algo y llega a fuerza de voluntad. Y es el único animal que, por ejemplo, se atreve a cruzar las montañas con precipicios. Entonces era como significativo y, además, el nombre en sí tenía una sonoridad que nos gustaba.

¿Cuál fue el disparador del proyecto?

Al trabajar como actores, tanto Carito como yo, notábamos algo que sucede y se repite en las diferentes compañías: falta la pata de la producción. Hablo en el sentido de que el artista se pudiera ver como trabajador y, a partir de ahí, verse como un tipo que no hace arte porque sí, sino que tiene que tener cierta responsabilidad para llevar adelante ese arte; sobre todo si pretende vivir de él.

Entonces, la necesidad nace como artistas, pero al mismo tiempo esto sucedía en la ciudad de La Plata, un polo enorme del arte y de la cultura al que le faltaba esa cuestión de la organización del trabajo, la sustentabilidad, el público… Son cosas que a nosotros mismos nos pasaban como compañía.

 

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¿Qué actividades realizan y qué servicios brindan?

Hacemos muchas actividades porque, por suerte, la ciudad está inundada de arte. Tenemos actividades de transferencia de conocimiento. Este año inauguramos un nuevo servicio donde brindamos asesoramiento a artistas a través de talleres de aproximadamente un mes de duración, donde se trabaje sobre la producción, el financiamiento y la comunicación. Además, hay otro taller que se llama Mesas de Trabajo, que son más específicas, porque ahí la idea es que se acerquen los grupos para trabajar específicamente un proyecto, en determinado tiempo, entonces ahí hacemos la asesoría y el seguimiento necesarios para que ese proyecto pueda seguir andando.

Pero no solo hacemos formación, sino también campañas de comunicación para grupos, instituciones, artistas, para proyectos artísticos. Y hacemos producción propia de eventos culturales, o sino producción a pedido para instituciones u organizaciones, además de giras, festivales, ciclos de música, ciclos de teatro, talleres.

¿En qué espacio físico lo hacen?

Hoy por hoy estamos trabajando en la Facultad de Ciencias Económicas, en la Usina de Ideas, porque también somos parte. Es decir, quedamos seleccionados como un emprendimiento más dentro de los 150 o más proyectos que convocaron, entonces en ese lugar también nosotros recibimos asesoramiento vinculado a la sustentabilidad, financiamiento y a la organización interna de nuestro trabajo. Entonces, al mismo tiempo que nosotros brindamos eso, constantemente estamos siendo asesorados para poder seguir mejorando el laburo.

¿Cómo es el acompañamiento que ustedes hacen? ¿Dónde empieza y hasta dónde llega?

Empieza con una primera reunión, un diagnóstico. Trabajamos en conjunto o nos sumamos desde una etapa específica que requiera el proyecto, por ejemplo, conseguir sponsors, generar financiamiento, hacer subsidios, llevar el acompañamiento en la producción en sí, la producción ejecutiva. También con las Mesas de Trabajo, a través de la formación. Según lo que se requiera, vamos y apuntalamos en determinado punto. La idea es ir sumándonos en las distintas etapas que requiera la necesidad y el diagnóstico. Y podemos llegar hasta la evaluación final del proyecto.

¿Ustedes tienen un sustento económico de parte de alguna entidad?

Somos completamente autogestivos, no recibimos dádivas de nadie. Generamos nuestro propio trabajo y nuestros proyectos, con la idea de la sustentabilidad. Al mismo tiempo, como trabajamos con otros, buscamos también la sustentabilidad, la forma de poder hacer que nuestro trabajo tenga una remuneración, como así también el trabajo del artista o de la institución.

Lo que sí sucede es que, trabajando en proyectos, vos tenés que salir a gestionar y para eso, enredarte con privados, con el Estado o con los vecinos, como pasó con el festival que hicimos hace unos días, Festival Aura.

¿Qué es Festival Aura?

La idea es poder generar un encuentro entre la comunidad y las artes escénicas. Sobre todo, un encuentro en la calle, donde la gente pueda disfrutar de muy buenos espectáculos de distintos lugares del país durante todo un fin de semana, y que eso genere la posibilidad de desarrollo de las artes escénicas en la ciudad, porque hay buena y mucha, pero no son muy visibles. Traemos obras de otros lugares, más accesibles para un público que no ve habitualmente teatro y es por eso que hacemos una fiesta en la calle. Al mismo tiempo, el festival se propone poder generar el encuentro entre profesionales; gestores, productores y actores de la ciudad que no se ven físicamente en el festival, pero que generan vínculos todos esos días para poder tender nuevos puentes. También hay otras actividades, como obras de teatro más específicas para creadores de las artes escénicas.

El festival intenta tener una visión amplia, estética, con una programación de alto nivel sobre todo teniendo la calle como gran protagonista y con una cultura para todos.

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¿Cómo fue la experiencia?

La experiencia es siempre muy buena. Es la segunda edición que hacemos del Festival Aura, que nace como un impulso de Mula Cultura, pero al mismo tiempo tiene su propia identidad. Entonces, si bien Mula Cultura lo genera, convoca a otra gente para llevarlo adelante y entonces ahí va trabajando su propia identidad, al ser un proyecto más, de los otros que hacemos.

Nosotros ya tenemos experiencia en producir, co-producir y acompañar otros festivales, entonces toda eso lo volcamos en el nuestro.

Participaron de la Usina de Ideas, ¿qué les dejó?

Nos generó una transformación interna dentro de la organización. Creemos que la Usina de Ideas sirve muchísimo y genera esto que muchos necesitamos que es la organización del laburo, pensarse a través de la sustentabilidad y cómo poder visualizar tus posibles socios, clientes, o poder delimitar mejor el trabajo. La verdad es que estamos felices de poder participar. Este año ya se termina y no nos queremos ir (risas). Pero ya tenemos proyecto juntos.

¿Cuál es?

No podemos decir nada todavía (risas). Estamos en una muy buena relación y hay cosas que se juntan, se complementan y creemos que podemos armar buenos equipos con ellos también.

¿Cuándo tiempo fue que estuvieron ahí?

Ocho meses recibiendo asesoramiento, consultoría, mentorías.

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Equipo de Mula Cultura: Cesar Benítez, Rocío Bergé y Carito Sueta. PH: Federico Borobio

¿Qué proyectos tiene Mula para el año que viene?

Unos cuantos… el Festival, seguro. Vamos a continuar con los talleres de producción, formación.

Tenemos un proyecto de gira que es muy lindo. Realizamos giras por la Provincia de Buenos Aires y ahora estamos trabajando en poder mejorar ese circuito teatral que tenemos. Llevamos espectáculos a distintas localidades y la idea es poder trabajar eso con mayor apoyo y con mejores arreglos y condiciones para los artistas. A su vez, una vez por año hacemos una gira por Brasil y la idea es poder sostener eso.

Por otro lado, poder mantener un festival que hicimos en noviembre, que fue de carácter nacional y se llamó Manija, Encuentro Nacional de Emprendedores Culturales y Creativos, que lo hicimos por primera vez en la ciudad de La Plata y se anotaron muchos artistas y proyectos culturales de Argentina, que han venido con sus delegaciones de la Secretaría de Cultura. Durante 3 o 4 días tomamos formación y herramientas para seguir pensando cómo llevar adelante nuestros trabajos.

¿Lo organizan en conjunto con otras partes?

Es una co producción que hicimos junto a Recursos Culturales, una consulta de Capital Federal con quien tomamos unas capacitaciones, y con los amigos de la Estación Provincial.

Si alguien quiere acercarse, presentar su proyecto y buscar asesoramiento, ¿cómo puede encontrarlos?

Nos pueden escribir un mensaje privado en Facebook, contactarnos a los teléfonos que ahí figuran o pueden mandarnos un mail a mulacultura@gmail.com.

¿Cómo ves la actividad cultural en La Plata?

La Plata explota de cultura. Es un lugar maravilloso para poder desarrollarse culturalmente y artísticamente. Y ahora, con estas salidas que creemos que empiezan a verse y hacerse más visibles, como la idea de la gestión y poder trabajar más en red; creo que cada vez va a poder ir mejorando. Al mismo tiempo, es una necesidad que pase eso a través de involucrarse colectivamente, porque dada la situación política en la que estamos viviendo, la única que nos queda es poder enredarnos, hacernos fuerte desde abajo y pensarnos entre todos. Pero sí, la ciudad ebulle cultura por todos lados.

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Recauchutando: un emprendimiento de muebles de diseño con un fundamento ecológico y social

Por Sabrina Sistro y Daniela Llordella

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Julieta Brito

Dentro de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata se encuentra una oficina destinada a la creatividad. Un espacio pensado para que sus integrantes cuenten con un ambiente propicio para el trabajo y puedan desarrollar sus emprendimientos. Es ahí, en la Usina de Ideas, donde encontramos a Julieta Brito.

Con una mirada aguda acerca de la sociedad y la ecología, esta platense de 23 años es un ejemplo de valentía y compromiso en la tarea de convertir pensamientos en acciones, ideas en hábitos.

Cuando terminó el colegio se encontró, como muchos, en una disyuntiva acerca de qué profesión seguir. Pero un infortunio del destino fue determinante a la hora de decidirse por el Diseño Industrial.

En medio de su carrera y perturbada por la poca conciencia ecológica a nivel social, decidió ponerse al hombro un proyecto que dio en llamar Recauchutando. El propósito del mismo es reducir el impacto de algunos residuos que se generan a diario y en grandes volúmenes, con el fin de producir muebles de diseño.

Desde Agendarte conocimos a esta emprendedora que, en una charla amena y divertida,  nos contó sobre su historia y nos mostró su lado más creativo de la mano de la gran iniciativa que está llevando adelante: transformar cubiertas de vehículos en sillones.

¿Cómo decidiste empezar a estudiar Diseño Industrial?

Cuando terminé el colegio, estaba indecisa entre seguir Arquitectura o Diseño. Casi decidida, iba camino a inscribirme en Arquitectura, cuando choqué con el auto y fue como una señal. Me fui a Diseño y menos mal. (Risas). Igual, arquitectura es algo pendiente.

¿Por qué te decidiste por Diseño Industrial?

Siempre tuve claro que iba a hacer algo relacionado con la creatividad y además, me crié en un taller porque mi viejo es artesano, así que respirando aserrín toda la vida (risas). Él hace cosas en madera.

También me interesaba la amplitud que tiene la carrera. A diseño la podés llevar para donde quieras y eso está buenísimo. Al fin de cuentas, todo pasa por ahí. Es algo que está como “oculto”, pero por donde todo pasa. Es subliminal.

¿Qué es Recauchutando?

Es un emprendimiento que comencé el año pasado y está por cumplir el año. La idea es transmitir y contagiar a que todos, desde nuestro lugar, podemos aportar al cambio para cuidar el planeta.

En mi caso, a través del diseño y producción de muebles, busco reducir el impacto ambiental que tienen algunos residuos, generados a diario y en grandes volúmenes. Por ahora, hago sillones con cubiertas, pero hay más ideas.

¿Cómo surgió?

Primero arrancó con el Rotomóvil pionero. Lo hice para mi casa porque me estaba mudando y quedaba un huequito ahí en el living… Como para ir al taller de mi papá, me queda de pasada una gomería, en un viaje agarré una cubierta y lo hice. Y a la gente le re gustó. Primero me encargó uno una amiga, después otra, también la mamá de un amigo…

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Rotomóvil Pionero

 

Sumando a eso, estaba pasando por una crisis existencial. Me quejaba muy seguido y estaba enojada con actitudes de la gente que veía en la calle. En una semana, había visto como tres personas tirando un papel en la vía pública.

Así que se dio así, a la gente le gustaba, yo estaba necesitando aportar en algo, reconfortar en algún sentido y surgió.

Recauchutar es algo así como: “volver a cubrir de caucho una superficie, en especial una llanta o cubierta desgastada”…

Claro, me pareció divertido. Recauchutando es como un proceso en las cubiertas, más técnico… Lo mío sería: transformación de una cubierta en sillón. Pero sería una especie de recauchutaje también.

Hay una gran conciencia en vos de lo que es el cuidado del medioambiente…

A veces me dicen que soy muy optimista porque mi círculo piensa igual que yo. Pero creo que mi generación ya es medianamente consciente y que en mí siempre fue así.

Hace poco dimos una clase para chicos, de jardines verticales con Ana Gaddi, de En Verde Palpitar, que es bióloga. Yo di la parte de reutilización y ella la parte botánica. Fue como parte de un proyecto de fin de año para los niños de un instituto de inglés, y nosotros, desde la Usina de Ideas, aportamos con nuestros conocimientos. Ahí me di cuenta que los chicos ya vienen con el cambio incorporado, no tiran papelitos a la calle, etc.

Formás parte de la Usina de Ideas, ¿cómo llegaste?

La Usina es un espacio de potencial emprendimiento. Desde ahí, se brinda todo lo que es clave para llevar adelante un emprendimiento, sobre todo la parte administrativa y de gestión.

¿Y concursaste? ¿Cómo fue eso?

Claro. Nos inscribimos, tuve que llenar un formulario con un par de preguntas y después, en base a eso, ellos elijen un par de proyectos.

Siempre tienen como eje que en el proyecto haya un cierto compromiso social o ambiental.

Trabajás con las cubiertas de auto, ¿qué pudiste investigar en torno al impacto ambiental que generan?

La verdad es que no tengo la información más certera del mundo, pero sí sé que en un año en Argentina se descartan, nada más y nada menos, que 100.000 toneladas de cubiertas. Y haciendo cuentas, llegué a que se podría llenar casi un estadio de fútbol. Es un volumen enorme y el tema es que, al ser plástico, es un polímero que no se biodegrada, entonces la única forma de reducir un poco el impacto que tienen es reutilizándolas.

Así como yo hago sillones, también existen procesos que las trituran y las utilizan para hacer asfaltados.

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También hay muchos casos en donde las terminan quemando, lo que contribuye a la contaminación…

Lo peor es que muchas terminan en océanos o en cementerios de cubiertas que quedan ahí acumuladas juntando agua, lo que propicia la aparición de dengue y roedores. Y cuando son incineradas, el humo negro y denso que provoca, contamina.

¿Con qué otras cosas te gustaría trabajar?

Tengo ganas de empezar a hacer cosas con baldes de pintura. Ya empecé a probar y creo que va a ir, pero me falta todavía.

¿Cómo trabajás y dónde armás tus producciones?

Voy al taller de mi papá y hago todo ahí. Empecé haciendo todo yo y ahora ya cuento con su ayuda. Por el momento no me hacen pagar sueldo ni espacio, así que aprovecho (risas).

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¿Dónde podemos encontrar tus productos?

Por Facebook y por Instagram me encuentran como Recauchutando. Y también voy a la Feria de Plaza Malvinas, los segundos domingos de cada mes.

¿Notás un crecimiento desde que arrancaste la experiencia hasta hoy?

La Usina me enseñó a formarme como emprendedora. Había un montón de cosas a las que ni les daba importancia…

Yo arranqué, iba muy contenta al taller de mi papá, pero después había un montón de cuestiones que las pasaba por alto.

¿Por ejemplo?

Hacer un excel con el stock de piezas que ya tengo. Eso antes era un stress mental, porque no sabía cuántas cosas tenía cortadas, para cuánto me alcanzaba. Ahora ya tengo todo organizado y anotado.

O el tema de la ocurrencia de algunas ideas en lo que refiere a la comercialización. Por ejemplo, próximamente pienso llevar a Cocoliche Ropa con otra Oportunidad un par de sillones. Antes eso no se me había pasado por la cabeza, pero de dormida (risas). A mí me gusta crear, pero de ahí a crear una estrategia…